
Guillermo Martínez advierte sobre una “marcha sostenida al Medioevo” al lanzar su nueva novela
Actualidad19/07/2026
REDACCIÓNEn la presentación de “Un crimen dialéctico”, el escritor aborda el policial filosófico para explorar la violencia política, el libre albedrío y el avance de la ultraderecha.

El escritor Guillermo Martínez expresó su preocupación por el presente global, al que describió como una “marcha sostenida al Medioevo”. El autor fundamentó su visión en hechos como la existencia de listas de libros prohibidos en bibliotecas públicas de Estados Unidos, un país que consideraba un baluarte de la libertad de expresión. Ante este escenario, manifestó que está a la espera de que “cambien los vientos” y surja una nueva generación de jóvenes que revierta la situación.
En ese marco, Martínez trazó un paralelismo con la situación de Argentina, donde percibe que el gobierno está “alimentando algo que puede estallar de maneras que no van a ser pacíficas del todo”. El escritor se preguntó qué haría si, como jubilado, no le alcanzara para vivir o si no pudiera sostener a familiares discapacitados, evocando los disturbios y saqueos del año 2001. Aclaró que, aunque espera equivocarse, no observa otra política en el horizonte más que “más y más ajustes”.


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Estas reflexiones sobre la política y la violencia se entrelazan en su nueva novela, “Un crimen dialéctico”, publicada por Seix Barral. La trama sigue a un científico y ex militante revolucionario que regresa a un país que sale de una dictadura con una misión ordenada por su partido. Dicha misión consiste en cometer un crimen con el objetivo de cambiar el destino de las elecciones que se aproximan.
El eje filosófico de la novela es la discusión sobre el libre albedrío, un tema que surge a partir de un experimento de las neurociencias que aparentemente prueba su inexistencia. Martínez reveló que esta idea nació de una discusión que mantuvo durante meses con su amigo, el físico Alberto Rojo. De esta forma, el protagonista de la obra se enfrenta al mismo dilema que perturbó intelectualmente al autor.
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La obra está influenciada por diversas fuentes literarias y filosóficas, entre las que destaca “Las manos sucias” de Sartre. El escritor contó que volvió a leer la obra tras ver una puesta en escena de Eva Halac en el Teatro San Martín, lo que le trajo de vuelta las discusiones de su adolescencia. Además, reconoció la influencia de “Cosmos”, de Witold Gombrowicz, en la idea de un crimen cometido por manipulación, y admitió que hay ecos del cuento “Emma Zunz” de Borges.
Para el desarrollo de la trama, Martínez situó la historia en un país ficticio, similar a la Argentina pero una década más tarde, en una época donde ya existía el e-mail pero no los teléfonos celulares. Esta decisión le permitió dar al conflicto un carácter más atemporal y existencial, evitando una identificación estricta con un momento político concreto. La elección del correo electrónico, además, era fundamental para la subtrama vinculada al referato científico del protagonista.
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Uno de los dilemas centrales del libro es la diferencia entre dar la vida por una causa y quitar una vida, una cuestión que el protagonista debe dirimir. El autor pone esta idea en boca de un comandante cubano que le dice al personaje principal: «Bueno, ninguna revolución se hace con puro mártir. Sí, si todos damos la vida está bien, nos recuerdan en las placas, pero la revolución no se hace». La decisión del protagonista se vuelve más compleja porque el militar que debe ser blanco de la operación no es una caricatura, sino un hombre que pidió el retiro al inicio del golpe de Estado.
La novela también explora un costado personal y cuasi religioso a través de la comunicación con los muertos. El protagonista busca la aprobación de su padre, quien dio la vida por la revolución, y el autor confesó que él mismo mantiene un diálogo con su propio padre a través de los libros subrayados de su biblioteca. Martínez relata una frase clave de la novela, donde el padre le invierte al protagonista una cita de Goethe: “Verde es la teoría y gris y retorcido el árbol de la vida”.
Por otra parte, el autor compartió una anécdota musical que se filtró en la narrativa, vinculada a la “Zamba para no morir”. Su amigo Alberto Rojo, quien también es folclorista, le contó que según Jaime Torres, esa era la zamba que el Che Guevara cantaba en Bolivia. Tiempo después, durante una visita a Cachi, en Salta, un lugar que le sirvió de inspiración para la novela, un cantor local interpretó la canción para él de manera extraordinaria.
Fuente: Infobae.















