

La Fundación Ángeles de Cristal, con sede en Trelew, inició el año con dificultades para sostener las terapias que brinda a personas con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista. La situación surge tras la reducción de horas y la imposición de nuevos requerimientos administrativos que, según explican desde la institución, no fueron informados con anticipación y afectan el funcionamiento cotidiano del espacio.
En diálogo con el programa #MODO17 por #LA17, Cristina Seco, referente y directora de la fundación, explicó que el inicio del ciclo de trabajo quedó condicionado por decisiones que no surgieron de un proceso consensuado. “Arrancamos el año con intención de trabajar, pero nos encontramos con que no hubo aprobación de las terapias y con requerimientos que no corresponden”, señaló, al describir el escenario con el que se encontraron en enero.
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Desde la institución aclararon que la situación no responde a una medida provincial ni nacional directa, sino a la aplicación de criterios administrativos que impactan sobre la práctica diaria. Seco recordó que la normativa vigente establece la libre elección de prestadores y fija al nomenclador como un piso mínimo. “El valor del nomenclador es una base desde la que se parte, no un techo”, explicó, al referirse a los costos necesarios para sostener servicios básicos como electricidad, gas, conectividad y honorarios profesionales.
Durante la entrevista, la directora volvió a explicar qué implica el Trastorno del Espectro Autista desde una perspectiva pedagógica y no médica. “No es una enfermedad, es una condición”, remarcó, al detallar que se trata de un modo diferente de organización del cerebro desde el nacimiento. Esa diferencia se manifiesta en el desarrollo y requiere estrategias específicas de enseñanza y acompañamiento.
Seco profundizó en cómo se produce el aprendizaje en personas con autismo y por qué la continuidad resulta determinante. “Una persona con autismo no aprende por ensayo y error, necesita ver el modelo correcto y repetirlo”, explicó. Ese proceso involucra funciones como atención, planificación, memoria de trabajo y flexibilidad, aspectos que se abordan de manera progresiva y personalizada.
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Uno de los puntos centrales del abordaje que realiza la fundación es el trabajo conjunto con las familias. “Una hora de terapia sola no funciona si no hay un sostén familiar”, afirmó Seco. Por ese motivo, en muchos casos las madres o padres participan de los encuentros para poder replicar en el hogar lo que se trabaja en el consultorio, desde actividades básicas hasta aprendizajes más complejos.
La interrupción o reducción de tratamientos genera efectos directos sobre esos procesos. “Cuando se suspende una terapia, el aprendizaje queda detenido”, explicó la directora. Cada habilidad requiere tiempos distintos según la persona, y la falta de continuidad obliga, en muchos casos, a retroceder y volver a comenzar etapas que ya estaban en marcha.
Como ejemplo, Seco describió el proceso de adquisición de nociones básicas como números y letras. “Primero diferenciamos símbolos, después los nombramos y recién después trabajamos la noción de cantidad”, detalló. Ese recorrido puede llevar semanas o meses, y depende de materiales variados, contextos de juego y repetición constante, algo que no se logra sin estabilidad en los tratamientos.
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La situación actual también impacta en el equipo profesional. Según explicó Seco, hay pagos atrasados y honorarios que no alcanzan para sostener la estructura. “Todavía no nos pagaron octubre y noviembre, y diciembre se trabajó igual”, afirmó. En su caso personal, incluso destinó ingresos propios para cubrir servicios de la fundación.
Otro punto que remarcó es el rol del sistema educativo. “La escuela es la que tiene que bajar las barreras”, sostuvo, al recordar que la inclusión no puede recaer sobre la persona con autismo, sino sobre quienes enseñan. “Si no puede de esta forma, hay que buscar otra forma”, resumió, al definir el enfoque que guía el trabajo institucional.
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Desde Ángeles de Cristal sostienen que el problema no es la evaluación ni la revisión de prácticas, sino la falta de diálogo previo. “No nos llaman a reunirnos para hablar, nos llaman para darnos órdenes”, expresó Seco, quien además denunció situaciones de maltrato institucional. La fundación, aclaró, tiene toda su documentación en regla y cumple cada año con los trámites exigidos.
Mientras se buscan alternativas de financiamiento para retomar la actividad, la institución permanece sin tratamientos activos. “Este mes no pudimos trabajar con los chicos”, señaló Seco, y anticipó que seguirá informando sobre la evolución del conflicto. La preocupación central, insistió, es el impacto directo sobre las personas y las familias que dependen de esos espacios de acompañamiento

















