Por un rato no habrá deudas, préstamos virtuales, ni tristezas, pero sí personas que se extrañan

Enfoques19/07/2026Ariel GomezAriel Gomez

Por un rato no habrá deudas, préstamos de billeteras virtuales, no habrá tristezas, pero personas que se extrañan.

Recurdos imagen ilustrativa generada por LA17
Recurdos imagen ilustrativa generada por LA17

Por un rato, los problemas de familia se olvidan, porque la atención estará en otro lado, aunque estén lejos o estén cerca.

Por un rato, el pecho volverá a estar lleno de una emoción sin nombre: como la del primer beso, la del egreso, la de ver a la nena en su cumple de 15, o la de ver al pibe diciéndote que consiguió su primer laburo.

¿Te acordás cuando tu bebé dio sus primeros pasos? ¿O cuando le diste el último beso a tu viejo, porque se apolilló para siempre?

Por un rato, de esos que no pasan seguido, que el destino… perdón, el esfuerzo, el trabajo diario, el no dejarse caer, el trabajar para remontarla… quiso volvernos a regalar. Perdón de nuevo… lo ganamos, no es regalo de nadie.

Por un rato, no habrá ricos o pobres, banderas de ideologías políticas, o cualquier diferencia de esas que nos remarcan día a día para pensar que no podemos todos juntos.

Existen esas diferencias, claro. Hay ricos y hay pobres: por supuesto. Somos todos iguales ante la ley… lo podemos debatir —hoy no—. Pero también podemos guardar este momento, y sentir que tal vez, solo tal vez… sea así: Todos Juntos.

Estas palabras no van hacia el norte ideal, épico e inocente de pensar que este día puede enseñarnos algo como sociedad, como familia. Estas palabras intentan pasar una birome para resaltar ESTE MOMENTO.

Este cacho de día, estos nervios, esta alegría. No sé si importa el resultado (anulo mufa), pero si podés, en algún momento de este domingo, buscá abstraerte. Alejate, cerrá los ojos. Cortá ese pedacito de día, como lo hacías con el papel glacé, el crepe o la cartulina y como se lo volviste a hacer a tus pibes. Cerrá los ojos, recortalo, pégalo y guardalo para siempre.

Este momento no se da todos los días, ni todos los años, ni cada vez que se juega un mundial. Este momento ni siquiera es fútbol. Este rato sos vos, es tu emoción, tu historia, los recuerdos, el último partidito de fútbol que jugaste sin saber que iba a ser el último. La última juntada de las chicas de la cuadra, que se dijeron chau como todos los días y hoy se saludan por Facebook cuando aparece la notificación de cumpleaños. El tiempo pasa para todos, pero qué lindo es tener el pecho lleno de esos ratos de vida.


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Hoy te ponen el WhatsApp al doble de velocidad, porque ya no hay tiempo ni de escuchar al otro. Las palabras se abrevian y los sentimientos se industrializaron en “emojis”. Eso lo escribo en tercera persona, porque la crítica siempre es hacia “los otros”.

Aunque, por un rato —volviendo a este texto— todo será eterno, y volverá a ser 2x, antes de que termine el día.

Hace cuatro años —tres y medio, nos robaron medio año de campeón— después del primer tropiezo en Qatar, fui a ver cada partido con mi viejo en su casa (¡qué ritual inolvidable!: la calle Ecuador en cámara lenta y en el auto se escuchaba “y no tengo planeado…”). Sabíamos que era su último mundial. Que se jubilaba de hincha. En mi casa se quedaban solas mi esposa y nuestra perra, pero respeté sus cábalas, y ella alentó mi decisión. Y salimos campeones. Pero, ojo, salimos campeones como familia, antes de que el 10 levantara la copa. Aunque, en un mundial inundado de datos y estadísticas irrelevantes… te puedo describir esta alegría de hoy: se empieza a llenar el pecho, empiezan a temblar las manos. No es solo por la final de un mundial… es porque llega otra vez ese mimo de la vida, ese rato de tiempo que guardás para siempre. Tuve que ver diez veces más la final de Qatar para saber qué pasó en la cancha, pero me acuerdo bien cómo fue esa final en casa con papá.

De eso se trata este día. Guardalo, metele todo lo que tengas adentro y guárdalo. Vivilo al cien por ciento. Somos sentimientos, somos humanos, la IA no sabe de esto, las máquinas solo generan cuentas y acciones repetitivas. No mezquines un abrazo, un llanto, una lágrima, un te amo. Este momento no es de los que abundan. Pero sí de los que más necesitamos.

Dejemos que fin de mes llegue el 31. Hoy es 19, y tenemos la oportunidad de olvidarnos de todas esas capas de rutina y problemas diarios que nos tapan lo que realmente tenemos que recordar: esos pequeños momentos desde la inocencia de la infancia hasta ahora, y que nos trajeron hasta acá. Que nos construyeron. Nuestras propias finales perdidas, el no se puede, las críticas, las remontadas, los minutos, las lesiones, las despedidas, las ausencias… todo eso será ESTE RATO.

Ah, además… Argentina juega la final del mundo otra vez y… “quiero ver la cuarta estrella, brillar en la camiseta”.

Pd. Mirá vos cómo son las cosas. No iba a escribir nada y me dejé llevar. Así es este día de emociones. Vivilo.

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