
La situación del agua será complicada en el verano por el bajo caudal del río Chubut
Enfoques08/10/2026
REDACCIÓNLa provisión de agua potable para las ciudades del valle y la costa patagónica enfrenta un horizonte sumamente complejo de cara a la temporada veraniega que se aproxima.



La provisión de agua potable para las ciudades del valle y la costa patagónica enfrenta un horizonte sumamente complejo de cara a la temporada veraniega que se aproxima. El informe lo presentó en #LA17 el ingeniero Gabriel Kaless, docente e investigador del Departamento de Ingeniería Civil e Hidráulica de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (sede Trelew), luego de analizar en detalle los registros de ingreso al embalse del Dique Florentino Ameghino. Los datos que arroja el monitoreo continuo de la cuenca confirman que las reservas acumuladas se encuentran muy por debajo de los valores históricos necesarios para responder a la alta demanda estival.
Durante la entrevista radial, el especialista reveló cifras categóricas que marcan la magnitud de la sequía que atraviesa la región en este 2026. Según las planillas de medición hídrica, el volumen acumulado representa apenas un cuarto de lo que habitualmente aporta el río en condiciones climáticas regulares. “Al día de hoy tenemos un volumen de agua que es el 25% del volumen normal anual; lo que ha entrado en prácticamente tres cuartos del año es un cuarto de lo que entra normalmente”, afirmó Gabriel Kaless en el aire de #LA17, remarcando que el escenario futuro se torna crítico ante la necesidad de equilibrar el consumo domiciliario urbano con las demandas del riego agrícola.


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La travesía que realiza el agua desde que abandona la corriente natural del río Chubut hasta que llega a la canilla de cada hogar implica un despliegue de ingeniería hidráulica de enorme escala. El periplo comienza exactamente en la primera estación de bombeo, ubicada en la intersección de la calle Pellegrini y el río, donde se ejecuta la captación inicial para remover las arenas y los materiales más gruesos que arrastra la corriente. Una vez superado ese filtrado primario, el fluido crudo es impulsado pendiente arriba hacia la planta potabilizadora situada frente a la estación de servicio sobre la Ruta 3 en Trelew, la emblemática infraestructura construida en la década de 1970.
En esa segunda instalación se desencadena la transformación químico-biológica que convierte una masa de agua turbia en un insumo seguro para la población. Allí se eliminan los sedimentos finos, se corrigen los niveles de acidez y se aplica el proceso de cloración para erradicar cualquier microorganismo nocivo para la salud. Gabriel Kaless enfatizó a #LA17 la rigurosidad de este tratamiento al señalar que “ese agua es casi un producto industrial que tiene que cumplir estrictamente con las normas del Código Alimentario Argentino para que sea consumible y no nos enfermemos”. Este procedimiento requiere un monitoreo permanente en laboratorios especializados para garantizar la salubridad del suministro antes de enviarlo a la red de transporte.
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El tramo más exigente de este viaje hídrico tiene lugar inmediatamente después de la potabilización, cuando el recurso debe enfrentar las severas elevaciones del terreno en su camino hacia la costa. Potentes bombas de alta capacidad impulsan la masa líquida para remontar la denominada Loma María, venciendo una pendiente continua de aproximadamente 100 metros de altura sobre el nivel del mar. Superada esa barrera geográfica, la física trabaja a favor del sistema: el agua desciende conducida exclusivamente por la fuerza de gravedad a lo largo de kilómetros hasta arribar a la icónica reserva del Kilómetro 11, llamada así por coincidir con la antigua estación del ferrocarril que nacía en el puerto.
A pesar de la envergadura de esta red de transporte, el acueducto presenta un punto de vulnerabilidad extrema que limita su rendimiento global. La mayor dificultad técnica no se encuentra en el trayecto largo que conduce a la costa, sino en el tramo inicial que abastece a la propia planta de tratamiento. Según explicó el especialista de la UNPSJB en #LA17, “el cuello de botella que tiene el sistema de acueducto de Madryn está en un tramo que va desde el río hasta la planta potabilizadora por debajo del barrio San Benito de Trelew, que es la parte más delicada del sistema porque es la más antigua y no se ha podido ampliar en su capacidad”.
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Esta restricción estructural cobra mayor relevancia al considerar que el río Chubut funciona como una cuenca invertida en su tramo final, bifurcándose en múltiples canales para abastecer en simultáneo a seis localidades. La presión sobre la fuente no solo proviene de las canillas urbanas, sino también del sector productivo del Valle Inferior, donde el riego representa uno de los mayores volúmenes de extracción. Esta multiplicidad de usos exige una gestión preventiva, dado que cualquier alteración química o biológica provocada en la cuenca alta, cerca de las nacientes en El Maitén, no puede ser neutralizada por los filtros tradicionales de las plantas urbanas.
El recuerdo del histórico temporal de 2017 sirve como advertencia sobre los límites de esta infraestructura frente a imprevistos climáticos o aumentos extremos de turbidez. En aquella ocasión, la impresionante crecida del río Chico volcó inmensas cargas de barro sobre el embalse que terminaron saliendo por las turbinas de la presa, convirtiendo el cauce en una masa espesa que paralizó el suministro por más de un mes. “Las plantas potabilizadoras no están preparadas para situaciones extremas porque uno como ingeniero no diseña una planta para una capacidad que estaría el 99,9% del tiempo ociosa por el costo económico altísimo que representa”, detalló Kaless.
Frente a la inminente llegada de los meses cálidos, la combinación de un caudal reducido al 25% de sus valores habituales y la falta de obras de ampliación en los puntos históricos más antiguos compromete la continuidad del servicio. El viaje invisible que realiza el agua desde los Andes hasta las reservas costeras requiere un consumo energético masivo, mantenimiento continuo y un cuidado responsable del recurso por parte de toda la comunidad. Sin un nivel de deshielo significativo que revierta la tendencia en las próximas semanas, la gestión del agua potable entrará en una fase crítica que pondrá a prueba la capacidad operativa de todo el sistema regional.















