
Península Valdés: cuando el acceso se achica, el turismo siente que pierde parte de su identidad
Chubut15/01/2026
REDACCIÓN
El turismo no se construye solo con atractivos naturales ni con estadísticas de visitantes. También se sostiene en una relación cotidiana entre quienes habitan el lugar, quienes trabajan en él y quienes llegan a conocerlo. Desde esa perspectiva, el presidente de la Asociación de Guías de Turismo de Chubut, Jorge Piñau, planteó una preocupación que excede cualquier episodio puntual y se vincula con la manera en que el territorio se vuelve, de a poco, menos accesible.


En una entrevista por El Quinto Poder, Piñau explicó que para quienes viven del turismo la posibilidad de circular, mostrar y recorrer forma parte de una identidad construida durante décadas. Cuando esos espacios se reducen, el impacto no se mide solo en ingresos. Se traduce en una sensación de pérdida que atraviesa lo laboral, lo emocional y lo cultural.
OTRAS NOTICIAS:
El dirigente remarcó que existen lugares que durante años funcionaron como parte natural de los recorridos, integrados a la experiencia del visitante y a la vida de la comunidad. En ese sentido, expresó con claridad el sentimiento compartido por muchos trabajadores del sector: “ir teniendo menos espacios, menos lugares a los cuales acceder nos duele, nos pone tristes.” La frase no apunta a una coyuntura, sino a un proceso que se percibe acumulativo.
Para los guías, el territorio no es solo un escenario. Es una herramienta de trabajo y, al mismo tiempo, un patrimonio afectivo. Piñau recordó que la Península Valdés ocupa un lugar central en ese vínculo, no solo por su reconocimiento internacional, sino porque representa el núcleo histórico del turismo regional. “El atractivo más fuerte históricamente sigue siendo Península Valdés”, afirmó, al describir la relación entre paisaje y comunidad.
Ese vínculo se ve tensionado cuando los espacios disponibles se reducen o se fragmentan. El referente comparó la situación con experiencias pasadas, como la pérdida de acceso a Punta Delgada, un sitio que quedó fuera del circuito habitual hace años. Según explicó, esos antecedentes refuerzan la preocupación actual, porque cada restricción deja una marca duradera en la oferta turística y en la memoria colectiva.
OTRAS NOTICIAS:
El impacto se amplifica en un contexto económico complejo. Piñau señaló que el sector viene de dos temporadas flojas, lo que vuelve más sensible cualquier cambio que limite recorridos o actividades. Sin dramatizar, describió una realidad concreta: “no estamos en una situación cómoda”, dijo, al referirse al presente de los guías y de quienes dependen de la actividad turística.
La dimensión laboral también aparece con fuerza. En la zona existen alrededor de 350 guías empadronados, a los que se suman choferes, agencias y prestadores vinculados a cada salida. Piñau recordó que el turismo representa una de las principales fuentes de ingreso para Puerto Madryn y que su impacto se extiende a localidades como Trelew, Rawson y Gaiman. La reducción de espacios visitables, explicó, repercute en toda esa red.
Más allá de lo económico, el presidente de la Asociación puso el acento en la experiencia del visitante. Desde su mirada, menos lugares abiertos implican recorridos más acotados y una percepción distinta del destino. Los guías, señaló, son quienes reciben de primera mano esas reacciones y quienes deben explicar por qué ciertos sitios ya no forman parte del circuito habitual.
OTRAS NOTICIAS:
En ese marco, Piñau propuso mirar el problema a largo plazo y no solo como una sucesión de episodios. Consideró necesario avanzar hacia acuerdos claros y sostenidos en el tiempo entre el Estado y propietarios privados dentro de áreas de uso turístico. Para el sector, esos convenios permitirían previsibilidad y evitarían que el acceso dependa de decisiones cambiantes.
El dirigente subrayó que los guías pueden aportar una mirada técnica valiosa en ese proceso. Lo explicó desde su rol cotidiano: “somos los que estamos en terreno constantemente y los que estamos en contacto directo con el visitante.” Esa experiencia, sostuvo, permite evaluar cómo se usa cada espacio, qué condiciones necesita y cómo compatibilizar disfrute y conservación.
OTRAS NOTICIAS:
La preocupación de fondo no apunta a un conflicto puntual, sino a la preservación de una relación histórica con el territorio. Para quienes trabajan en turismo, cada espacio que se pierde deja una huella que no siempre se recupera. En palabras de Piñau, el pedido es simple y persistente: “queremos que haya más espacios para poder disfrutar y poder mostrar el atractivo local.”








La NASA registra humo y focos de calor en Los Alerces y preocupa el alerce milenario








