
40 años de "Llegando los monos", el disco de Sumo que convirtió al under en un fenómeno popular
Otros Temas10/08/2026
REDACCIÓNLlegando los monos llevó a Sumo a un público masivo sin perder la crudeza que definía al grupo de Luca Prodan y marcó una nueva etapa del rock argentino.

Cuarenta años después de su llegada a las disquerías, Llegando los monos conserva una particularidad que explica buena parte de su permanencia: consiguió ampliar el público de Sumo sin diluir la identidad que distinguía a la banda. El segundo álbum oficial del grupo apareció en 1986 y encontró a sus integrantes en un momento de fuerte crecimiento artístico. Las canciones mantenían la mezcla de reggae, funk, punk, rock y psicodelia que los diferenciaba, pero esta vez el sonido permitió trasladar con mayor precisión la energía de sus presentaciones.
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La transformación no ocurrió solamente frente al público. En los estudios Panda, durante marzo y abril de 1986, Mario Breuer trabajó junto a una banda que exigía conservar en la grabación buena parte de la intensidad que mostraba sobre un escenario. El ingeniero encontró una dinámica particular con los músicos, mientras Luca Prodan prefería permanecer alejado de la consola y concentrarse en sus intervenciones vocales. “El día que entró Luca decidió que quería estar en la sala del fondo, así que apenas entraba se instalaba ahí y salía sólo cuando terminaba la sesión. Muy pocas veces pasó al control”, recordó Breuer.
El resultado permitió que Sumo alcanzara un registro más definido sin abandonar el carácter imprevisible de sus composiciones. Diego Arnedo, Ricardo Mollo, Germán Daffunchio y Roberto Pettinato aportaron una combinación de bajo, guitarras y saxo que convirtió el eclecticismo en una marca reconocible. Arnedo valoró especialmente la libertad durante las sesiones: “Estamos muy cómodos trabajando con Mario, él escucha y opina, lo cual hace más fácil grabar sin productor artístico”. Mollo, en cambio, años después cuestionó esa metodología y consideró que el sonido podía acercarse demasiado al de otras bandas.
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La variedad del álbum también ayudó a que Sumo escapara de cualquier etiqueta sencilla. “Estallando desde el océano” reunió el costado más expansivo del grupo y se convirtió para muchos seguidores en una de sus composiciones más representativas. En el otro extremo, “Los viejos vinagres” mostró una faceta más accesible, con una estructura cercana al funk y un estribillo pensado para entrar rápidamente en la memoria del público. El propio Luca reconoció el componente comercial de esa canción: “Confieso que esa canción fue hecha con un poco de mentalidad comercial”.
Ese equilibrio entre búsqueda artística y conexión inmediata explica por qué el disco encontró espacios que antes parecían reservados para otros nombres del rock argentino. La aparición de Sumo en Feliz domingo para la juventud, durante el Mundial de México 86, expuso esa nueva dimensión ante una audiencia juvenil masiva. “Que me pisen” y “Los viejos vinagres” sonaron en vivo mientras miles de espectadores seguían la jornada futbolística, y la banda respondió sin recurrir al playback. La escena condensó una situación que poco tiempo antes parecía improbable: Sumo ya formaba parte de la cultura popular.
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El salto también tuvo una expresión concreta en los escenarios. La presentación del álbum en Obras Sanitarias, el 9 de agosto de 1986, mostró hasta dónde había llegado la convocatoria de la banda. La revista Pelo describió aquella actuación con una frase contundente: “Sumo apabulló, demostrando no solo que en la evolución sigue superándose a sí mismo, sino también que hoy es una de las bandas más grandes que tiene el rock local”. El lugar dejó de ser una frontera para el grupo y pasó a convertirse en otra escala dentro de una trayectoria que todavía conservaba rasgos del circuito under.
Parte de esa identidad estaba en la propia construcción de las canciones. “El ojo blindado”, “Heroína”, “TV caliente” y “Que me pisen” convivían con composiciones que exploraban distintas tradiciones musicales, mientras las referencias de Luca a The Doors, Lou Reed, David Bowie y la música jamaiquina aparecían transformadas desde una perspectiva local. “Heroína”, además, conservó una grabación realizada años antes, con Alejandro Sokol en batería, porque la banda nunca consiguió reproducir aquella interpretación con la misma fuerza. Pettinato lo explicó así: “Siempre dije que ‘Heroína’ fue la batería de Alejandro Sokol”.
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La identidad visual también acompañó ese momento de expansión. La tapa de Llegando los monos utilizó una obra del artista búlgaro Christo Vladimirov Javacheff, elegida por Luca, Pettinato y Timmy MacKern. La imagen de objetos envueltos encajaba con el espíritu enigmático del grupo y hasta ofrecía una respuesta preparada para las preguntas periodísticas. Pettinato recordó la ocurrencia de Prodan: “Los periodistas van a preguntar qué significa y nosotros les podemos decir que dentro del paquete vienen los monos”.
El título del álbum, además, arrastraba una historia anterior vinculada con una temporada complicada en Villa Gesell. La experiencia de la banda durante aquella gira incluyó problemas económicos, enfrentamientos y recitales que terminaron lejos de lo previsto, hasta el punto de convertir la promoción de Sumo en una actividad casi artesanal. El lema “Llegando los monos” apareció entonces en los anuncios que realizaban desde la camioneta de Timmy, mucho antes de que esas palabras identificaran uno de los discos más importantes de la banda.
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La expansión de Sumo no eliminó las tensiones internas ni las dificultades que atravesaba Luca Prodan. Mientras el grupo multiplicaba su presencia pública, el cantante sostenía una relación conflictiva con el alcohol y atravesaba momentos personales cada vez más complejos. En entrevistas de aquel año incluso repetía una frase que adquiría otro peso al observarla desde el presente: “Yo dentro de poco me voy a morir”.
Sin embargo, Llegando los monos quedó asociado a una etapa de enorme vitalidad musical, cuando Sumo logró trasladar a las radios, las disquerías, la televisión y los grandes escenarios una propuesta nacida en espacios mucho más pequeños. La popularidad no llegó a partir de una fórmula homogénea, sino de una combinación poco habitual de estilos, músicos y temperamentos. A cuatro décadas de su edición, aquel segundo álbum continúa funcionando como una puerta de entrada al universo de Sumo y como el registro de una banda que consiguió llegar mucho más lejos sin dejar de sonar incómoda.
Fuente: Rolling Stone en Español

















