Especialistas advierten que la depresión puede afectar hasta al 5% de los adolescentes

Actualidad13/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Depresión en la adolescencia
Depresión en la adolescencia

La depresión es una enfermedad frecuente y seria que impacta de manera directa en la vida cotidiana, al interferir con el descanso, el estudio, la alimentación y los vínculos. No responde a una única causa, sino a una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos, y puede presentarse en distintas etapas de la vida, incluida la adolescencia.

En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, especialistas pusieron el foco en los adolescentes, una población donde el padecimiento muchas veces queda invisibilizado o se confunde con malestares propios de la edad. Desde el ámbito de la salud insisten en escuchar sin prejuicios, fortalecer la empatía y articular acciones entre familias, escuelas y el sistema sanitario, ya que con atención oportuna la recuperación resulta posible.


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Algunos jóvenes atraviesan un sufrimiento profundo y persistente que no se limita a una tristeza transitoria. En esos casos, se trata de depresión y requiere el mismo nivel de seriedad que cualquier otra enfermedad, con evaluación profesional y seguimiento adecuado.

Según explicó la Valeria El Haj, “la depresión puede afectar entre el 3,4 % y el 5 % de los adolescentes, aunque se estima que la cifra real podría ser mayor”. La especialista advirtió además que “muchos no logran poner en palabras lo que les pasa o no se animan a pedir ayuda por miedo, vergüenza o la idea de que nadie los va a entender. Eso retrasa el diagnóstico y prolonga el sufrimiento”.


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En esta etapa, el cuadro depresivo no siempre aparece como tristeza visible. Puede manifestarse a través de irritabilidad constante, aislamiento, bajo rendimiento escolar, alteraciones del sueño o la alimentación, molestias físicas frecuentes o el abandono de actividades que antes generaban interés. Aunque no siempre se verbalice, el dolor emocional está presente.

Desde Ospedyc, El Haj remarcó que “para quienes la atraviesan, incluso las tareas más simples pueden sentirse imposibles” y aclaró: “Levantarse, concentrarse o hablar con alguien puede vivirse como un esfuerzo enorme. No es falta de voluntad: es una enfermedad de origen multifactorial, donde influyen factores biológicos, emocionales, familiares y sociales”.


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La presión académica, la autoexigencia, la exposición permanente a comparaciones en redes sociales, situaciones de bullying, conflictos familiares o pérdidas afectivas pueden actuar como desencadenantes. En ese sentido, la detección temprana resulta central, y la escuela suele ser uno de los primeros espacios donde aparecen señales de alarma, con mejores resultados cuando existe trabajo conjunto con la familia.

La consulta médica constituye otro eje fundamental. El primer contacto suele darse con pediatras o médicos de atención primaria, quienes evalúan los síntomas y derivan a salud mental cuando corresponde. Los tratamientos con mayor respaldo incluyen terapias psicológicas y, en algunos casos, medicación indicada por profesionales especializados. La mejoría no ocurre de inmediato, pero es posible con continuidad y sostén.


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En el caso de las personas mayores, la depresión continúa subdiagnosticada, en parte porque se expresa de manera diferente. Emilce Schenk explicó que “en las personas mayores, la depresión muchas veces se expresa a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o dificultades para dormir, que suelen interpretarse como parte natural del envejecimiento”, lo que puede retrasar el acceso a tratamientos adecuados.

Desde Centro Hirsch subrayan que la depresión no forma parte normal del envejecimiento. Schenk señaló que “cuando se la reconoce y se la aborda de manera adecuada, es posible reducir los síntomas, mejorar la función cognitiva, acompañar las enfermedades físicas y favorecer una mejor calidad de vida”.


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La soledad y el aislamiento social también inciden de forma directa. La psicóloga Sofía Skrobak diferenció ambos conceptos al explicar que “la soledad es una experiencia subjetiva de sentirse desconectado emocionalmente, mientras que el aislamiento social es la ausencia objetiva de vínculos o interacciones. Ambos pueden afectar profundamente a las personas mayores”.

Las pérdidas, los duelos y los cambios de roles propios de esta etapa vital impactan en la salud emocional. Skrobak precisó que “en la vejez se duelan no solo personas queridas, sino también el cuerpo, la autonomía, los roles sociales y los proyectos. Estos procesos requieren un entorno que acompañe, valide y ayude a resignificar”, con el objetivo de sostener vínculos y calidad de vida.

Fuente: NA.

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