Rescates en la costa y cámaras encima, el factor que cambió los operativos

Chubut01/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Loba marina enmallada
Loba marina enmallada

En la costa chubutense, un rescate de fauna puede parecer simple cuando se mira desde un video de pocos segundos, pero en el terreno el escenario exige otra lectura. Víctor Fratto, referente de la fundación Refaunar, contó en #LA17 que el desenmalle de una lobita con una soga incrustada no se resolvió por falta de voluntad, sino por una combinación de factores: riesgo físico, dinámica de colonia y presión de las cámaras que condiciona movimientos y tiempos.

El caso se conoció por imágenes que circularon con rapidez y despertaron bronca y sensibilidad. Fratto aclaró que el problema no era reciente: “Esta soga en el cuello la tenía hace mucho tiempo”, afirmó, y agregó que se detectó “hace 20 o 25 días”, aunque la forma en que el material estaba metido en los tejidos indicaba una situación previa. Para el equipo, ese dato cambió la lectura: no se trataba solo de correr a “sacarle algo”, sino de intervenir con cuidado para evitar un daño mayor.


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El punto que el entrevistado buscó remarcar fue el que menos se ve en redes: el rescate no se ejecuta como una maniobra doméstica. “Esto no es ir o lo llamamos como fuera un perrito, vení que le saco la correa”, describió, al explicar que el trabajo requiere planificación y una ubicación específica. Según dijo, el lugar ya no funciona como un apostadero pequeño: “ya no es más apostadero la del puerto, es colonia de lobos”, con presencia de machos adultos y subadultos que reaccionan con agresividad ante cualquier intrusión.

La complejidad no se redujo a la lobita. Fratto señaló que el equipo debió moverse entre animales que buscan morder y atacar, y que la escena cambia todavía más con el inicio del período reproductivo. Lo resumió con una imagen directa: para un lobo marino, el rescatista no es “un técnico”, sino un intruso. “Yo no soy un rescatista, yo soy un macho más que va por la hembra para un lobo marino”, dijo, al justificar por qué se montó un esquema de seguridad y coordinación.


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Esa necesidad de seguridad se cruzó con otro problema: el público. En intentos previos, la presencia de gente en la playa trabó el operativo. Fratto sostuvo que en tres salidas anteriores no se logró avanzar por la cantidad de teléfonos filmando. “Teníamos 30, 50 celulares que nos estaban grabando”, relató, y explicó el motivo: maniobras disuasivas necesarias para separar animales pueden quedar registradas fuera de contexto y transformarse en acusaciones de maltrato. “Cualquier maniobra disuasiva cualquiera lo puede grabar y terminar convirtiéndose en un maltrato animal”, advirtió.

Por esa razón, el desenmalle se planificó en un horario sin público y con un protocolo adicional. “Lo hicimos en un horario donde no hubiera gente”, explicó, y detalló que, si aparecía gente, se recurría a Prefectura para despejar la playa. Frato lo consideró un contrasentido para un equipo profesional, pero sostuvo que el objetivo se mantiene: llegar al animal, intervenir rápido y retirarse sin sumar estrés innecesario a la colonia.


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El operativo terminó concretándose cuando lograron apartar al grupo y dejar a la lobita con menor presión alrededor. Fratto describió que, tras medidas disuasivas, buscaron separar machos y ganar un instante de control. Cuando se abrió esa ventana, ejecutaron la captura con red. “Nos abalanzamos sobre el animal”, contó, al detallar el momento en que lograron cubrirla y sujetarla entre varias personas.

El corte de la soga lo hizo el veterinario del equipo. Frato indicó que el médico veterinario Fernando Bersano fue quien realizó la intervención sobre el material que estaba dentro del cuerpo del animal. También mencionó la participación de personal estatal: “Dirección de Fauna, Secretaría de Ambiente, somos todos miembros de la red de Fauna Costera”, explicó, mostrando que el rescate no depende de una sola organización, sino de un trabajo combinado entre áreas técnicas y voluntades operativas.


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El dato físico también dimensionó la escena. Consultado por el peso, Fratto estimó que el animal rondaba “un poquito más de 100 kg” y que hicieron falta varias personas arriba de la lobita para controlar sus movimientos. En esa misma línea, explicó que un animal adulto no se maneja de forma individual: “Una loba adulta no la manejás solo”, sostuvo, diferenciando rescates de juveniles o cachorros de una intervención en un ejemplar adulto, con fuerza y reacción.

Además de quienes sujetaron al animal, el equipo contó con protección para evitar ataques del resto de la colonia. Fratto dijo que participaron siete personas y que cuatro estaban con escudos. Explicó que los escudos sirven para impedir que el animal escape, pero también para frenar avances de otros lobos. 


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Sobre el resultado final, Fratto señaló que lo esencial era que la soga dejara de estrangular. Indicó que, aunque a veces se puede dejar el material una vez cortado, en este caso decidieron retirarlo por completo. “Se retiró completamente la soga y el animal volvió otra vez al río”, afirmó, dando por concluida una intervención que, según describió, exigió más paciencia que espectacularidad.

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