
Caletas secretas, rugidos invisibles y nidos ocultos: el destino patagónico que inaugura su temporada
Turismo02/10/2026
REDACCIÓNCabo Dos Bahías, cerca de Camarones, inició temporada: pingüinos anidan, usando una estructura metálica. También hay un apostadero único de lobos marinos.



Una pasarela metálica de cuatrocientos metros se convirtió en un refugio para los pingüinos en el Área Natural Protegida Cabo Dos Bahías. Los animales comenzaron a cavar sus nidos directamente bajo las tablas al notar que depredadores como zorros y gaviotas evitaban la estructura, generando una fascinante cercanía con los visitantes. Esta particularidad exige transitar con precaución, ya que es habitual que los ejemplares suban a la pasarela a tomar sol.
El santuario natural se encuentra a treinta kilómetros de la localidad de Camarones y a doscientos cincuenta de Trelew, con acceso por la Ruta Provincial 1 y un camino de ripio. Desde mediados de este año, la jefatura del área y del Parque Provincial Patagonia Azul está a cargo de Damián Guerreiro. El funcionario calificó su designación como un orgullo y la posibilidad de cumplir un sueño vinculado a la conservación.


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La nueva gestión busca consolidar el crecimiento estructural del parque. «Apuntamos a fomentar la articulación de un trabajo interinstitucional propiciando el trabajo en equipo con Parques Nacionales, la municipalidad de Camarones y las fundaciones», detalló Guerreiro. Según su visión, la colaboración entre todos los actores es clave para que los visitantes comprendan la importancia del cuidado ambiental.
El inicio del ciclo biológico más esperado en el área se produjo el 9 de septiembre con la llegada del primer pingüino de Magallanes. Durante la primera quincena del mes arriban los machos para reacondicionar los nidos de la temporada anterior. Sobre las últimas semanas de septiembre, en tanto, hacen su ingreso las hembras.
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Este proceso de ocupación territorial genera una intensa competencia entre los animales. La guardafauna Marmela Martínez explicó que las primeras semanas son una etapa de alta intensidad en la colonia. «Se ven muchos machos peleándose entre ellos por los nidos o por las hembras, pero es algo normal en esta época», describió sobre el comportamiento previo a la puesta de huevos, pautada para los primeros días de octubre.
El ciclo reproductivo se extiende durante todo el verano con la crianza de los pichones y finaliza entre marzo y abril, cuando la colonia entera regresa al mar para iniciar su migración. Para garantizar la protección de la especie, el cuerpo de guardafaunas intensifica su presencia en el terreno, realizando monitoreos de fauna y controles de rutina en los caminos.
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Además de la pingüinera, el circuito ofrece el Sendero al Cabo, una caminata de tres kilómetros y medio sobre formaciones rocosas rojas. Entre julio y octubre, este camino conduce a un apostadero temporal del lobo marino de dos pelos, que elige este rincón chubutense como su único punto de descanso en la costa continental. En los alrededores de la senda también es posible observar guanacos, choiques y maras.
Desde el Mirador de las Islas, accesible en vehículo, se puede observar la Isla Moreno, hogar de una gran colonia de lobos marinos de un pelo. Aunque se necesitan binoculares para verlos en detalle, el viento transporta sus potentes llamados hasta el continente. El parque, que está abierto todos los días de 8 a 20 horas, ofrece también planes de mejora de sanitarios y cartelería.
Por otra parte, el área protegida alberga Caleta Sara, una entrada de mar resguardada por murallones naturales. Este sector funciona como refugio para embarcaciones pequeñas durante las tormentas. Además, es el único lugar del parque donde está permitida la pesca costera, una actividad muy popular durante el invierno.















