
Preparan el homenaje a los bomberos caídos en 1994 y que siguen dando sentido al servicio voluntario
Chubut19/01/2026
REDACCIÓN
A más de tres décadas del incendio de 1994, la conmemoración pone el acento en el cuidado del cuerpo activo, la formación y el legado cotidiano que atraviesa generaciones bomberiles.


En Puerto Madryn, el recuerdo de los 25 bomberos voluntarios fallecidos en 1994 no queda anclado en una fecha del calendario. La ciudad vuelve a reunirse el miércoles 21 de enero para conmemorar el Día del Mártir Bombero Voluntario, pero el sentido de la jornada se apoya en una idea que atraviesa a la institución durante todo el año: la memoria como acción presente.
La convocatoria incluye dos momentos simbólicos que se repiten cada año y que forman parte del paisaje urbano y emocional de la ciudad. A las 8:30 el encuentro será en el Monumento del Bombero Alado, en Plaza San Martín, y a las 9:30 en el Monumento Gloria a las Víctimas del Viento y del Fuego, en el barrio Mapu Ngefu. Allí confluyen familiares, ex bomberos, integrantes del cuerpo activo y delegaciones de distintos puntos del país.
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Más allá del acto, la conmemoración ocupa un lugar singular dentro del sistema bomberil argentino. El incendio de 1994 permanece como el hecho más significativo de la historia bomberil nacional, no solo por la magnitud de la tragedia, sino por el impacto que dejó en la identidad institucional y en la forma de pensar el servicio voluntario.
Ese legado atraviesa historias personales como la de Darío Arcajo, actual tesorero de la Asociación Bomberos Voluntarios de Puerto Madryn, ex bombero y hermano de Mauricio Arcajo, uno de los 25 fallecidos. Tenía 16 años cuando ocurrió el incendio y, dos meses después, decidió incorporarse al cuerpo activo, donde prestó servicio durante más de una década.
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Desde ese recorrido, Arcajo explica que el vínculo con la memoria fue cambiando con el paso del tiempo. “No los recuerdo desde la pena, sino desde la emoción de haber entendido, con el tiempo, qué era lo que ellos sentían”, señala, al describir cómo el recuerdo se transformó en una forma de compromiso sostenido.
En esa mirada, la memoria no se limita al homenaje ni a la evocación. Se expresa en decisiones concretas que atraviesan la vida diaria del cuartel, desde la organización interna hasta las prioridades institucionales. “La memoria activa es ser impecables en el presente, cuidar a los nuestros y darles las mejores herramientas”, afirma Arcajo.
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Ese concepto se traduce en capacitación permanente, atención a la seguridad operativa, inversión en equipamiento adecuado y cuidado del tiempo que cada bombero ofrece de manera voluntaria. La memoria, en este sentido, aparece ligada a la responsabilidad de que quienes hoy integran el cuerpo activo cuenten con condiciones que acompañen su tarea.
A más de tres décadas del incendio, la institución sostiene una línea de trabajo que busca acompañar a las familias, mantener el lazo con ex bomberos y transmitir el significado de lo ocurrido a las nuevas generaciones que se incorporan al cuartel. El recuerdo se vuelve así un puente entre pasado y presente.














