
La desocupación en Argentina esconde un fuerte contraste entre regiones productivas y estatales
Actualidad21/09/2026
REDACCIÓNEl 7,9% nacional oculta grandes diferencias entre Argentina manufacturera (altos índices) y administrativa (pleno empleo y precarización).



El conglomerado de Comodoro Rivadavia-Rada Tilly alcanzó un 9,2% de desocupación, mientras que Viedma-Carmen de Patagones se posicionó en el extremo inferior de la nómina nacional con apenas un 0,7%. Esta disparidad se replica de manera nítida dentro de la geografía patagónica, reflejando dos realidades laborales irreconciliables.
En otras plazas patagónicas, Río Gallegos se ubicó en el 8,8% y el polo industrial de Ushuaia-Río Grande marcó un 8,1%, exhibiendo las heridas de la reestructuración. En tanto, los centros de servicios del valle, como Rawson-Trelew, oscilan en torno a la media nacional con un 7,7%.


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La cifra consolidada del 7,9% de desocupación a nivel nacional funciona como una pantalla que homogeniza dos realidades económicas opuestas. Por un lado, la Argentina manufacturera, exportadora y de consumo masivo padece los efectos severos del enfriamiento productivo.
Por el otro, la Argentina de las administraciones públicas y las economías de enclave registra indicadores de desempleo técnicamente inexistentes. Esta divergencia expone que la tasa de desocupación dejó de ser un termómetro lineal del bienestar social para convertirse en el reflejo de las deformaciones estructurales de cada matriz productiva regional.
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En el corazón del entramado fabril y logístico del país, el freno de la actividad pegó de lleno en la estabilidad ocupacional. El Gran Rosario encabeza la tensión laboral con un 11,5% de desempleo, secundado por el Gran Córdoba con un 10,5% y la franja turística-industrial de Mar del Plata con un 9,9%.
La contracción se extiende al polo petroquímico de Bahía Blanca-Cerri con un 9,7% y al cordón manufacturero del Gran Buenos Aires, que registró un 8,8%. También se ven afectadas ciudades con fuerte impronta técnica como Corrientes (9,1%), Gran La Plata (8,7%) y Gran Santa Fe (8,6%).
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En estas plazas, la destrucción del empleo formal privado no encuentra redes de contención automáticas. Esto traslada a miles de familias hacia el trabajo por cuenta propia de baja calificación o la inactividad forzada, lo que genera un impacto social considerable.
El reverso de este deterioro se localiza en aglomerados donde el Estado actúa como el principal articulador del mercado de trabajo. Más allá de Viedma-Carmen de Patagones, Santiago del Estero-La Banda presenta un 0,9%, Gran San Luis un 2,6% y el eje Neuquén-Plottier un 3,2%.
Sin embargo, el «pleno empleo» de las capitales administrativas no equivale a bonanza económica. En la mayoría de estos distritos, el desempleo casi nulo encubre fenómenos de subocupación horaria, expansión del empleo informal y salarios estatales liquidados por la inflación, configurando el fenómeno de los «trabajadores pobres».















