
Una ley de Austria facilita la ciudadanía a descendientes de perseguidos por el nazismo
Actualidad06/01/2026
REDACCIÓN
Austria activó en 2022 un cambio legal que, en la práctica, volvió más accesible el reconocimiento de la ciudadanía para descendientes de personas que dejaron el país durante el período del nazismo. El esquema se apoya en el principio de “ius sanguinis” y, según describió el embajador Gerhard Mayer, no fija tope generacional, un punto que amplía el universo de argentinos que podrían iniciar el trámite.
En la Argentina, la comunidad con pasaporte austríaco resulta pequeña en números, pero la embajada sostiene que hay margen para crecer. Mayer señaló que hoy unas 10.000 personas cuentan con documentación austríaca, mientras que la sede diplomática estima que entre 20.000 y 30.000 podrían acceder, siempre que puedan reconstruir el vínculo familiar y la información registral necesaria para acreditar la procedencia.
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El proceso, de todos modos, suele trabarse por el mismo motivo: la documentación. “Se recibe por ‘ius sanguinis’ o ‘derecho de sangre’, que establece que la nacionalidad de un país puede heredarse de manera automática a través de la línea familiar, sin importar el lugar de nacimiento. En nuestro caso no hay límite generacional para recibirla. Pero lo complicado es que tienen que documentar esa descendencia”, explicó el embajador, al describir cómo la movilidad forzada y la pérdida de archivos durante la Segunda Guerra Mundial todavía impactan en el presente.
En esa línea, Mayer remarcó que el primer paso real no depende de un formulario en Buenos Aires, sino de rastrear el origen del antepasado dentro de Austria. “Lo que tienen que hacer los descendientes es averiguar de qué ciudad austríaca proviene su antepasado y escribir a esa localidad para ver si es posible recuperar la documentación”, recomendó, con una advertencia adicional: que un inmigrante se haya declarado austríaco al llegar al país no alcanza como prueba válida para Austria.
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El diplomático también explicó un punto que suele generar confusiones en partidas antiguas: “No, porque el que afirma eso es una autoridad argentina, no una austríaca. Es más, muchos austríacos que ingresaron durante la guerra fueron registrados como alemanes. Y también muchos alemanes que llegaron después de la guerra declaraban que eran austríacos para que no lo confundieran con nazis”. Esa mezcla de registros obliga a chequear en origen y, cuando aparece la información, reconstruir el hilo administrativo.
Además del obstáculo documental, existe una limitación histórica vinculada a la etapa previa a 1918, cuando regía la monarquía austrohúngara. Mayer explicó que, por la normativa de esa época, quien emigraba sin permiso podía perder la nacionalidad, un dato que hoy condiciona a familias cuya salida ocurrió antes de ese año y reduce las chances de obtener el reconocimiento.
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La llamada Ley Reparadora es el núcleo que, desde 2022, modificó el panorama para descendientes vinculados a persecuciones del nazismo. Mayer recordó que hubo una norma previa en los años 80, pero exigía papeles difíciles de conseguir para personas que escaparon con lo puesto o perdieron todo. “Pero, en 2022, se sancionó una ley que está vigente y es mucho más generosa porque no necesita comprobar qué ancestro fue perseguido. Esta da por sentado de que si se fueron en esa fecha eran perseguidos por los nazis o tenían miedo”, sostuvo, y agregó que contempla también a quienes residían en Austria aunque no hubieran nacido allí.
El acceso a la ciudadanía se vincula, además, con beneficios sociales dentro del país europeo. “A partir del momento en que una persona recibe la nacionalidad austríaca tiene acceso a los apoyos sociales de nuestra nación”, afirmó Mayer, y mencionó como ejemplo el acompañamiento para personas mayores, con subsidios parciales destinados a cuidados y medicamentos, en un esquema que se aplica a quienes poseen la nacionalidad.
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En el mismo diálogo, el embajador describió que Austria busca atraer estudiantes y perfiles laborales en áreas específicas, con necesidades en salud, turismo y tecnología. Señaló que, para quienes no son ciudadanos de la Unión Europea, los permisos laborales no siempre llegan con facilidad, pero en profesiones demandadas el circuito puede simplificarse si se cumplen los criterios requeridos.
Sobre estudiar en Austria, Mayer indicó que el sistema universitario es público y que se abona un arancel semestral que “ronda los 380 euros”, con becas para quienes lo necesiten. En el caso de estudiantes extranjeros, el costo puede duplicarse respecto de un estudiante de la Unión Europea y ubicarse en torno a 1600 euros por año, aunque la dificultad mayor aparece en el sostenimiento diario, ya que, según explicó, como estudiante extranjero “no se puede trabajar”.
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El costo de vida y el sistema impositivo completan la ecuación para quienes analizan una mudanza. Mayer reconoció que la vida en Austria es cara y que los impuestos son altos, con una carga que puede oscilar, según ingresos, “entre el 20 y 50%”. A la vez, sostuvo que los salarios se ubican entre “2000 y 3000 euros” ya descontados los impuestos, y marcó como rasgo del mercado laboral la formalidad completa, sin informalidad.
Por último, el embajador describió a Viena como una ciudad bien posicionada en rankings de calidad de vida, con un entramado de servicios que incluye salud y educación sin pago directo. En su definición, el atractivo combina seguridad, movilidad y condiciones generales para vivir, estudiar y trabajar, aunque el idioma alemán aparece como requisito central para la mayoría de las carreras, con excepción de algunos posgrados dictados en inglés.
Fuente: LA NACION.

















