"EL D脥A QUE MADRYN SE QUED脫 SIN PAN"

"El convoy de camiones los llevaba ocultos tras las lonas verdes y atemorizados porque hab铆an sido advertidos por sus jefes que el pueblo estaba enojado por la rendici贸n en las Malvinas".

Madryn 19 de junio de 2024 Christian Devia Christian Devia
Soldados reciben pan de los madrynenses que los recibieron luego de la guerra
Soldados reciben pan de los madrynenses que los recibieron luego de la guerra Foto: Mabel Outeda

Por Patricio Castillo Meisen.

El abogado madrynense recuerda en un impecable texto, el 19 de junio de 1982 cuando más de 4 mil combatientes comenzaron a llegar a Puerto Madryn, y el pueblo de la ciudad desbarató el plan de esconder y silenciar a los soldados, acercándose a saludarlos, darles contención, y un poco de pan para combatir el hambre y la desaprensión de las autoridades militares en su paso por las islas.

"Pese a los rigurosos dispositivos de seguridad montados por las fuerzas armadas, el 19 de junio de 1982 los madrynenses recibimos a los soldados de Malvinas en el buque Canberra, ya como veteranos de guerra luego de la rendición del 14 de junio, con los brazos abiertos y la mesa servida en un gesto de solidaridad que se engrandece con el transcurso del tiempo.

El convoy de camiones los llevaba ocultos tras las lonas verdes y atemorizados porque habían sido advertidos por sus jefes que el pueblo estaba enojado por la rendición en las Malvinas, que Galtieri había sido echado del gobierno y que iban a ser apedreados. En el trayecto desde el Muelle Almirante Storni hasta la Barraca Lahusen, lugar donde iban a ser concentrados antes de ser trasladados hacia la Base Almirante Zar de la ciudad de Trelew, se formó un cordón humano a ambos lados de la calle.

Lejos de arrojar piedras, los madrynenses y otros vecinos de localidades cercanas, expresaban su solidaridad y cariño entre aplausos y lágrimas, llevándoles café, té, galletitas, chocolates y pan… todo el pan que había en el pueblo. Un vecino se sacó las medias y se las entregó a un joven que no tenía. Un viejito que se ayudaba con un bastón, repartió los pocos pesos que llevaba en sus bolsillos. Un señor portaba varias pizzas, sobrepasó al militar que quería impedir su paso para repartirlas entre los ex combatientes. Un comerciante de nuestro medio, junto con su esposa, se encargaban de traer recipientes con té caliente que bebían los jóvenes con inocultable satisfacción. Uno de los efectivos destacados le ordenó a uno retirarse del lugar y ante la reacción del matrimonio optó por alejarse. Un vecino de Madryn, con su hija en brazos, luego de un altercado con el suboficial manifestó a la prensa: “Yo vengo a ver a mis soldados! Cómo no me van a dejar pasar?.

Estos son parte de los testimonios recogidos por el Semanario “Impacto” en su edición del 26 al 2 de junio de 1982. “Estábamos preocupados en serio y muy tristes, pero cuando vimos cómo nos aplaudían y nos vivaban al pasar, nos sentimos renacer y muy sorprendidos. No lo esperábamos. No esperábamos este recibimiento tan cariñoso, por eso sentimos la necesidad de darles algo y arrojábamos lo que podíamos de nuestros uniformes”, expresó un veterano de Malvinas a la Directora del Semanario “Impacto” Nélida Manera de Cagnoli, apenas arribado a la ciudad.

Mural que recuerda "El día que Madryn se quedó sin pan"SE CUMPLEN 42 AÑOS DE "EL DÍA QUE MADRYN SE QUEDÓ SIN PAN"

En la Barraca Lahusen se concentró la mayor cantidad de gente que, venciendo el dispositivo de seguridad, deseaba expresar su cariño a los jóvenes que volvían de la guerra llevándolos a sus casas para poder comunicarse con sus familias e informarles, nada menos, que habían sobrevivido a una guerra absurda. Allí estuvo Mabel Outeda, propietaria de “Cero Fotografías” que tenía a su cargo las fotografías de “Impacto”, valiente mujer comenzó a disparar velozmente su cámara réflex Pentax K1000 para dejarnos el testimonio fotográfico de esos días.

Hoy pueden descargarse libremente desde este sitio https://drive.google.com/.../1_iLU3BKE_rXp... gracias al profesor Gastón Ballesteros y el Centro de Veteranos de Guerra de Puerto Madryn.

Recientemente Mabel Outeda manifestó: “Yo encaré y le dije a mis compañeros que estaban sacando fotos: ustedes pueden sacar la mejor foto cuando me peguen un palo en la cabeza”. Bajé la máquina en un momento y dije ‘no más fotos, tomo teléfonos’. Empecé a llamar a familias ‘estoy en Puerto Madryn, acabo de estar con su hijo’ y nadie te lo creía. Algunos no, otros sí, otros lloraban. Un padre me dijo gracias, es el mejor regalo que me puede hacer para el día del padre, porque al otro día era el día del padre”… ”Yo no sabía que iba a llegar a la historia. Lo único que me alegra ahora es que van a entender que Madryn no es solo ballenas, ni que bajaron los galeses. Acá bajaron los chicos de Malvinas, el día que Madryn se quedó sin pan” . 

Acá se escucharon los primeros testimonios de los que volvieron del frente de batalla, muy diferentes de la falaz versión del gobierno y de la prensa afín. En Madryn comprobamos con estupor y consternación que el buque Canberra, que los informes oficiales daban por inutilizado, arribaba con miles de soldados, apenas oxidado, sin problema alguno.

Acá vimos por primera vez a soldados que fueron mal vestidos y peor armados, hambreados en las Islas, o estaqueados por sus superiores que se mostraron más valientes para reprimir, torturar y desaparecer a nuestros compatriotas durante la dictadura que frente a los ingleses en el campo de batalla.

Acá, en Madryn, percibimos las primeras secuelas de la guerra: vergüenza, tristeza, bronca, impotencia y también el desconcierto al recibir como ex combatientes mejor trato del enemigo que de sus propios superiores.

Nadie permaneció indiferente, casa abrió sus puertas sin pedir nada a cambio y nuestros soldados retribuyeron a las familias con lo poco que tenían: cascos, gorros, abrigos, rosarios, guantes, quedaron en la ciudad como preciados tesoros de la guerra.

Hoy muchos recuerdan el cálido recibimiento que le dimos los madrynenses como héroes de Malvinas y regresan a nuestra ciudad para recorrer los mismos lugares que transitaron aquel día de junio de 1982, el Muelle Storni, la Barraca Lahusen, ese edificio en riesgo que aún espera que la mayoría de nuestros concejales se dignen a protegerlo para las futuras generaciones declarándolo patrimonio histórico de la ciudad, y reencontrarse con las familias que los acogieron a su regreso al continente con un plato caliente, un abrazo, compartiendo el pan, que representó en ese entonces mucho más que un alimento."

Este es un informe especial de Telefé Noticias, con Rodolfo Barilli en donde se refleja el histórico episodio.

   

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