
Malestar social generalizado: el 67% está disconforme con el rumbo del país
Política23/10/2026
REDACCIÓNUna encuesta de la Universidad de San Andrés (UdeSA) revela que la mayoría expresa insatisfacción con la situación nacional y su economía personal, pese al apoyo presidencial.



Un documento de trabajo del Indec estima la productividad total de los factores en 92,5 puntos para 2025, tomando como base 100 en 2016. Esta cifra se da en un contexto de caída de la inversión en capital fijo, una tendencia que, de persistir, podría comprometer la capacidad futura de producción del país.
La encuesta de la Universidad de San Andrés (UdeSA) indica que el 67% de los consultados está insatisfecho con el rumbo de la Argentina, mientras que solo el 30% manifiesta conformidad. Además, el 56% considera que la situación nacional empeoró, y el 52% afirma que su propia economía retrocedió en el último tiempo.


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Las preocupaciones más citadas por los encuestados son la falta de trabajo, mencionada por el 39%, seguida por los bajos salarios con el 35%, la pobreza con el 31%, y la corrupción con el 30%. Estos datos se complementan con que el 54% de la sociedad argentina declara que sus ingresos no son suficientes para cubrir los gastos cotidianos.
A pesar del extendido malestar, la insatisfacción no se traduce automáticamente en una voluntad de cambio de orientación política. Una parte importante de la sociedad rechaza el presente, pero también busca evitar un regreso a las condiciones económicas que asocia con etapas anteriores, como la inflación elevada y la inestabilidad cambiaria.
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En este escenario, el presidente Javier Milei registra una aprobación del 36% y una desaprobación del 60%, según los porcentajes citados en el análisis. Este respaldo al mandatario es superior a la satisfacción con el rumbo económico general, sugiriendo que algunos de sus votantes mantienen su preferencia a pesar de las actuales dificultades.
La persistencia del apoyo al presidente se atribuye, en parte, al temor a un escenario de inflación descontrolada y crisis cambiaria. La desaceleración de los precios, aun con su impacto en los ingresos, es valorada por quienes priorizan la estabilidad, aunque esto convive con cierres de empresas y pérdida de empleo formal.
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En el mercado laboral, se observa un deterioro del empleo registrado y un crecimiento de la informalidad, lo que afecta ingresos, cobertura social y recursos previsionales. Estos cambios podrían generar consecuencias a largo plazo, más allá de la mejora de ciertos indicadores macroeconómicos.
El debate también se enfoca en el rol del Estado, cuestionando si la reducción de su participación en la economía se traduce en menor provisión de servicios esenciales. Esta discusión abarca la sostenibilidad de políticas públicas en áreas como universidades, salud, discapacidad e infraestructura, planteando los costos sociales del retiro de recursos.
El economista y sociólogo Pablo Semán sintetizó una dimensión política clave del escenario con la frase: «El fenómeno político más importante no es Milei, sino el enorme escepticismo con el que hoy vota la sociedad». Su observación pone el foco en una ciudadanía que expresa rechazo sin encontrar una representación que transforme esas sensaciones en un proyecto compartido.
La dificultad para construir alternativas se relaciona con la falta de expectativas positivas sobre el futuro, ya que el cansancio frente a experiencias políticas frustrantes reduce la disposición a participar. La desconfianza generada no necesariamente beneficia a la oposición, pudiendo incluso favorecer la continuidad de opciones percibidas como menos riesgosas.
Esta situación plantea una pregunta sobre la capacidad del país para sostener una economía productiva y generar empleo con expectativas de progreso. La controversia reside en cómo ponderar la estabilización económica frente a sus consecuencias sociales y productivas, como el persistente retroceso del consumo y la inversión.















