
Unilever cierra una planta en Guaymallén y deja en la incertidumbre a productores de tres provincias
Actualidad11/08/2026
REDACCIÓNLa decisión se enmarca en la venta global de la división de alimentos de la compañía e impacta en una cadena productiva que abastecía a la marca Knorr.

El cierre de la planta de deshidratación de vegetales de Unilever en Guaymallén se produce en medio de una reorganización global del negocio. En abril, la compañía anunció la venta de su división de alimentos a la estadounidense McCormick por una suma de 44.800 millones de dólares. La operación, que incluye a marcas como Knorr, Hellmann's y Maille, tiene previsto su cierre para mediados de 2027.
La planta de Corralitos, en Mendoza, procesaba anualmente hasta 15.000 toneladas de vegetales frescos provenientes no solo de esa provincia, sino también de San Juan y Córdoba. Tras el proceso de secado, esta materia prima se convertía en aproximadamente 3.200 toneladas de productos deshidratados. Estos insumos se utilizaban para la elaboración de sopas, caldos y purés de la marca Knorr.


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Además, la producción de la fábrica mendocina tenía una dimensión internacional que complementaba su abastecimiento al mercado local. Mientras que el 90% de lo producido se destinaba a la Argentina, el 10% restante era enviado a otras plantas de Unilever en Brasil, Alemania y México. De esta manera, parte de los productos de la marca consumidos en esos países utilizaban materias primas procesadas en Mendoza.
El final de la actividad genera una gran preocupación entre los agricultores que durante décadas adaptaron sus cultivos para cumplir con los requerimientos de la fábrica. Según fuentes del sector productivo mendocino, estos proveedores ahora no cuentan con un comprador definido para su producción. La situación es compleja porque las hortalizas destinadas a la industria tienen características diferentes a las del consumo fresco.
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Por otra parte, la relación entre la fábrica y los productores se consolidó a través de una larga cooperación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Esta colaboración, que existía desde la década de 1970, se formalizó con un convenio en 1993 para investigar y garantizar materias primas adecuadas para la industria. De ese trabajo conjunto surgieron variedades específicas de hortalizas.
Entre los desarrollos más destacados se encuentran la cebolla RefINTA y Alfredo INTA, así como los zapallos Zapuco INTA y Aconcagua INTA. Este último tuvo un efecto notable al permitir un aumento del 120% en el rendimiento industrial del zapallo. Este avance contribuyó a que la Argentina alcanzara una posición relevante entre los exportadores mundiales del producto deshidratado.
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La articulación continuó en años recientes a través de un programa de agricultura regenerativa impulsado por Unilever y el INTA. El convenio, firmado en 2022, comenzó con ocho productores sobre unas 800 hectáreas y para fines de 2024 ya abarcaba 1.300 hectáreas entre Mendoza y San Juan. El objetivo era mejorar la salud de los suelos y optimizar el uso del agua de riego.
En un comunicado, Unilever aseguró que «Esta decisión no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en Argentina ni de la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el país». La compañía también afirmó que «mantiene su compromiso con Argentina, donde opera desde hace 100 años, y continuará evolucionando para construir un negocio cada vez más ágil, competitivo y preparado para crecer de manera sostenible».
A pesar de las declaraciones, la empresa todavía no informó qué destino tendrá el predio mendocino ni desde dónde se abastecerá ahora la producción de Knorr. La operación en Corralitos incluía una variedad de hortalizas para deshidratar, como zanahoria, zapallo, cebolla, ajo, tomate y pimiento, entre otras. El cierre de la instalación deja una incógnita sobre cómo el sector productivo absorberá el impacto.















