



Más detalles: Una embarazada, un bebé y una secta rusa en Bariloche
Policiales01/04/2025

Una joven rusa de 22 años pidió turno para una cesárea en Bariloche. No estaba sola. La acompañaban dos mujeres que no le permitían hablar. Respondían por ella. Controlaban cada movimiento. Los médicos sospecharon de inmediato.
El hospital Ramón Carrillo activó una alerta. El profesional que la atendió percibió nervios, evasivas y silencios forzados. No dudó. Hizo la denuncia. Dio aviso a la fiscalía. Quería prevenir algo mayor. Intuyó un posible caso de trata.
La fiscalía ordenó vigilancia discreta en el hospital. Esperaban que la joven regresara para el parto. Querían identificar a las acompañantes. Seguían cada paso sin interferir. Solo observaban. Buscaban confirmar las sospechas iniciales.
La joven volvió ese mismo día. Ingresó para la cesárea. Los agentes actuaron con rapidez. Detuvieron a las dos mujeres. Ambas tenían pasaporte ruso. Ambas tenían vencida su permanencia legal en el país.
La joven dio a luz a un varón. El bebé quedó bajo custodia estatal. Ella fue rescatada. Recibió atención médica. Quedó contenida y aislada. Las autoridades buscaban protegerla. Sospechaban que era víctima de una red mayor.
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La investigación avanzó con fuerza. A los pocos días, aparecieron dos nuevas mujeres rusas en el hospital. Preguntaban por la madre y el bebé. También quedaron demoradas. Tampoco podían justificar su presencia.
Las cuatro fueron liberadas por falta de pruebas. Pero la sospecha creció. La Policía Federal Argentina ya seguía movimientos sospechosos. Observaban traslados, llamadas, compras de pasajes. Todo parecía coordinarse desde afuera.
La causa escaló. El fiscal Fernando Arrigo cruzó datos. Involucró a otras fiscalías. Detectó conexiones internacionales. Apareció un nombre conocido en Europa: Konstantin Rudnev. Líder de una secta. Fundador de Ashram Shambala.
Rudnev estuvo preso en Rusia. Fue condenado por abuso sexual. Lo relacionaron con desapariciones en Montenegro. Cumplió once años de cárcel. Después, viajó por distintas partes del mundo. Siempre rodeado de mujeres.
La secta operaba como organización criminal. Se hacía pasar por grupo espiritual. En realidad, reclutaban mujeres. Las sometían. Las aislaban. Las obligaban a participar en rituales sexuales. Comían sobras. Dormían mal. Perdían peso. Perdían autonomía.
Las víctimas vivían bajo vigilancia. No usaban teléfonos. No hablaban con extraños. Solo obedecían. El líder decidía todo. Nadie podía irse. Nadie podía hablar. Quien intentaba escapar sufría represalias. El control era absoluto.
Bariloche funcionaba como una base operativa. Usaban el sistema público de salud. Facilitaban partos gratuitos a ciudadanas extranjeras. Cobraban por ese acceso. Llamaban al método “tour sanitario”. El negocio incluía traslados, alojamiento y silencio.
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La sospecha sobre E.M. reveló todo. La joven no hablaba. No decidía. No respondía por sí misma. Su parto fue el punto de quiebre. La red se movió. Pero ya era tarde.
La PSA y la PFA actuaron juntas. Organizaron un operativo en simultáneo. Detuvieron a quince personas. Ocho en Bariloche. Siete en Buenos Aires. Varios intentaban abordar vuelos. Querían irse del país.
Las detenidas compartían agencia de turismo. Tenían itinerarios idénticos. Bariloche – San Pablo, con escala en Aeroparque. Viajaban con poco equipaje. Todas tenían pasaportes rusos. Algunas ya estaban en la mira de Migraciones.
En el aeropuerto de Bariloche cayó Rudnev. Estaba con seis mujeres. Todas mostraban síntomas de malnutrición. Él llevaba una hoja de afeitar escondida. Intentó cortarse el cuello. No logró su objetivo. Fue reducido.
Le secuestraron 131 pastillas con cocaína. También tenía dólares, pesos, celulares, notebooks, chips, teléfonos satelitales, handy, pasaportes, tarjetas y documentación. Todo quedó en manos de la justicia. Buscan datos clave en los dispositivos.
El operativo se amplió. Otras dos mujeres llegaron al aeropuerto en un vehículo. También fueron detenidas. Más tarde, en Aeroparque, cayeron tres hombres y tres mujeres. Nacionalidades: rusa, mexicana y brasileña.
La justicia investiga el rol de cada uno. Algunas mujeres podrían ser víctimas. Otras, posibles cómplices. Analizan vínculos con el líder. Buscan determinar responsabilidades. No descartan nuevas detenciones.
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El fiscal Arrigo tiene respaldo del juez Zapata. Aplicaron medidas urgentes. No esperaron pericias. Actuaron con la prueba disponible. La prioridad fue frenar la fuga. Proteger a las víctimas. Evitar daños mayores.
La comunidad médica celebró la reacción del profesional. Su intuición permitió abrir la causa. “No dudó. Denunció. Nos salvó”, dijo una fuente cercana. El gesto fue clave para evitar una tragedia mayor.
El bebé está sano. Recibe cuidados. Tiene seguimiento médico y psicológico. La madre también. Está contenida por el Estado. No volvió a ver a las mujeres que la acompañaban.
La justicia protege su identidad. Solo se conoce su nacionalidad y sus iniciales. No puede declarar por ahora. Está bajo observación. Los peritos evalúan su estado emocional.
Bariloche sigue en shock. El caso tomó dimensión internacional. Salió de lo médico. Ingresó a lo judicial. Expuso un funcionamiento delictivo detrás de una fachada espiritual. Un entramado global.
La causa no termina. Las pruebas crecen. Los allanamientos siguen. La justicia federal mantiene en secreto parte del expediente. Quieren preservar datos clave. Evitar filtraciones. Garantizar resultados.
La secta usó misticismo como escudo. Pero dejó rastros. Vidas rotas. Mujeres marcadas. Niños nacidos sin libertad. Cuerpos sometidos a reglas impuestas por un líder con antecedentes.
La pregunta ahora es qué sabían los demás. ¿Quién permitió que operaran en el país? ¿Cómo accedían al sistema de salud? ¿Por qué nadie los detectó antes? Las respuestas llegarán con la investigación.
El caso E.M. dejó una lección. Un médico atento puede cambiar una historia. Su denuncia salvó una vida. Y tal vez, muchas más. Porque la red cayó cuando nadie la esperaba.



