
Pymes endeudadas y costos patagónicos, el combo que tensa el arranque de 2026
Chubut01/01/2026
REDACCIÓN
El inicio de 2026 encuentra a Chubut con una postal de pymes, simiar a todo el país en comercios y talleres: ventas que no recuperan ritmo, márgenes comprimidos y empresas que toman deuda para seguir funcionando. Ese diagnóstico apareció en la entrevista que Carlos Lorenzo brindó a #LA17, donde describió un año atravesado por recesión y por la expectativa de que el ajuste macro se traduzca, en algún momento, en una mejora palpable para el sector privado.


Lorenzo no maquilló el escenario. Planteó que las medidas nacionales para ordenar la macroeconomía tuvieron un costo inmediato en la calle: “Una de las consecuencias más notorias es la recesión, con la recesión baja el consumo”, y ese descenso golpea de lleno a las pymes. En paralelo, explicó que el impacto se filtra también en el Estado provincial, porque cuando cae el consumo baja la coparticipación, y esa cadena termina afectando servicios, infraestructura y actividad.
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En ese marco, el dirigente puso el foco en un punto que suele quedar afuera de los titulares: la demora en poner en marcha inversiones. Según señaló, el sector espera señales que permitan volver a proyectar. Pero el día a día impone otra prioridad: sostener el funcionamiento con herramientas defensivas, y ahí aparece la preocupación que dejó más nítida en la conversación: “Muchas pymes se están endeudando. Para funcionar hay que endeudarse”, advirtió, con la esperanza de que ese pasivo no se vuelva una trampa imposible de pagar.
A diferencia de otros discursos, Lorenzo evitó presentar la discusión laboral como una ruptura total. Rechazó la idea de “reforma” y la definió como un proceso de actualización normativa. “No hablemos de reforma, hablemos de modernización”, sostuvo, y argumentó que hay artículos desfasados frente a los tiempos actuales, incluso por la convivencia con herramientas digitales. En su lectura, el debate incorpora cambios que ordenan zonas grises, aunque también deja frentes abiertos que pueden provocar distorsiones.
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Uno de esos puntos, según explicó, tiene que ver con el modo en que podrían convivir convenios distintos en actividades similares. Lorenzo alertó que, si se elimina el régimen de prelaciones, dos empresas a una cuadra pueden quedar con regímenes diferentes, y eso puede generar tensiones por migración de personal hacia donde se pague mejor. No lo planteó como un pronóstico de caos, pero sí como un tema que necesita discusión seria para evitar efectos indeseados en el mercado laboral local.
La otra gran discusión, según su mirada, está en el terreno impositivo y fiscal. Lorenzo habló de un sistema con decenas de tributos y de la necesidad de ordenar, pero remarcó que la parte más compleja no pasa solo por bajar impuestos, sino por cómo se financia el funcionamiento del Estado cuando se retrae la recaudación o cuando el Estado deja de prestar servicios como la obra pública. En ese punto, planteó un ejemplo concreto: el impuesto a los combustibles. Señaló que, si el mantenimiento de rutas queda en manos provinciales, ese impuesto debería acompañar esa responsabilidad, porque si no se paga “al divino botón”.
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El dirigente también advirtió sobre la aparición de tasas locales atadas a combustibles en algunos municipios del país y en la región, un fenómeno que podría crecer si las cuentas públicas siguen tensas. En su evaluación, una norma nacional podría ordenar ese tipo de decisiones, pero insistió en que la discusión política se concentrará primero en sostener estructuras estatales, y el sector productivo puede quedar relegado mientras se negocian apoyos y reemplazos de recaudación.
Para Chubut, Lorenzo marcó una expectativa puntual que mira el empresariado: el regreso de un esquema de compensación regional de costos laborales. Lo mencionó como volver al “8/14”, una herramienta que permitiría equilibrar el “gasto patagónico” frente a las asimetrías del país. En su lectura, esa corrección puede mejorar competitividad y ayudar a atraer inversiones medianas, más alineadas con el perfil provincial que los grandes proyectos pensados para otros distritos.
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Cuando lo llevaron al terreno de “qué esperar del año”, Lorenzo fue directo: “Un cinco. De uno al diez, un cinco”. Dijo que 2026 no arranca con un cambio de era, sino con continuidad de problemas, aunque con algunos elementos que pueden mejorar y otros que podrían empeorar. Esa prudencia, remarcó, se explica por el impacto micro de la macro: el consumo tarda en reaccionar y las pymes no tienen espaldas infinitas para sostenerse.
Sobre el final, la conversación se corrió hacia el horizonte productivo provincial y la vieja pregunta de Comodoro Rivadavia frente al declive petrolero. Lorenzo recordó discusiones de décadas atrás que se apagaron cuando subió el precio internacional del crudo y criticó que, en momentos de bonanza, no se reconvirtió la economía. Hoy, afirmó, vuelve el debate y aparecen expectativas en no convencionales, pero también en otras áreas que requieren definiciones.
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Ahí mencionó sectores que, según dijo, esperan señales: hidrógeno verde sin ley, la posibilidad de que Chubut reciba inversiones en data centers por su energía eólica instalada y, sobre todo, la necesidad de discutir el uso de recursos naturales. En ese punto fue contundente: “Chubut vive de la explotación de los recursos naturales. Si no se explotan, estamos con problemas”, y reclamó un debate serio sobre minería, uranio, tierras raras y exploración, con reglas claras para generar confianza social.
















