

Marcelo Gallardo llega a los 50 años como uno de los grandes ídolos de River, tanto dentro como fuera del campo de juego. Su nombre es sinónimo de compromiso y excelencia. La fecha es un homenaje a su carrera y a su influencia en el fútbol argentino.


Desde Merlo hasta los estadios más importantes de Europa, su trayectoria fue un camino de superación constante, que lo llevó a brillar en Mónaco y PSG. Allí mostró inteligencia táctica y disciplina profesional. Esa experiencia europea luego marcó su estilo como entrenador.
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Su paso por la Selección Argentina consolidó su carácter y manejo de presión, participando en dos Mundiales y siendo referente en las eras de Passarella y Bielsa. Aprendió a gestionar exigencias nacionales. Esa seriedad trasladada a River se convirtió en un estándar para sus dirigidos.
Como jugador en River, debutó a los 17 años y mostró un talento que trascendió fronteras, combinando elegancia y creatividad. Luego de la experiencia europea, volvió con mayor madurez. Su liderazgo empezó a gestarse desde entonces.
Cuando regresó como entrenador en 2014, River buscaba reencontrarse con su identidad, y Gallardo transformó el club desde lo cultural y lo deportivo. Su llegada no fue un regreso nostálgico. Fue el inicio de una revolución moderna y audaz.
Potenció a jóvenes de la cantera y recuperó jugadores cuestionados, logrando un equipo que combinaba historia y despliegue físico. Su disciplina convirtió a Ezeiza en un centro de alto rendimiento. River volvió a ser “el equipo a vencer”.
El momento cúspide llegó en la final de la Copa Libertadores 2018 en Madrid, donde River derrotó a Boca ante la adversidad. Su mensaje de “que la gente crea” se convirtió en un mantra. Ese triunfo marcó su estatus como técnico de élite a nivel mundial.
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La conexión con los hinchas se profundizó tras esa victoria, consolidando un vínculo de confianza y admiración. La coherencia entre palabras y resultados cimentó su leyenda. Gallardo se transformó en un referente intocable para la afición.
Hoy, con 50 años, su legado es visible en cada rincón del Monumental, desde la estatua de bronce hasta el estilo de juego que imprimió al club. Su figura trasciende resultados: representa identidad y dignidad. El respeto hacia él es unánime dentro y fuera de Argentina.
El futuro del “Muñeco” sigue siendo una incógnita, pero su impacto ya es imborrable. Sea que continúe en Núñez o explore nuevas fronteras, su huella quedará marcada para siempre. Gallardo celebra medio siglo con ambición y reconocimiento mundial.













