Se fue a México detrás de un sueño, pero Chubut sigue siendo su lugar en el mundo

Turismo13/10/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Rubén Montero lleva 12 años en Playa del Carmen, donde encontró más oportunidades para trabajar como músico. Sin embargo, su historia sigue ligada a los paisajes y afectos de Chubut.

rubén montero
Rubén Montero

Rubén Montero encontró en México una oportunidad que durante años le resultó difícil alcanzar en Chubut: vivir de la música y sostenerse económicamente con su trabajo artístico. Hace 12 años se instaló en Playa del Carmen y, con paciencia, fue construyendo un camino entre hoteles, bares y escenarios. Hoy disfruta de una estabilidad que le permite ahorrar, viajar y regresar a la Patagonia para reencontrarse con su familia y sus amigos.


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La diferencia con su experiencia en Argentina aparece con claridad cuando compara las posibilidades laborales de ambos lugares. Antes de emigrar, tocaba con distintos grupos y trabajaba como guía de turismo para completar sus ingresos. En México encontró una actividad turística permanente que genera oportunidades para músicos y artistas, especialmente en la Riviera Maya, donde los visitantes circulan durante todo el año.

“La idea de siempre tratar de vivir de la música” fue el impulso que lo llevó a probar suerte en el exterior. Un primo que vivía en Playa del Carmen le habló de las posibilidades de trabajar allí y Montero decidió dar el paso, aunque todavía desconocía varios aspectos de la residencia y los permisos laborales. Llegó con pocos ahorros y tuvo que aprender sobre la marcha cómo funcionaba el ambiente artístico y qué necesitaba para establecerse.


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Los primeros tiempos exigieron adaptación y disposición para aceptar diferentes propuestas. Comenzó a tocar la batería y la percusión en una banda de música brasileña, participó en eventos y trabajó en promociones vinculadas con Coco Bongo, una conocida discoteca de la zona. Más adelante armó proyectos propios y se acercó al circuito de bares de la Quinta Avenida, donde consolidó su actividad como músico.

“Año a año fui renovando esa visa”, contó al recordar el proceso que atravesó hasta conseguir la residencia permanente en México. En el camino tuvo que afrontar gastos, resolver trámites y sostenerse mientras conseguía más actuaciones. Con el tiempo, el trabajo frecuente le permitió mejorar sus ingresos, comprar un vehículo y contar con una herramienta fundamental para trasladarse entre hoteles y presentaciones alejadas de su casa.


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El músico reconoce que las condiciones económicas no son iguales para todos y que las oportunidades dependen de los contactos y del trabajo que cada uno consiga. Sin embargo, su experiencia le permitió establecer una diferencia concreta con su etapa en Chubut. “Lo que vos ganás por ahí sí te alcanza para las necesidades básicas, para vivir e inclusive para guardar un poquito, a un costado para ahorrar”, explicó sobre su presente en México.

Detrás de esa trayectoria también hay una historia familiar profundamente ligada a Península Valdés. Montero creció junto a sus padres, Héctor y Marisol, en lugares como Punta Norte e Isla de los Pájaros, y cursó la primaria en la escuela de Puerto Pirámides. Su infancia transcurrió entre el campo, las estancias cercanas, el mar y una comunidad que todavía forma parte de su vida, con amigos y familiares a quienes visita cada vez que regresa.


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La música, en tanto, atraviesa varias generaciones de su familia. Su bisabuelo llegó desde España y era violinista, mientras que distintos parientes continuaron vinculados con la actividad artística en la provincia. Entre esas referencias aparece la canción de la ballena, escrita por su primo Eduardo, una obra que Montero considera representativa de la identidad local y que, según sostuvo, merece mayor difusión, incluso en las escuelas.

Vivir lejos también implica acostumbrarse a otras formas de relacionarse y aceptar las distancias que impone la vida cotidiana. En México extraña compartir un mate con su madre, acompañar el crecimiento de sus sobrinos y estar presente en determinados momentos familiares. Las videollamadas y los mensajes ayudan a mantener el contacto, aunque no reemplazan los encuentros ni recuperan las ocasiones que pasan mientras está lejos.


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A pesar de su vida estable en Playa del Carmen, Montero no descarta regresar a la Patagonia. Le gustaría volver a vincularse con el campo y encontrar una forma de combinar esa actividad con algún ingreso constante que le permita sostenerse a futuro. Por ahora, prefiere dejar que las oportunidades definan los próximos pasos, sin fijar una fecha para el regreso.

“Soy un agradecido de la vida”, expresó al repasar su recorrido, marcado por la música, los viajes y los vínculos que conservó desde la infancia. Durante su visita a Chubut, también aprovecha para reencontrarse con sus compañeros de escuela y compartir escenarios con amigos de toda la vida. Mientras disfruta de esos días en su tierra, mantiene abierto el camino que eligió hace 12 años, con la posibilidad de volver algún día al lugar donde empezó su historia.

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