
El buceo como memoria viva y práctica ambiental en el fondo marino de Puerto Madryn
Turismo20/01/2026
REDACCIÓN
La propuesta de un arrecife artificial abre una conversación más amplia sobre conservación, historia subacuática y el rol de los buzos en una ciudad que construyó su identidad bajo el agua.

Puerto Madryn sostiene desde hace décadas una relación profunda con el mar que va más allá del paisaje. La actividad subacuática forma parte de su identidad, de su historia turística y también de una práctica comunitaria que se transmite entre generaciones. En ese entramado, el buceo recreativo aparece no solo como experiencia deportiva, sino como una forma concreta de vínculo con el fondo marino.
Desde esa perspectiva se inscribe la mirada de Patricio “Pato” Cartelli, buzo con más de 25 años de experiencia, quien propone pensar el presente del buceo local a partir de una responsabilidad ambiental creciente. En diálogo con #LA17, explicó que en el mundo las tendencias del buceo recreativo comenzaron a correrse hacia la conservación y la restauración de arrecifes, incluso en regiones donde no existen corales.
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“Hace unos diez años hablábamos de microplásticos, hoy el foco está puesto en la restauración y la conservación”, señaló Cartelli, al describir un cambio global en la forma de relacionarse con el ambiente subacuático. Esa transformación también interpela a Puerto Madryn, reconocida oficialmente como Capital Nacional de las Actividades Subacuáticas.
El proyecto del arrecife artificial Restingas Parque Malevo Medina se inscribe dentro de ese proceso más amplio. No se trata solo de sumar un nuevo parque de buceo libre, sino de replicar de manera controlada el fondo rocoso patagónico, con estructuras de hormigón marino ecológico que no generan impacto negativo sobre el ambiente.
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“Estamos copiando el fondo que tenemos acá, las restingas, para que sea de libre acceso y monitoreable”, explicó Cartelli. Las estructuras fueron diseñadas a partir de un trabajo científico desarrollado por un investigador del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), que además participará del monitoreo posterior de las comunidades bentónicas que se desarrollen en el lugar.
La propuesta introduce un cambio de lógica respecto de experiencias previas. En la historia del buceo local existieron arrecifes artificiales construidos con materiales metálicos o estructuras reutilizadas, como micros de larga distancia o esculturas, que con el tiempo se degradaron o perdieron funcionalidad ambiental. “Hoy entendemos mejor cómo se conserva con el tiempo”, remarcó el buzo.
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Ese recorrido histórico también forma parte de la identidad subacuática de la ciudad. Cartelli recordó experiencias emblemáticas como el Arca, el Pastor de los Abismos y las primeras iniciativas colectivas que involucraron a la comunidad, con aportes simbólicos y participación ciudadana. “Son pequeñas cosas que, juntas, forjaron la historia del buceo en Madryn”, afirmó.
En ese sentido, el buceo aparece como una práctica que combina técnica, memoria y educación ambiental. “Esto no va solo por lo comercial, sino por mostrar cómo podemos colaborar desde la conservación”, sostuvo Cartelli, al plantear la necesidad de formar buzos con conciencia ambiental y compromiso a largo plazo.
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El proyecto también prevé una participación activa de buceadores certificados en distintas etapas, siempre bajo criterios de seguridad y capacitación. La idea es que el proceso sea compartido y observable, reforzando la noción de ecobuceo, una tendencia que gana espacio a nivel internacional.
Más allá de la obra puntual, la propuesta interpela a la ciudad sobre la necesidad de renovar experiencias sin perder identidad. “Si no generamos productos nuevos, el buceador se aburre y no vuelve”, advirtió Cartelli, al señalar que la innovación debe ir de la mano del cuidado ambiental y el respeto por el entorno.
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Así, el arrecife artificial funciona como excusa para una discusión más profunda. No se trata solo de sumar un atractivo, sino de pensar el buceo como práctica cultural y ambiental, en una ciudad donde el fondo marino también cuenta historias y construye pertenencia.

















