Hablamos con Hugo Varela antes de su presentación en Puerto Madryn este fin de semana

Otros Temas15/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Hugo Varela
Hugo Varela

Hugo Varela regresará a Puerto Madryn con un espectáculo que combina números conocidos y material nuevo, pero la charla radial sumó un costado menos habitual: el artista describió cómo piensa la creatividad por fuera del escenario. En la entrevista con La Segunda Mañana por #LA17, se mostró entusiasmado con la ciudad y con la posibilidad de llegar antes para recorrerla, además de abrir la puerta a una visita a la radio. “Tengo muchas ganas, muy contento de ir a Puerto Madryn, que siempre tanto estoy yendo”, dijo, marcando que no se trata de una visita aislada.

En el intercambio aparecieron los clásicos de su universo, desde la corbata “rojo punzó” hasta su humor descontracturado sobre las ballenas, con la complicidad del equipo al aire. Varela jugó con los códigos del programa y con una presentación que ya nació como separador, cuando imitó un sonido improvisado: “Inventó una trompeta… lo único que he conseguido no tengo ningún elemento acá”. Ese arranque funcionó como síntesis de su estilo: construir con lo que hay, aun en un estudio, aun en un llamado telefónico.


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El tramo más sustancioso llegó cuando explicó en qué ocupa su cabeza fuera del circuito de funciones. Contó que trabaja en un texto propio, difícil de clasificar, más cercano al ensayo que a una autobiografía. “Estoy escribiendo como una especie de ensayo, un libro, no sé”, expresó, y aclaró que su interés no se limita al humor sino a un tema más amplio: “me estoy metiendo en un tema que me está apasionando, que tiene con la creatividad, pero no solamente con el humor, sino en general”.

Para argumentarlo, se corrió del lenguaje del artista y se metió en ejemplos cotidianos, de cocina y de taller, donde la creatividad aparece como recurso práctico. “Me di cuenta que está metido en toda nuestra vida cotidiana”, sostuvo, y lo explicó con imágenes bien de barrio: “cuando uno se mete en la cocina… hay huevo, un poco de jamón y empieza la creatividad”. La idea de fondo, en su mirada, tiene un origen social y material, lejos de una definición romántica: “la creatividad de algún modo, el origen en general es la carencia”, afirmó.


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Esa lectura también la vinculó a la identidad argentina, como mezcla cultural y como manera de resolver lo cotidiano. “El argentino es creativo básicamente”, dijo, y sumó una explicación apoyada en el cruce de inmigraciones: “venimos de tantas razas que se han juntado acá”. En esa línea, remató con otra imagen fuerte, a modo de autoironía colectiva: “terminamos siendo tipo perros callejeros los argentinos”, para luego reivindicarlo sin vueltas: “el perro callejero es el mejor perro del mundo”.

Cuando la conversación volvió al escenario, Varela describió un rasgo central de su show: la búsqueda deliberada de participación, movimiento y sorpresa. “Me encanta cuando me encuentro con el público. Me encanta hacerlos participar, moverlos, sacarlos de la rutina”, explicó, y definió su intención como una manera de interrumpir lo habitual. En esa lógica, sostuvo que disfruta cuando alguien se descubre haciendo algo que no imaginaba: “que se sorprendan haciendo cosas que no pensaban que iban a hacer”.

También se detuvo en un punto que suele aparecer en artistas con repertorio instalado: la tensión entre lo nuevo y lo que el público exige volver a ver. Varela lo habló sin solemnidad, como observación sobre la conducta humana. “He descubierto que la gente tiene esa cosa del niño que quiere que le cuenten el cuento que conoce”, expresó, y reconoció que esa demanda organiza su selección de números: “hay temas que los tengo que hacer”. Incluso relató qué pasa cuando no ocurre: “algunas veces no lo pidieron y me fui… se quedaron como raros”, dijo, describiendo esa sensación colectiva de “faltó algo”.


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En otro tramo, el humor se mezcló con una idea que sostuvo durante varios minutos: la relación entre edad, energía y escena. Ante la pregunta directa, respondió con un giro propio de época. “Me estoy manejando ahora con la autopercepción. Yo me autopercibo de 25 años”, lanzó, y defendió esa postura como decisión artística: “hago las cosas que se supone que haría un pibe de 25 años”. Para Varela, el escenario modifica el cuerpo y la percepción, al punto de habilitar gestos impensados en la vida diaria. “Uno se sube al escenario y es como que ocurren cosas medio milagrosas”, comentó, sin convertirlo en discurso grandilocuente, más bien como una observación práctica de alguien curtido.

La entrevista también permitió asomarse a su formación, con un recorrido que mezcla música, arquitectura, teatro y mimo. Varela recordó un inicio temprano con bandas y temas propios: “tuve un grupo de rock, los Teen Dovers, cuando tenía 16 años, y ya hacíamos temas propios”. Luego enumeró etapas de estudio y búsquedas personales que apuntalaron esa inquietud, como una constancia más que como un accidente: “siempre metido en actividades que tenían que ver con la creatividad”.


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Al hablar de qué apareció primero, si el humor o la música, llevó la respuesta al terreno familiar. Describió una casa donde el humor se celebraba y la música circulaba como un lenguaje temprano. “Mi viejo… tocaba un poco guitarra, fue el primero que me pasó algunos acordes”, recordó, y sumó otra escena: “me leyó el Martín Fierro, yo era un chico de 6 años”. También mencionó el estilo de su madre: “mi vieja tenía un humor porteño muy ácido”, y cerró esa idea con una frase directa que condensó el clima hogareño: “como que el humor estaba bien visto”.

El anclaje local apareció con fuerza hacia el final, con el mensaje de una oyente que aportó una anécdota de hace décadas, vinculada a una noche en un boliche donde el show cambió por la presencia de dos nenas. Varela no afirmó recordarlo, pero respondió con un comentario que dejó la puerta abierta al archivo personal y a la memoria pública: “qué cosas habré hecho… para el próximo libro, las cosas que hice y no me acuerdo”.

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