
La Fiesta de la Cereza incorpora una franja horaria pensada para un disfrute sensorial cuidado
Turismo17/01/2026
REDACCIÓN
Las fiestas populares suelen construirse a partir de estímulos intensos, con música alta, luces permanentes y una circulación constante de personas. Para muchos públicos, ese clima resulta parte del atractivo, pero para otros se convierte en una barrera que impide permanecer, recorrer o simplemente disfrutar del espacio compartido.


En ese contexto, la Hora Azul aparece como una propuesta que modifica la lógica tradicional del evento al incorporar una franja horaria pensada desde la experiencia sensorial. No se trata de agregar una actividad más, sino de adaptar el entorno para que determinadas personas puedan participar sin exponerse a situaciones que generen sobrecarga.
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Durante este espacio, que se desarrollará este domingo de 10 a 14 horas, la Fiesta de la Cereza ofrecerá un recorrido distinto. La reducción de sonidos fuertes, música constante y luces intensas permite que el paseo se vuelva más previsible, algo central para niños, niñas y personas con autismo o hipersensibilidad sensorial.
La iniciativa no apunta a cambiar el perfil general de la celebración, sino a habilitar una experiencia diferente dentro del mismo evento. Para muchas familias, este tipo de adaptación marca la diferencia entre poder asistir o quedar excluidas de una fiesta que, de otro modo, resulta inaccesible.
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Quienes atraviesan dificultades sensoriales suelen enfrentar limitaciones cotidianas en espacios masivos, donde no existen pausas ni alternativas. En ese sentido, la Hora Azul funciona como un gesto concreto que reconoce esas realidades y propone una respuesta práctica, sin aislar ni segmentar al público.
La posibilidad de recorrer los stands, caminar el predio y compartir la celebración en un clima más calmo también impacta en el vínculo con la comunidad. La fiesta deja de ser un espacio ajeno para transformarse en un lugar donde todas las personas pueden sentirse parte, aunque sea durante un tramo específico del día.
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Este tipo de propuestas pone en discusión cómo se diseñan los eventos públicos y qué modelos de participación se priorizan. La inclusión, en este caso, no aparece como un discurso abstracto, sino como una decisión organizativa que se traduce en cambios visibles dentro del funcionamiento de la fiesta.
La Hora Azul no reemplaza la dinámica habitual del evento ni busca imponer una única forma de disfrute. Convive con el resto de la programación y amplía las posibilidades de acceso, demostrando que pequeñas modificaciones pueden generar impactos reales en la experiencia de quienes asisten.
Así, la Fiesta de la Cereza suma una dimensión social que trasciende la agenda cultural y abre el debate sobre cómo pensar celebraciones más accesibles. La adaptación de los espacios no elimina la identidad del evento, pero sí redefine quiénes pueden vivirlo plenamente.















