
Expertos explican cómo el uso de múltiples almohadas alivia el reflujo y la tensión muscular
Actualidad25/07/2026
REDACCIÓNLa disposición de los cojines en la cama responde a necesidades fisiológicas para alinear la columna y mejorar las vías aéreas, según expertos.

Para las personas que descansan en una posición ligeramente reclinada, utilizar almohadas firmes detrás de la espalda para elevar el torso puede disminuir los síntomas del reflujo gastroesofágico. Esta disposición también mejora la apertura de las vías aéreas en quienes son propensos a roncar o a sufrir apneas leves. Se trata de una respuesta biomecánica a necesidades específicas del cuerpo durante el descanso.
La biomecánica corporal cumple un rol crucial en la necesidad de dormir con múltiples almohadas. Este hábito responde a una exigencia fisiológica del aparato locomotor para neutralizar puntos de presión y alinear la estructura ósea. Dependiendo de cada postura, la cantidad y ubicación de los soportes varía para maximizar el confort.


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Quienes duermen de lado pueden beneficiarse al colocar una almohada firme entre las rodillas y otra abrazada al torso. Esta técnica ayuda a que la columna vertebral mantenga una postura completamente neutra, evitando que la cadera rote y sobrecargue la zona lumbar. Para quienes duermen boca arriba, un soporte bajo las rodillas y una almohada adecuada bajo la nuca reducen la tensión muscular en el área cervical.
Desde la perspectiva de la psicología del bienestar, rodearse de objetos mullidos activa respuestas neurobiológicas directas. Este fenómeno se conoce como estimulación por presión táctil profunda o DTP (por sus siglas en inglés). El contacto físico con las almohadas tiene un impacto documentado por la literatura científica en la regulación del sistema nervioso.
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El efecto de la DTP se traduce en cambios hormonales medibles que favorecen la relajación. El contacto firme con una almohada ayuda a disminuir los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. En paralelo, este tipo de estímulo táctil reconfortante fomenta la liberación de oxitocina, la hormona asociada al apego y la seguridad.
Esta búsqueda de contención se intensifica durante períodos de alta exigencia o ansiedad generalizada. En esas etapas, es natural que las personas busquen instintivamente crear una especie de “nido” o fortaleza de protección dentro de la cama. La acumulación de almohadas funciona como una barrera simbólica y física contra el estrés externo.
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Para que el proceso de conciliación del sueño se inicie correctamente, el cerebro necesita percibir el entorno como un lugar 100% seguro. La mente humana opera mediante la asociación de patrones, por lo que la configuración del espacio de descanso es fundamental. La consistencia en el ambiente nocturno es una señal clave para el organismo.
Según investigadores de instituciones como la Harvard Medical School, la repetición de un ritual nocturno actúa como un gatillo contextual para la producción de melatonina. Acomodar las almohadas de una manera específica cada noche funciona como una señal inequívoca para el cerebro de que la jornada terminó. De esta forma, se facilita la desactivación de los hiperestímulos del estado de vigilia.
Estudios publicados en el Journal of Sleep Medicine and Disorders demostraron que la presión suave y distribuida sobre el cuerpo ayuda a reducir la activación del sistema nervioso simpático. Este sistema es el responsable de la respuesta de “lucha o huida”. Al mismo tiempo, se estimula el sistema parasimpático, que promueve el descanso y la relajación.
Fuente: LA NACION.















