
La presión tributaria cayó en 2025 a su nivel más bajo en casi dos décadas
Actualidad07/01/2026
REDACCIÓN
El año 2025 cerró con la menor presión tributaria nacional desde 2006, en un contexto donde el Gobierno mantuvo superávit fiscal por segundo año consecutivo. Las estimaciones privadas coinciden en que la baja respondió, principalmente, a cambios puntuales en impuestos de alto impacto, combinados con una política de contención del gasto que permitió sostener el equilibrio de las cuentas públicas.


De acuerdo con los cálculos de la consultora Outlier, la presión tributaria nacional se ubicó en 21,9% del PBI nominal, con un descenso de 1,2 puntos porcentuales respecto de 2024. Ese registro marca el nivel más bajo de los últimos 19 años y refleja un cambio significativo en la estructura de ingresos del Estado.
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Durante 2025, la recaudación total alcanzó $183 billones, equivalentes a unos US$145.000 millones, lo que implicó un incremento nominal del 39,4% interanual. Sin embargo, al considerar la inflación promedio anual estimada en 41,8%, el resultado muestra una caída real del 1,7%, un dato que expone el impacto concreto del alivio impositivo.
Uno de los factores centrales fue la eliminación del impuesto PAIS, que gravaba la compra de dólares y representaba 1,1% del PBI. A eso se sumó la reducción transitoria de retenciones al agro en agosto, en un contexto de tensión cambiaria posterior a las elecciones bonaerenses. Según Outlier, la recaudación por derechos de exportación cayó cerca de 16% en términos reales y su peso bajó a 0,9% del PBI, con una reducción de 0,2 puntos frente al año previo.
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Otro elemento que influyó en la menor carga fue la ausencia de ingresos extraordinarios, como los derivados de blanqueos de capitales o moratorias impositivas. Esa combinación explicó gran parte del retroceso en la presión tributaria, aunque no todos los impuestos siguieron la misma tendencia.
El informe privado señala que el alivio no resultó uniforme. Mientras algunos tributos perdieron participación, otros incrementaron su peso relativo para compensar la menor recaudación. Entre ellos se destacan los aportes a la Seguridad Social, que crecieron 0,4 puntos del PBI, y los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que sumaron 0,15 puntos, aplicados sobre nafta y gasoil.
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También mostraron aumentos los aranceles a las importaciones, que alcanzaron 0,8% del PBI, y el impuesto al cheque, con 1,7%, impulsados por un mayor dinamismo de sus bases imponibles en relación con el crecimiento de la economía. Estos incrementos amortiguaron parcialmente la caída generada por la quita de otros tributos.
En sentido contrario, el IVA y el impuesto a las Ganancias, dos de los pilares del sistema tributario, redujeron su presión específica. El IVA representó 7,3% del PBI y Ganancias 4,4%, afectados por un desempeño de la actividad económica que quedó por debajo del crecimiento nominal del producto.
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Desde una mirada académica, el economista Nadin Argañaraz, director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, señaló que una reducción sostenida de impuestos requiere continuar ajustando el peso relativo del gasto público y coordinar ese proceso entre Nación, provincias y municipios, para que el gasto consolidado siga perdiendo participación en la economía.
En paralelo, la consultora LCG proyectó que, una vez agotado el efecto de la eliminación del impuesto PAIS y la baja de alícuotas de Bienes Personales, la recaudación tributaria de 2026 podría alcanzar $242 billones, con una leve caída real anual estimada en 0,5%, lo que anticipa un escenario de mayor exigencia para sostener el equilibrio fiscal.
Fuente: LA NACION.
















