El circuito del análisis donde se define la hipótesis sobre las ballenas

Chubut24/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Tras confirmarse que una bacteria propia del mar afectó a los ejemplares, la Provincia y los científicos detallaron la logística de laboratorio y explicaron por qué es imposible prevenir estos brotes en la fauna silvestre.

Ballena se acerca a un buzo en Puerto Madryn
Ballena se acerca a un buzo en Puerto Madryn

La estrategia de comunicación elegida por el Gobierno Provincial y los equipos de investigación priorizó la cautela epidemiológica para evitar especulaciones durante el relevamiento de campo en las playas. La decisión de publicar informes de avance únicamente con la validación de análisis bacteriológicos buscó frenar la difusión de hipótesis infundadas en un tema que impacta en la sensibilidad de la comunidad local.

En diálogo con #LA17, el secretario de Ambiente de Chubut, Juan José Rivera, detalló los criterios de trabajo fijados junto a los especialistas para resguardar el rigor técnico de la información: “Fue una decisión que se tomó entre la comunidad científica y el Estado y decir: bueno, cuando tengamos que comunicar vamos a comunicar con algo cierto para que no se salgan a decir cosas que no son, porque se leen hipótesis que realmente no sean válidas”.


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Los primeros diagnósticos de laboratorio confirmaron que las lesiones detectadas en los ballenatos corresponden a la acción de la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, causa directa de la erisipela marina. El cuadro derivó en afecciones sistémicas severas que provocaron la muerte de las crías, permitiendo a los técnicos descartar de forma concluyente cualquier vinculación con vertidos, sustancias tóxicas o contaminación provocada por el hombre.

Al precisar el alcance de las muestras analizadas y las variables ambientales que permanecen bajo estudio, Juan José Rivera señaló en #LA17: “Es una afección que ha afectado únicamente a ballenatos, que es una afección bacteriana, una bacteria que se llama erisipela que es propia del mar, que vive en el agua, que vive en algunos peces, en algunos moluscos. Es una enfermedad de origen natural, descartamos todo tipo de actividad antrópica causada por el hombre”. Asimismo, el funcionario ambiental expuso el abanico de causas naturales en evaluación: “Los factores pueden ser muchísimos, puede ser que la bacteria por algún motivo sea más patógena, puede ser que los ballenatos por algún motivo hayan sido más susceptibles, por ejemplo, que haya habido menos anticuerpos en el calostro de la madre al momento de nacer, puede ser que haya cambiado alguna cuestión del pH del agua o de la temperatura por el cambio climático”.


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La celeridad para obtener estos primeros resultados exigió articular una red logística que derivó el material genético y de tejido a centros universitarios de referencia fuera de la zona. Mientras que los estudios histopatológicos de mayor profundidad y los modelos matemáticos a largo plazo se procesan en dependencias nacionales, los análisis de urgencia requerían un laboratorio especializado en bacteriología veterinaria.

Al explicar el mapa de derivación de los tejidos recolectados en el golfo, el titular de la cartera ambiental precisó a #LA17: “Estas muestras, algunas van al Malbrán, que son las que tardan más tiempo. Estas, porque las necesitábamos tener rápido, las últimas que mandamos, las mandamos a un laboratorio que está bastante especializado, que está acostumbrado a trabajar con la comunidad científica de Tandil, que es el que nos pudo proporcionar los resultados más rápidos”.


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El procedimiento de recolección de muestras exige un protocolo estricto en el terreno que invalida a los ejemplares cuyo estado de descomposición se encuentra avanzado. Trabajar sobre cadáveres expuestos durante varios días a las mareas alteraría los cultivos bacterianos, introduciendo microorganismos ajenos que contaminarían el diagnóstico forense.

La analogía técnica utilizada por Juan José Rivera durante la entrevista radial graficó la necesidad de seleccionar únicamente especímenes frescos: “No se puede muestrear todos los animales. Tomar una muestra de un animal en mal estado sería como que un forense entre a tomar una muestra a una escena del crimen y después que pasaron 200 policías. Lo que sí llama la atención es que todas las muestras que se mandaron a analizar dan positivas”.

El comportamiento impredecible de las enfermedades biológicas en el Atlántico Sur registra antecedentes de gran magnitud en temporadas recientes. Eventos como las floraciones algales nocivas que generaron mortalidades masivas por marea roja o la irrupción de la gripe aviar en la costa patagónica demuestran que las poblaciones marinas atraviesan ciclos naturales de alta mortandad imposibles de contener desde la superficie.

Al repasar las crisis sanitarias anteriores que afectaron a distintas especies en la región, el secretario ambiental recordó en #LA17: “Como para muestra basta un botón, usted se acuerda con la gripe aviar que todos decíamos los pingüinos, y la gripe aviar nos terminó diezmando una generación entera de nacimientos de elefantes marinos que no se están recuperando. La naturaleza se comporta muchas veces de esta manera, es la naturaleza, hay que avisarle a la gente con seriedad, con responsabilidad”.

La preservación del entorno costero demanda un equilibrio prudente entre la investigación técnica de conservación y la estabilidad de las industrias que dependen del recurso faunístico. Brindar certezas científicas basadas en estudios formales constituye una herramienta fundamental para proteger la imagen del destino y garantizar el desarrollo sustentable del empleo local sin generar desinformación.

Al abordar la dimensión económica y los límites de la intervención pública frente a los procesos biológicos del mar, Juan José Rivera concluyó en #LA17: “Junto con esto hay mucha gente que vive de la ballena también, de eso tiene que ver el desarrollo sustentable, generar empleo, aprovechar los recursos y ser responsable del uso de los recursos. Ahora nos dimos cuenta que es la naturaleza, hay que entender por qué la naturaleza se manejó de esta manera. También hay que entender que no se puede salir a vacunar una ballena”.

Las investigaciones de laboratorio continuarán su curso en los centros de Tandil y el Instituto Malbrán para determinar las causas exactas de la virulencia bacteriana en las crías. Sin embargo, la imposibilidad física de administrar tratamientos preventivos en el ecosistema marino deja el desenlace del evento supeditado a la propia autorregulación del medio ambiente.

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