
Filtros de agua: crece la demanda y ANMAT refuerza los controles sobre el mercado
Enfoques10/08/2026
REDACCIÓNLa búsqueda de alternativas al agua embotellada impulsó la venta de purificadores para el hogar, pero las autoridades advierten que no todos los equipos ofrecen las mismas prestaciones ni cuentan con autorización sanitaria.

El costo del agua envasada y la preocupación por la calidad del agua que llega a los hogares modificaron los hábitos de consumo en Argentina. En ese contexto, los filtros y purificadores ganaron presencia en cocinas, oficinas y comercios, con una oferta que va desde simples dispositivos para mejorar el sabor hasta equipos destinados a reducir determinadas sustancias presentes en el agua.
La demanda no responde a una única necesidad. En algunas zonas, los consumidores buscan principalmente disminuir el gusto y olor asociado al cloro o retener partículas. En otras, las características del agua pueden llevar a considerar tecnologías más específicas, especialmente cuando existen concentraciones elevadas de sales, minerales u otros componentes.


Entre los sistemas más difundidos aparecen los filtros con carbón activado. Su función principal consiste en reducir cloro, determinados compuestos orgánicos y sustancias que afectan las características organolépticas del agua. Por ese motivo, suelen utilizarse en equipos de sobremesada, bajo mesada y jarras filtrantes.
Los filtros de sedimentos cumplen una función diferente. Incorporan materiales capaces de retener partículas suspendidas, como arena, tierra, óxido o pequeñas partículas provenientes de las instalaciones. En muchos sistemas funcionan como una primera etapa antes de otros mecanismos de tratamiento.
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Otra tecnología es la ósmosis inversa. A diferencia de los filtros destinados principalmente a mejorar sabor u olor, estos equipos utilizan una membrana semipermeable y pueden reducir determinadas sales y sustancias disueltas. Su conveniencia depende de la composición del agua que se pretende tratar y de las características del equipo instalado.
La dureza del agua también genera consultas entre los consumidores. En estos casos pueden aparecer sistemas destinados a reducir los efectos asociados al calcio y el magnesio, especialmente para disminuir la formación de sarro en cañerías, termotanques y electrodomésticos. No todos estos dispositivos, sin embargo, cumplen la misma función que un purificador destinado al consumo humano.
El crecimiento de este mercado también llevó la atención hacia los controles sanitarios. La ANMAT fiscaliza los llamados dispositivos de acondicionamiento de agua de red domiciliaria y establece requisitos para su comercialización. La inscripción correspondiente permite identificar al fabricante, importador y producto autorizado.
Durante 2025 y 2026 se conocieron distintas prohibiciones vinculadas con equipos y filtros que no contaban con la documentación sanitaria exigida. Entre los casos más recientes figura el dispositivo de ósmosis inversa Hidrolit Romi 100, cuya comercialización fue prohibida por ANMAT debido a la falta de registro sanitario del producto específico.
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El organismo también tomó medidas contra otros productos ofrecidos en el mercado sin las autorizaciones correspondientes. Las actuaciones alcanzaron canales tradicionales de venta y plataformas digitales, un escenario que obliga al consumidor a prestar especial atención antes de adquirir un equipo.
Uno de los puntos que genera confusión es que la habilitación de una empresa no significa automáticamente que todos sus productos estén autorizados. El modelo específico debe contar con el registro correspondiente, por lo que la recomendación es verificar la documentación antes de realizar la compra.
También resulta importante conocer qué problema pretende resolver cada tecnología. Un filtro pensado para mejorar el sabor del agua no necesariamente permite reducir arsénico, sales u otros contaminantes disueltos. Del mismo modo, un dispositivo para retener sedimentos no reemplaza necesariamente a un sistema diseñado para modificar la composición química del agua.
Por eso, especialistas y organismos sanitarios recomiendan partir de un diagnóstico de la calidad del agua y luego seleccionar la tecnología adecuada. En zonas abastecidas por redes públicas, además, el tratamiento domiciliario no debería interpretarse como una garantía automática de potabilidad si el equipo carece de controles y mantenimiento adecuados.
El mantenimiento constituye otro aspecto determinante. Los cartuchos tienen una vida útil limitada y deben reemplazarse según las indicaciones del fabricante. Un filtro saturado puede perder capacidad de tratamiento y, dependiendo de su diseño y condiciones de uso, convertirse en un punto de acumulación de microorganismos.
La expansión de esta industria muestra así una doble tendencia: por un lado, más hogares buscan reducir el gasto asociado al agua embotellada y mejorar las características del agua que consumen; por otro, aumenta la necesidad de distinguir entre productos con funciones, prestaciones y autorizaciones diferentes.
Antes de comprar un purificador, la recomendación es identificar qué sustancias se necesitan reducir, comprobar las especificaciones técnicas y verificar que el modelo figure en los registros sanitarios correspondientes. En un mercado con cada vez más opciones, el precio no debería ser el único criterio de elección.














