El precio récord del oro vuelve rentables minas medianas y reactivan proyectos en San Juan

Actualidad07/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
reviven minas
Pueden reactivar minas abandonadas.

La suba del oro cambia cuentas que durante años no cerraban y devuelve al centro de escena a proyectos que quedaron en pausa por falta de rentabilidad. En San Juan, ese fenómeno se traduce en reactivaciones concretas y en un modelo de minería de escala intermedia, con inversiones muy por debajo de los megaemprendimientos. La lógica se apoya en una combinación simple: precio internacional alto, costos acotados y activos que ya tienen parte de la infraestructura lista.

En ese marco, dos operaciones sanjuaninas vuelven a moverse en la segunda mitad de 2025: Casposo y Hualilán. No se trata de proyectos del tamaño de Veladero ni de los grandes depósitos de cobre, sino de minas con una dimensión menor que, con otro contexto de precios, vuelven a resultar atractivas. Esa escala permite tiempos de ejecución más cortos y un margen más manejable para inversores que no disponen de miles de millones de dólares.

El dato que empuja el interés es contundente: el oro registró un incremento anual del 65% en 2025, el mayor en 46 años, y cerró el período cerca de máximos históricos. Con ese nivel de precio, yacimientos que antes quedaban por fuera de la agenda de inversión pasan a ser viables, sobre todo si ya existe información geológica acumulada o instalaciones cercanas. La consecuencia práctica aparece en provincias con tradición aurífera: vuelven los planes para reabrir frentes de explotación y retomar actividad.


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La minería intermedia también abre una discusión sobre quién puede financiar este tipo de operaciones. A diferencia de los grandes proyectos, donde el capital suele venir de multinacionales, aquí el umbral de inversión baja y deja espacio para esquemas con mayor participación local. En esa dirección, el presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), Roberto Cacciola, planteó una mirada sobre eficiencia y control de costos: “En esta escala hay oportunidades gracias al volumen de dinero, pero también a que tienen un mayor entendimiento del marco local, el manejo ejecutivo y el control de costos permite ser más efectivos”.

La comparación de montos explica por qué se reactiva esta franja. Hualilán demanda una inversión estimada en u$s375 millones, una cifra elevada pero muy inferior a la de proyectos cupríferos que hoy se mueven entre u$s560 millones (PSJ) y más de u$s9.500 millones (El Pachón bajo RIGI). Esa distancia no es un detalle: define quiénes entran al juego, qué plazos se manejan y qué riesgos financieros se toleran. En términos de estructura, la minería de oro mediana permite un armado de capital diferente al de los “gigantes” del cobre.

El caso de Hualilán suma además un componente territorial que baja costos y facilita la puesta en marcha. El yacimiento operó desde finales del siglo XIX hasta los años ’80, con interrupciones, y ahora proyecta retorno con la australiana Challenger Gold, con expectativa de producción en 2026. Su ubicación, a 120 km de la capital sanjuanina, en Ullum y sobre la precordillera, reduce necesidades logísticas e infraestructura extra, un factor que en minería suele pesar tanto como la ley del mineral.


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Casposo, en Calingasta, muestra otra forma de reactivación: la de una mina que ya tenía instalaciones y dejó de extraer cuando el mineral rentable se agotó. Inició actividades en 2011 y frenó extracción en 2018, mientras Austral Gold sostuvo exploración hasta que en octubre de 2025 reinició operaciones. El punto distintivo aparece en el acuerdo con Hualilán: Casposo procesa mineral de Hualilán en sus instalaciones existentes, un mecanismo que aprovecha capacidad instalada y evita construir una planta desde cero.

Este escenario convive con un dato estructural del sector en Argentina: la minería metalífera sigue mayormente en manos extranjeras. En Santa Cruz, principal provincia aurífera y argentífera, seis empresas operan con capital foráneo, y solo Patagonia Gold mantiene participación nacional con unas 10.000 onzas anuales, frente a un total provincial de 700.000 a 800.000 onzas. En San Juan, Veladero, Gualcamayo y Casposo también dependen de inversores externos, mientras litio y cobre repiten el patrón con compañías de China, Australia, Francia o Reino Unido.

Durante años, además, la exploración se concentró en yacimientos grandes, los más atractivos para multinacionales, y dejó menos espacio para depósitos medianos. Ese sesgo redujo el menú de oportunidades para capitales locales y corrió el interés hacia proyectos de otra escala. Ahora, con precios altos y un empuje normativo, vuelven a aparecer interesados en inversiones del orden de u$s50 a u$s60 millones para operaciones rentables con producciones moderadas, según el esquema planteado en el texto.

Ese movimiento también puede abrir una ruta de negocios: la aparición de junior mineras argentinas que exploren, identifiquen depósitos viables y luego se asocien con jugadores internacionales. Países como Canadá, Australia y Chile consolidaron una industria con modelos de este tipo, donde la exploración inicial y la toma de riesgo temprano generan empresas especializadas. En Argentina, el resurgimiento de minas medianas en San Juan funciona como un caso de estudio de cómo cambia el mapa cuando el precio del oro vuelve a favorecer operaciones que antes quedaban relegadas.

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