Hace 109 años, un preso desafió a la cárcel más temida del país y logró una fuga que duró apenas cuatro días

Actualidad17/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La historia de Simón Radowitzky todavía sorprende por un episodio que nunca volvió a repetirse en el penal de Ushuaia. El anarquista ucraniano escapó con un audaz plan, cruzó el canal rumbo a Chile y protagonizó una de las fugas más recordadas de la historia argentina.

Simón Radowitzky
Simón Radowitzky

La historia de Simón Radowitzky quedó asociada a distintos episodios políticos del siglo XX, pero uno de los más llamativos ocurrió en Tierra del Fuego. Hace 109 años, el militante anarquista protagonizó la única fuga exitosa registrada en la antigua cárcel de Ushuaia, conocida como la cárcel del fin del mundo. Aunque la libertad duró apenas cuatro días, el episodio todavía ocupa un lugar singular dentro de la historia del sistema penitenciario argentino.


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El escape ocurrió el 7 de noviembre de 1917, cuando Radowitzky cumplía una condena en el penal fueguino. El establecimiento reunía a algunos de los presos considerados más peligrosos del país y su ubicación, rodeada por el mar y un clima extremo, hacía pensar que escapar resultaba prácticamente imposible. Esa certeza se quebró una sola vez y tuvo como protagonista al anarquista nacido en Ucrania.

Antes de llegar a Ushuaia, Radowitzky ya era una figura conocida. Obrero metalúrgico y militante anarco-obrerista, abandonó el Imperio ruso para evitar la persecución política y arribó a la Argentina en 1908. Su destino cambió al año siguiente, luego de los hechos ocurridos durante la manifestación obrera del 1° de mayo de 1909, cuando la represión ordenada por el entonces jefe de Policía, Ramón Falcón, dejó ocho muertos y decenas de heridos.


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El impacto de aquella jornada marcó su vida. Meses después, el 14 de noviembre de 1909, colocó un explosivo en el vehículo de Falcón y provocó la muerte del funcionario. Tras el atentado intentó quitarse la vida mientras gritaba "¡Viva el anarquismo!", pero sobrevivió con heridas leves. En un primer momento recibió la pena de muerte, aunque la condena cambió cuando surgió un documento que indicaba que tenía apenas 18 años.

Después de permanecer en la Penitenciaría Nacional de Palermo, un intento frustrado de fuga motivó su traslado al penal de Ushuaia en 1911. Allí atravesó condiciones extremadamente duras, sufrió distintos abusos y participó en reclamos impulsados por otros internos. Su experiencia dentro de la cárcel fortaleció los vínculos con grupos anarquistas que, años más tarde, resultarían decisivos para organizar la evasión.


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El plan combinó ingenio, paciencia y una coordinación milimétrica. Gracias a sus conocimientos como herrero, Radowitzky trabajaba en el taller del penal y logró confeccionar un uniforme de guardiacárcel. Aprovechó un cambio de turno con personal nuevo, caminó hasta la salida sin despertar sospechas y abandonó el establecimiento como si integrara la custodia.

Fuera de la prisión, la operación continuó según lo previsto. Un grupo de anarquistas argentinos y chilenos lo esperaba para trasladarlo por agua en una pequeña embarcación rumbo a Chile. Durante unas horas, la fuga parecía perfecta y quebraba el mito de invulnerabilidad de la cárcel más austral del planeta.


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La libertad terminó rápidamente. Cuatro días después, las autoridades lograron localizarlo y lo devolvieron a Ushuaia. Como castigo permaneció aislado y recibió media ración de comida durante dos años, una sanción que buscó impedir cualquier nuevo intento de escape y enviar un mensaje al resto de la población carcelaria.

Su historia continuó mucho después de aquella fuga. En 1930 recibió un indulto firmado por el presidente Hipólito Yrigoyen, aunque el beneficio incluyó su expulsión del país. Vivió en Uruguay, combatió junto al bando republicano durante la Guerra Civil Española, pasó por cárceles francesas y finalmente se radicó en México, donde trabajó fabricando juguetes para niños. Murió el 29 de febrero de 1956 a causa de un infarto, dejando detrás una vida atravesada por la militancia, la persecución política y una fuga que nunca volvió a repetirse en la cárcel del fin del mundo.

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