
Evaluación nutricional temprana mejora los resultados en pacientes con cáncer
Enfoques15/08/2026
REDACCIÓNLa enfermedad y sus tratamientos afectan funciones vitales como comer y tragar, generando alta vulnerabilidad nutricional y la necesidad de un abordaje interdisciplinario.

La evidencia científica ha demostrado que la pérdida de masa muscular en pacientes oncológicos se asocia con mayores tasas de complicaciones, internaciones más prolongadas y peores resultados clínicos. Por este motivo, las guías internacionales recomiendan la evaluación sistemática del estado nutricional desde etapas tempranas de la enfermedad. Esta medida busca anticiparse a los desafíos que plantean tipos de tumores específicos, como los de cabeza y cuello, donde la alimentación es crucial.
Este tipo de cáncer impacta directamente en estructuras fundamentales para funciones cotidianas como masticar, deglutir, hablar o respirar, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas. La enfermedad es particularmente relevante en el ámbito oncológico debido a su interferencia con la capacidad de comer y mantener un adecuado estado nutricional. Por lo general, se manifiesta en personas mayores de 50 años.


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Se calcula que en el país se diagnostican alrededor de 3 mil nuevos casos cada año, afectando de dos a cuatro veces más a los hombres que a las mujeres. La incidencia global de este tipo de cáncer está en aumento, con un incremento anual previsto del 30% para el año 2030. Estos datos resaltan la creciente importancia de abordar integralmente la problemática que presentan estos pacientes.
La localización del tumor puede generar diversos síntomas, como dolor al tragar, dificultades para masticar, sensación de obstrucción, alteraciones del gusto o pérdida del apetito. A estas complicaciones se suman los efectos adversos de terapias como la cirugía, la radioterapia o la quimioterapia, que pueden provocar mucositis, inflamación o sequedad bucal. Todos estos factores dificultan aún más la alimentación, contribuyendo a la desnutrición.
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Los especialistas consideran a estos pacientes entre los más vulnerables desde el punto de vista nutricional, presentando una de las prevalencias de desnutrición más elevadas entre los distintos tipos de tumores. Esta situación se debe tanto al impacto directo de la enfermedad en las funciones digestivas como a las consecuencias derivadas de los tratamientos aplicados. La capacidad de alimentarse adecuadamente se ve severamente comprometida en un momento crítico para la recuperación.
Agustina Senese, licenciada en Nutrición, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital General de Agudos ‘Dr. Cosme Argerich’ y coordinadora del área de Nutrición de la Asociación Civil SOSTÉN, explicó la gravedad de esta situación. «Cuando una persona deja de alimentarse adecuadamente durante varias semanas baja de peso, pero también pierde masa muscular, fuerza y capacidad funcional», afirmó la especialista. Esto, a su vez, puede afectar la autonomía del paciente, su calidad de vida e incluso la posibilidad de completar los tratamientos según lo planificado.
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Por otra parte, preocupa el desarrollo de sarcopenia, definida como la pérdida progresiva de masa y función muscular. Aunque esta condición suele asociarse al envejecimiento, es también frecuente en pacientes con cáncer y puede presentarse incluso en personas que mantienen un peso aparentemente normal. La sarcopenia se asocia con mayores tasas de complicaciones, internaciones más prolongadas y una menor tolerancia a los tratamientos.
En tanto, un aspecto relevante en los tumores de cabeza y cuello es la dificultad para tragar, conocida como disfagia. Esta condición puede comprometer la hidratación del paciente, limitar gravemente la ingesta de alimentos y aumentar significativamente el riesgo de complicaciones respiratorias. La Asociación Civil SOSTÉN considera que la atención nutricional debe formar parte de un abordaje interdisciplinario integrado por oncólogos, cirujanos, fonoaudiólogos y psicólogos, entre otros especialistas. La licenciada Senese añadió que «la nutrición deja de ser únicamente una recomendación general de hábitos saludables para convertirse en una intervención terapéutica concreta», y que detectar precozmente las dificultades permite actuar antes de que aparezcan complicaciones severas.
Los cánceres de cabeza y cuello constituyen uno de los grupos tumorales más frecuentes a nivel mundial, con aproximadamente 950.000 nuevos casos diagnosticados cada año. Los principales factores de riesgo asociados a su aparición continúan siendo el consumo de tabaco y alcohol. Además, se observa un aumento en la relevancia de la infección por el virus del papiloma humano (VPH) como factor etiológico.















