De Francia a Roma: León XIV y una conferencia de alto vuelo

Enfoques01/10/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Hay un momento particular en los viajes papales, cuando el escenario queda atrás, los flashes y las cámaras empiezan a apagarse, y el avión que traslada al Santo Padre de regreso a Roma, emprende el vuelo.

Papa León XIV Copyright © Dicasterio para la Comunicación - Vatican Media
Papa León XIV Copyright © Dicasterio para la Comunicación - Vatican Media

Hay un momento particular en los viajes papales, cuando el escenario queda atrás, los flashes y las cámaras empiezan a apagarse, y el avión que traslada al Santo Padre de regreso a Roma, emprende el vuelo. Ya no están las multitudes de Lourdes, ni los 80.000 jóvenes reunidos en el estadio parisino. Está el Papa, frente a los periodistas, conversando sin las urgencias habituales.

León XIV acaba de cerrar su viaje apostólico a Francia y, antes de aterrizar en Roma, se detuvo a repasar estos cuatro días. Se refirió a ellos como “días repletos de bendiciones, casi milagrosos”. A su paso por Lourdes, vio cómo la presencia de Dios podía devolver dignidad a enfermos, ancianos y personas marginadas. Habló de los jóvenes, de esa búsqueda que percibió en ellos y de la esperanza que encontró en el multitudinario encuentro que mantuvo con ellos en el Stade de France.


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Las preguntas de los colegas vaticanistas, aquellos periodista que lo acompañaron a lo largo del todo el periplo, permitieron ahondar en la mirada del pontífice. León XIV no parece interesado en esquivar los asuntos incómodos: abusos, eutanasia, problemas de vivienda, la guerra, y la cuestión del rearme, la omnipresente inteligencia artificial, y los extremismos políticos. Temas distintos, todos atravesados por una misma preocupación: qué lugar ocupa la persona humana en sociedades que muchas veces parecen avanzar a una velocidad mayor que nuestra capacidad de comprensión. Cuestión central de su Carta encíclica Magnifica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

Cuando le preguntaron por los abusos, dentro de la Iglesia, el pontífice prefirió comenzar por las víctimas: escuchar, acompañar, reconocer el dolor y ayudar en el camino de la sanación. Para él, antes que una categoría administrativa o institucional, el abuso es “ante todo, un problema humano”.


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La misma mirada apareció cuando habló de la vivienda, que cobró notoriedad por la jubilada madrileña de 87 años que fuera desalojada de la vivienda que habita desde 1956, por no poder afrontar el pago del alquiler …El caso Maricarmen no fue para el Papa, una noticia más. Sino que lo llevó a cuestionar, cómo es posible que “el sistema” permita que una persona vulnerable termine en la calle? Aquí asomó un término franciscano, que claramente forma parte del léxico del pontificado leonino, como el flagelo del descarte.

En Lourdes, León se encontró con temáticas acuciantes: enfermedad, discapacidad, vejez, sufrimiento. Realidades que forman parte de una sociedad fascinada por la productividad, y en cierto modo las niega y oculta.


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León XIV parece insistir justamente en lo contrario: en estos temas que no se muestran, hay una fragilidad humana, que exige la intervención y la custodia de la sociedad.

Consultado sobre Rusia y Ucrania y sobre los esfuerzos necesarios para alcanzar la paz, el jefe de la Iglesia, volvió a reclamar por el diálogo y la negociación. Cuestionó el crecimiento del gasto militar y no prometió soluciones mágicas. Reconoció incluso que la voz de la Iglesia puede parecer inútil frente a la maquinaria de la guerra, pero agregó algo muy leonino: “vamos a seguir hablando, vamos a seguir invitando, vamos a seguir anunciando el Evangelio”. Insistir, sin abandonar la palabra.

Cuando asomó el interrogante de la IA, uno de los capítulos más interesantes para aquellos que vivimos conectados al teléfono, a la pantalla y al online permanente, Justin McLellan del National Catholic Reporter, preguntó si estaba preocupado por los riesgos catastróficos de la IA. La respuesta fue elocuente, León afirmó que “no está en modo pánico y que duerme por las noches”. Luego de esta cuota de sano humor, el Santo Padre pidió tomar muy en cuenta, las advertencias de los especialistas. No propone apagar las máquinas ni refugiarse en una nostalgia tecnológica. Invita a sentarse para conversar: científicos, empresas, gobiernos, organizaciones sociales, especialistas y comunidades. Estudiar, investigar, y poner límites cuando estos sean necesarios.

Para León XIV, el verdadero riesgo no es que “las máquinas” hagan cosas que todavía no imaginamos, existe algo mucho peor, que hoy se está manifestando: el peligro de que vastos sectores de la sociedad, terminen aceptando con pasividad, que la tecnología, y las aplicaciones basadas en IA, decidan por ellos.

Manifestó su preocupación con claridad: que la inteligencia artificial no llegue a un punto en el que pueda “destruir a la humanidad, o simplemente dejarla al margen del debate”.Quizá allí encontremos una de las claves de este pontificado.

Tecnología, con participación humana.

Conectividad y eventos digitales, con encuentros.

Información, con el debido discernimiento.

Inteligencia artificial, sin dejar de consultar a las personas, a la “Inteligencia Artesanal” de los seres humanos.

En la conferencia de prensa apareció también otra preocupación: el avance de discursos de odio y división. Consultado sobre Alemania, León XIV habló de la necesidad de volver a los valores del Evangelio: comprensión, compasión y acompañamiento. Y señaló que la participación ciudadana debe orientarse hacia decisiones en favor del bien común, no hacia ideas que estén en los extremos.

No hace falta forzar demasiado la imaginación para pensar que varias de estas cuestiones volverán a aparecer cuando el Papa llegue a esta parte del mundo.

En noviembre de 2026, Uruguay, Argentina y Perú recibirán a León XIV. Será entonces cuando términos como: paz, dignidad, diálogo, descarte, tecnología, vida, habrán de encontrarse con rostros latinoamericanos, con nuestras propias preguntas y con las circunstancias particulares de nuestra región. Falta tiempo, pero la visita es inminente, y León XIV va dejando pistas en cada uno de sus viajes apostólicos.

Los cronistas, aquellos que tenemos como misión, mirar para informar y compartir, tomamos debida nota para nuestras audiencias. Quizás conocer a un Papa no consista solamente en saber qué piensa. Se trata de escudriñar para saber qué cosas no está dispuesto a dejar de mirar.

León XIV, desde el avión que lo llevaba de Metz a Roma, volvió a mirar al ser humano. Una y otra vez.

Por Quique Figueroa

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