
Registran la mayor cantidad de conflictos entre Estados desde 1946 con 65 casos en un año
Actualidad02/09/2026
REDACCIÓNUn informe de Uppsala advierte sobre una nueva era de desorden mundial, marcada por crisis económicas, sanitarias y la inteligencia artificial sin regulación.



El Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala registró 65 conflictos entre Estados durante el último año, lo que representa la cifra más alta desde 1946. Este dato se enmarca en un escenario de creciente imprevisibilidad global, donde las grandes potencias se ven involucradas en enfrentamientos asimétricos contra países que utilizan nuevas tecnologías.
Entre los conflictos actuales, se destaca la guerra del presidente ruso Vladimir Putin en Ucrania, que ya transita su quinto año. Por otra parte, Irán utilizó drones económicos y de producción masiva para atacar a las fuerzas estadounidenses y sus aliados, logrando controlar un corredor clave para el comercio mundial y reducir las reservas de misiles de Estados Unidos.


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Estos enfrentamientos son solo una de las señales de un nuevo orden mundial. Este verano boreal se batieron récords de temperatura, mientras sequías e incendios forestales afectaron diversas regiones del planeta. En paralelo, la deuda de las economías avanzadas se acerca a máximos históricos, multiplicando los riesgos económicos y sociales.
Además, los recortes en la ayuda médica y alimentaria, impulsados principalmente por Estados Unidos, provocaron muertes y contribuyeron a la propagación de enfermedades. A esto se suma el rápido avance de la inteligencia artificial sin una regulación adecuada, lo que genera amenazas para el empleo, la seguridad y la propia existencia humana, según algunas proyecciones.
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La historia ofrece ejemplos de regímenes que no supieron interpretar las señales de cambio, como ocurrió en las vísperas de la Revolución Francesa. En ese entonces, una monarquía con élites extravagantes y corruptas no comprendió la profundidad del descontento social y fue derrocada, dando paso a una república caótica y violenta.
De manera similar, la Revolución Rusa de 1917 fue una consecuencia de una derrota en el extranjero, pero el zar Nicolás II insistió, en contra de la evidencia, en que no era necesaria ninguna reforma. Décadas más tarde, en la Alemania de la década de 1930, las élites invitaron a Hitler a ocupar el poder creyendo erróneamente que podrían controlarlo.
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Sin embargo, también existen casos de adaptación exitosa. En la década de 1820, la élite británica, consciente de la reciente revolución en Francia, supo que debía adaptarse para sobrevivir. La sanción de la Gran Ley de Reforma de 1832 amplió el derecho al voto y funcionó como una válvula de escape para evitar una crisis mayor.
Actualmente se pueden encontrar paralelismos con esos momentos históricos, como poblaciones enfurecidas y líderes que se niegan a construir consensos. Consultado sobre los límites de su poder, el presidente Trump respondió que eran «mi propia moral». En el pasado, el rey Luis XIV dejó a Francia debilitada por guerras que, según él, libraba por «la gloire», su propia gloria.
Por otra parte, a pesar de la erosión del orden mundial, todavía persisten componentes de un sistema eficaz. Existe una amplia red de instituciones internacionales, como las que administran desde la aviación civil hasta internet, y muchos de los tratados continúan siendo respetados en gran medida. Organizaciones como las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial todavía existen, aunque con una creciente pérdida de recursos.
Fuente: LA NACION.















