Chubut Por: Sergio Bustos31/03/2025

Intendenta de Lago Blanco furiosa por el estado de la ruta nacional 260

La Ruta Nacional 260 se convirtió en una trampa. Está destruida. No tiene tramos transitables. No hay mantenimiento ni mejoras. Sólo ripio suelto, pozos, piedras sueltas y abandono. La bronca crece entre vecinos, transportistas y autoridades locales que no reciben respuestas.

Micaela Bilbao ya no oculta su hartazgo. La intendenta de Lago Blanco se expresó con dureza en redes sociales. Denunció el estado crítico de la ruta y la falta de atención de Vialidad Nacional. “No hay un solo kilómetro bueno”, escribió con indignación.

El reclamo no fue aislado. La jefa comunal citó una publicación del transportista Daniel Saavedra Hernández. En su descargo, relató cómo recorrer los 107 kilómetros de esa ruta puede llevar hasta diez horas. “Uno más grande que otro, pozos decorativos por todos lados”, ironizó.

La intendenta pidió disculpas a su comunidad. Dijo que no puede hacer más. Que el abandono supera las gestiones municipales. “Me da vergüenza no poder hacer nada. Estoy cansada de llamar, de mandar notas, y no hay respuesta positiva”, afirmó.

El mensaje no pasó desapercibido. Circuló por redes. Llegó a otros municipios. Molestó en despachos provinciales. Pero nadie respondió con acciones. La Ruta 260 sigue igual. O peor. Las promesas no alcanzan. Los hechos tampoco aparecen.


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Bilbao cuestionó la desigualdad en las prioridades. “Tamariscos recibe respuestas. Acá no llega nada”, señaló con bronca. Dijo que cada vez que traslada a un paciente en ambulancia, siente miedo. El vehículo se deteriora. Las emergencias se complican. El tiempo se estira.

La falta de empatía molesta tanto como la falta de recursos. “No hay plata, pero sí hay prioridades”, expresó. La frase retumbó fuerte. No es solo infraestructura. Es dignidad. Es presencia estatal. Es compromiso con la gente que vive lejos del centro.

El tramo que une Lago Blanco con la Ruta 40 es esencial. También conecta con el paso internacional Huemules. Es parte del corredor bioceánico. Tiene valor estratégico. Pero no tiene inversión. Ni obras. Ni un plan concreto.

Saavedra denunció que el turismo es pura foto. “Las autoridades se la pasan en comilonas. Promueven el corredor bioceánico mientras se cae a pedazos”, escribió. Criticó los actos oficiales. Reuniones elegantes sin resultados. Rutas promocionadas que nadie puede usar.

La publicación recibió el apoyo de transportistas. Camioneros, proveedores, familias. Todos usan esa ruta. Todos sufren los mismos daños. Todos pierden plata. Tiempo. Salud. Paciencia. El abandono no discrimina. Atraviesa a todos.

Desde Lago Blanco repiten el mismo reclamo desde hace años. Nadie escucha. Nadie actúa. Nadie responde. La ruta sigue rota. El pueblo sigue esperando. “Sigo reclamando como desde el primer día”, insistió la intendenta. Ya no espera promesas. Exige hechos.


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Cada pozo es una amenaza. Cada kilómetro daña una cubierta. Cada viaje es una ruleta. Una ambulancia que se rompe. Un traslado que no llega. Una urgencia que se agrava. Una persona que queda sola en medio del ripio.

Bilbao no pide privilegios. Pide lo justo. Una ruta transitable. Una conexión digna. Un camino que permita llegar a tiempo. No se puede gobernar sin rutas. No se puede vivir sin caminos. No se puede crecer sin Estado presente.

Los vecinos acompañan el reclamo. Se sienten olvidados. Relegados. Indignados. Vieron cómo se repiten anuncios vacíos. Se acumulan notas. Se reparten culpas. Pero nadie toma decisiones. Nadie aparece con máquinas. Nadie pisa el ripio.

La Ruta 260 debería ser una prioridad. Une dos países. Forma parte de un corredor internacional. Aporta al turismo, al comercio, al tránsito. Pero no figura en los planes. No entra en los presupuestos. No importa en los discursos.

Los relatos chocan con la realidad. En los eventos hay micrófonos. En la ruta hay piedras. En los actos hay banderas. En Lago Blanco hay pozos. El contraste es brutal. Y cada vez más evidente.

El ripio se convirtió en símbolo de abandono. No solo por lo que daña. También por lo que representa. El olvido de los pueblos chicos. El centralismo de siempre. La burocracia sin rostro. Las promesas sin destino.

El deterioro afecta toda la zona. No se puede planificar turismo. Ni producción. Ni comercio. Los proveedores se niegan a ir. Los visitantes no llegan. La economía local se resiente. Todo empieza por el camino.


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Bilbao reclama con firmeza. No pide favores. No acepta excusas. No quiere más fotos. Quiere respuestas. Quiere obras. Quiere máquinas. Quiere acción. Su pueblo la respalda. Porque todos lo viven. Todos lo sufren.

Desde Nación no hay anuncios.  Vialidad no responde. Las autoridades desaparecen. El reclamo no llega. O llega pero no importa. Porque los pueblos chicos no figuran. No llenan plazas.

La Ruta 260 está rota. Pero el reclamo sigue firme. No se va a callar. No se va a olvidar. Porque no es solo una ruta. Es la vida cotidiana de cientos de personas. Es la dignidad de una comunidad.

La ambulancia nueva no aguanta más viajes. Cada salida deja una marca. Cada regreso implica revisión. El deterioro es constante. Y el riesgo también. Nadie puede vivir con miedo a trasladarse. Nadie debería arruinar su vehículo por hacer trámites.

El corredor bioceánico necesita infraestructura. No sirve de nada hablar de integración si no se puede llegar. No sirve mostrar mapas si no hay caminos. La conexión empieza con ripio consolidado. Con rutas transitables. Con obras reales.

Las prioridades deben ordenarse. No se puede seguir postergando lo básico. La Ruta 260 no es un lujo. Es una necesidad. Urgente. Vital. Elemental. Cada día sin intervención es un día más de peligro.

Bilbao lo sabe. Y lo dice. “Me duele mi pueblo. Me duele ver cómo se destruye todo”, expresó en su descargo. No es solo bronca. Es tristeza. Es impotencia. Es compromiso. Una jefa comunal que no se calla.

Los funcionarios deben dar la cara. No pueden seguir en silencio. No pueden seguir de espaldas. La gente exige respuestas. Exige presencia. Exige acción. Ya no se banca más excusas. Ya no quiere más indiferencia.

El reclamo no pide milagros. Pide máquinas en la ruta. Gente trabajando. Tramos transitables. Lo básico. Lo mínimo. Lo justo. Sin rutas no hay futuro. Sin obras no hay conectividad. Sin caminos no hay nada.

La comunidad no se resigna. Acompaña. Publica. Difunde. Denuncia. La rabia se organiza. La bronca se transforma en fuerza. El reclamo se vuelve colectivo. El abandono se convierte en causa común.

La Ruta 260 ya no es un dato técnico. Es una marca de la desidia. Es un símbolo del desprecio. Es la cara visible de un Estado que no llega. Que no camina. Que no responde.