
La fe chubutense palpita la llegada del Papa con su expresión más profunda: el Vía Crucis Submarino
Enfoques04/11/2026
REDACCIÓNEn el marco de la Cobertura Especial de #LA17 previa al viaje papal a la Argentina, referentes de la cultura y la fe comparten sus vivencias. El buzo histórico Ricardo "Pinino" Orri relató cómo la devoción de la comarca se refundó bajo las aguas del golfo.



El clima de expectativa por la inminente presencia del Papa León XIV en suelo argentino moviliza las fibras más íntimas de las comunidades chubutenses, donde la fe se vive con matices propios y de profunda raigambre popular. En el marco de la Cobertura Especial que lleva adelante #LA17 para acompañar la previa del histórico acontecimiento, la emisora reúne las voces de personalidades del ámbito social, cultural y religioso que le dan forma a la identidad regional. En ese contexto de reflexión y esperanza, los testimonios permiten mensurar el impacto de un acontecimiento que trasciende las fronteras de los templos tradicionales.
La vivencia de la religiosidad adquirió con los años un perfil identitario único, donde la inmensidad del mar se transformó en un escenario natural para la oración colectiva. Para quienes mantienen un ejercicio cotidiano del culto, el arribo de la máxima autoridad de la Iglesia Católica representa un motivo de gratitud y renovación de los compromisos comunitarios. En diálogo con #LA17, el capitán ballenero y buzo profesional Ricardo "Pinino" Orri expuso la emoción que atraviesa a los creyentes de la zona ante el inminente viaje del Santo Padre.


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"Haciendo un poco alusión a la llegada del Papa, los que formamos parte y tenemos fe, que somos practicantes, vivimos esto con gran alegría, es un momento súper especial, más especial que quizás para la mayoría de las personas", reflexionó Orri en los estudios de la radio. Ese sentimiento de devoción compartida se vincula de manera directa con las expresiones populares que lograron posicionar a la comarca en el mapa mundial de los ritos religiosos. La historia de las manifestaciones de fe bajo la superficie del Golfo Nuevo demuestra cómo la visión comunitaria puede transformar una inquietud local en un símbolo de trascendencia.
El origen de la ceremonia que reúne a miles de personas cada Semana Santa surgió hace más de dos décadas a partir de una búsqueda conceptual orientada a romper la estacionalidad de la oferta turística regional. La idea embrionaria impulsada por José María "Popey" Goity retomó la visión estratégica de Antonio Torrejón sobre la necesidad de generar acontecimientos de fuerte impacto comunicacional. La iniciativa encontró el aval institucional del entonces intendente Julio Aristarain, quien facilitó los contactos necesarios para sumar el acompañamiento de las autoridades eclesiásticas al proyecto.
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"La idea la atribuimos a Antonio Torrejón, que es generar eventos que por lo importante o por lo interesante se convirtieran en noticias, y Popeye tuvo la idea de hacer un vía crucis submarino para Semana Santa, para buscar un espacio que daba un poquito adormecido esa parte del año para la parte turística", recordó Orri durante la entrevista radial en #LA17. Aquel impulso inicial requirió el respaldo técnico de los buzos locales para garantizar la seguridad de los participantes dentro del agua, sentando las bases de una logística que con los años involucraría a toda la ciudadanía.
La figura determinante para concederle entidad espiritual al Vía Crucis Submarino en sus primeras ediciones fue el sacerdote Juan Gabriel Arias. El religioso debió someterse a un entrenamiento intensivo de buceo en las aguas del golfo poco tiempo antes del debut formal del viacrucis, convirtiéndose en el primer guía ordenado en llevar la cruz hacia el fondo del mar. Sin embargo, la continuidad de la ceremonia enfrentó un momento de parálisis cuando el presbítero debió alejarse de la provincia para encarar su misión pastoral en el continente africano.
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"El que siempre hacía el Vía Crucis Submarino era el padre Juan Gabriel Arias, pero en un momento él se fue a misionar a Mozambique, en África, y por dos o tres años no lo hicimos porque nos faltaba esa pata", detalló el capitán en #LA17. El impasse en la realización del evento motivó un intercambio directo con el propio sacerdote durante uno de sus regresos al país, donde se planteó la urgencia de reanudar la práctica religiosa para evitar la extinción de una costumbre arraigada en los vecinos de la comarca.
Ante las dificultades para sumar a un nuevo sacerdote con la formación técnica necesaria en buceo autónomo, la organización descubrió una alternativa doctrinal que permitió destrabar la continuidad de la procesión. Las normas litúrgicas vigentes establecen que la guía de las estaciones del viacrucis no constituye una tarea exclusiva del orden sacerdotal, habilitando a los laicos a asumir esa responsabilidad en el culto. La revelación permitió convocar de inmediato a los referentes del ámbito submarino que venían sosteniendo la logística de la cruz desde los comienzos.
"Surgió algo que pese a ser practicantes no lo teníamos claro, que para guiar un vía crucis no necesariamente requiere ser sacerdote, un laico lo puede hacer, y en esa mesa de buzos y organizadores me ofrecieron esa responsabilidad que para mí fue como un honor", aseveró Orri al rememorar la jornada en que vistió el alba sobre su traje de neopreno. Desde aquel momento, la participación activa de los vecinos garantizó la permanencia ininterrumpida de una ceremonia que hermana la fe popular con el paisaje submarino de Puerto Madryn.
La preservación de esta tradición marina se integra al espíritu de comunión con el que la región se alista para recibir los mensajes del Papa León XIV en su recorrido por el país. La fuerza de las convicciones comunitarias y el trabajo articulado entre los referentes locales sostienen un testimonio de fe viva que trasciende el paso del tiempo. La Cobertura Especial de #LA17 continuará acercando las vivencias de los protagonistas que transforman la devoción cotidiana en una muestra de identidad patagónica ante el mundo.















