
Brasil supera a Argentina por 12 cosechas récord en producción de granos en 25 años
Actualidad10/09/2026
REDACCIÓNSegún el CIPPEC, el desarrollo agrícola de Brasil quintuplicó su producción por seguridad en tierra, financiamiento, tecnología e infraestructura.



Un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) reveló que la brecha productiva entre Argentina y Brasil en el sector granario es equivalente a unas 12 cosechas récord del país. Esta considerable diferencia se acentuó durante los últimos 25 años, período en el que la producción brasileña de granos se multiplicó por cinco, mientras que la argentina lo hizo por tres.
A comienzos de los 2000, Argentina y Brasil registraban volúmenes similares de producción, pero la evolución posterior divergió significativamente. En el mismo lapso, Uruguay multiplicó su producción por siete y Paraguay por seis, dejando a Argentina rezagada en la comparación regional pese a mantener una fuerte presencia internacional como exportador de alimentos.


OTRAS NOTICIAS:
El economista Iván Ordóñez, quien presentó el trabajo de CIPPEC, explicó que detrás de la notable expansión agrícola brasileña hubo cuatro factores principales: la seguridad sobre la propiedad privada, la disponibilidad de nuevas tierras, un sólido financiamiento y la inversión constante en tecnología. Un elemento transversal que conecta estos puntos es el papel activo del Estado brasileño en la generación de las condiciones que permitieron la multiplicación de la inversión privada.
La cuestión de la propiedad resultó crucial, ya que durante las décadas de 1980 y 1990, Brasil enfrentó un crecimiento de ocupaciones de tierras que generaba temor a la pérdida de inversiones. Entre 2002 y 2007, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva implementó una estrategia que redujo drásticamente el conflicto con el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, favoreciendo la llegada de capitales a regiones con menor desarrollo agrícola.
OTRAS NOTICIAS:
En paralelo, Brasil supo aprovechar la enorme disponibilidad territorial de su centro-oeste, especialmente en Mato Grosso. Esta región pasó de ser marginal a generar más del 40% de la producción brasileña de granos, experimentando también un fuerte crecimiento urbano y demográfico. Los productores brasileños facturaron aproximadamente el doble por una hectárea de soja que sus pares argentinos durante 23 años, incentivando la reinversión y la ampliación de superficies.
El crédito fue otra pieza fundamental del modelo brasileño, ya que el financiamiento destinado al agro creció a mayor velocidad que las hectáreas cultivadas. Brasil combinó herramientas privadas, como los sistemas de *warrants*, con programas públicos de crédito rural subsidiado. El esfuerzo fiscal demandó unos 3.000 millones de dólares anuales en promedio en subsidios, equivalentes a 53 dólares por hectárea.
OTRAS NOTICIAS:
Por su parte, en Argentina, el Estado recaudó alrededor de 5.000 millones de dólares anuales mediante retenciones, una cifra superior a los 190 dólares por hectárea, en el mismo período. Esta diferencia generó que, según Ordóñez, mientras los brasileños adoptaron una lógica de inversión expansiva, el productor argentino desarrolló una actitud más defensiva ante el riesgo, impactando en los rendimientos por menor uso de insumos.
La expansión también fue posible gracias a una política de investigación y desarrollo orientada a producir soja y maíz en regiones tropicales, con instituciones como Embrapa liderando. Esto resultó en la duplicación del uso de fertilizantes por hectárea y la multiplicación por seis de la inversión en agroquímicos. En consecuencia, la producción de soja se multiplicó por 12 y la de maíz por 8,5 en el centro-oeste.
Finalmente, la infraestructura jugó un rol decisivo para conectar la producción con los mercados de exportación. Brasil acompañó el crecimiento agrícola con importantes inversiones en rutas, ferrocarriles, hidrovías y terminales portuarias, logrando reducir los costos de transporte. Esto generó un impacto que excedió al campo, impulsando nuevas ciudades y transformando la economía y la demografía del interior.
El estudio de CIPPEC concluye que no hubo un único factor explicativo, sino una interconexión entre tierra disponible, tecnología, financiamiento e infraestructura, sostenidos por políticas públicas de largo plazo. Para Argentina, esto no implica comenzar desde cero, ya que el país cuenta con productores experimentados, conocimiento técnico y capacidad exportadora, pero el desafío es generar las condiciones para que estas ventajas se traduzcan en inversiones duraderas.















