
Ramona Galarza, la voz correntina que convirtió al chamamé en una bandera
Enfoques22/09/2026
REDACCIÓNA seis años de su muerte, la voz de “La Novia del Paraná” permanece ligada a la expansión internacional del chamamé y la cultura correntina.



Antes de convertirse en “La Novia del Paraná”, Ramona Galarza fue una niña que creció junto al río y escuchó desde temprano las canciones que identificaban a su Corrientes natal. En ese ambiente comenzó a cantar y encontró en la música del litoral una forma de expresar su identidad. Con el tiempo, aquella voz nacida a orillas del Paraná terminaría recorriendo escenarios de Argentina y de distintos países.
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Ramona Modesta Onetto nació en la ciudad de Corrientes el 15 de junio de 1940 y creció en el pequeño comercio que su padre tenía junto al río. Allí entró en contacto con músicos y vecinos que interpretaban chamamé, una música que comenzó a formar parte de su vida desde muy temprano. Ella misma se definía como una artista autodidacta y atribuía parte de su pasión por el canto a su padre.
Todavía adolescente, ingresó a la Orquesta Folclórica de la Provincia de Corrientes, dirigida por Naum Salis. En esa etapa compartió el rol de solista con Efraím Maidana, conocido como Ernesto Dana, y su talento comenzó a llamar la atención fuera de su entorno. El maestro paraguayo Herminio Giménez la convocó en 1958 para participar en la película Alto Paraná, dirigida por Catrano Catrani.
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A los 18 años, esa experiencia cinematográfica abrió una nueva etapa para la cantante. Poco después llegó el momento de trasladarse a Buenos Aires, donde buscó ampliar el alcance de una música que todavía tenía una fuerte identificación con el litoral. Allí realizó una prueba para un sello discográfico y conoció a Fernando López, productor que más tarde se convertiría en su esposo.
La llegada a la Capital coincidió con una época de fuerte popularidad del folclore argentino. Galarza encontró un espacio para el chamamé y comenzó a presentarse en peñas, festivales, teatros, radios y programas de televisión. "Yo llegué en un momento en que el folclore era un boom y me aceptaron. Todo era folclore y justo llegué yo con el chamamé y me fue muy bien, gracias a Dios...", recordaba años después.
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Su repertorio ayudó a que canciones como “Merceditas”, “Pescador y guitarrero”, “La vestido celeste”, “Virgencita de Caacupé” y “Kilómetro 11”, en su versión en guaraní, alcanzaran una enorme difusión. Grabó más de 30 álbumes y compartió trabajos y escenarios con figuras como Ariel Ramírez, Raulito Barboza, Antonio Tarragó Ros y las orquestas de Carlos García y Oscar Cardozo Ocampo. También participó en películas como Argentinísima, El canto cuenta su historia y Mire que es lindo mi país.
La expansión de su carrera no quedó limitada a la Argentina. Chile, Venezuela, Paraguay, Colombia, Canadá, Estados Unidos, Australia y Francia estuvieron entre los destinos donde presentó su música. En Estados Unidos llegó a escenarios emblemáticos como el Lincoln Center y el Carnegie Hall, mientras que en 1989 recorrió once mil kilómetros para representar al chamamé en Australia.
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En 2008 recibió una distinción en el Senado de la Nación por su aporte a la cultura, aunque mantuvo hasta sus últimos años una mirada sencilla sobre su trayectoria. "Era una cantora natural que surgió espontáneamente", decía al referirse a sí misma. Y cuando aparecían prejuicios sobre el género que había llevado a tantos escenarios, respondía: "El chamamé no muerde. Siempre te recibe con los brazos abiertos, chamigo".
Su última presentación ocurrió el 22 de enero de 2020, durante la Fiesta Nacional del Chamamé, donde compartió escenario con Teresa Parodi y María Ofelia. Allí recibió la distinción General José de San Martín por su aporte a la música de su región y expresó: "Gracias a la gente que ama esta hermosa fiesta y que me convocó, yo voy a seguir cantando". Ocho meses después, el 22 de septiembre, murió a los 80 años tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en su domicilio porteño.
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A seis años de aquella despedida, su nombre continúa asociado a una de las voces que ayudaron a llevar el chamamé mucho más allá de las fronteras del litoral. Su recorrido unió la música popular con escenarios internacionales sin desprenderse de las raíces correntinas que marcaron su identidad. "Está muy arraigado en nosotros, como nuestras comidas, nuestras costumbres", decía sobre el chamamé, una definición que resume el vínculo que mantuvo hasta el final con la tierra donde comenzó a cantar.

















