Comodoro paga el costo de haber urbanizado zonas prohibidas

Chubut21/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
comodoro desplaza
Los graves desplazamientos.

La crisis de inestabilidad que hoy mantiene en vilo a los barrios Médanos y Sismográfica no es el resultado de una fatalidad climática, sino de una política de ocupación territorial que desoyó las advertencias científicas durante años. El geólogo Fernando Locci expuso una realidad cruda que sacude los cimientos de la planificación en Comodoro Rivadavia: los informes técnicos del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) y los convenios con la Universidad local ya prohibían la urbanización de estas laderas. A pesar de contar con el conocimiento técnico que señalaba el riesgo inminente, las viviendas se elevaron sobre un equilibrio de fuerzas que hoy comenzó a ceder de forma inevitable.

La situación actual en el barrio Sismográfica representa un caso paradigmático de lo que el experto denomina la «urbanización de lo prohibido». Durante décadas, esta zona funcionó como un laboratorio a cielo abierto para estudiantes de geología, utilizado como el ejemplo perfecto de dónde no se debe construir. “Todo lo que estaba prohibido se hizo, y ninguna de las sugerencias se respetó”, sentenció Locci al analizar cómo la modificación del relieve y la falta de control sobre las redes de agua alteraron la base que sostenía los taludes, provocando que el suelo busque ahora un nuevo punto de reposo.

El fenómeno responde a una lógica física simple pero devastadora: al cortar el pie de una ladera para ampliar terrenos o desarrollar proyectos inmobiliarios, se elimina el soporte natural del sistema. Si a esa alteración mecánica se le suma la infiltración de agua por pérdidas cloacales, riego o filtraciones de redes, el terreno pierde fricción y comienza a desplazarse. Muchos vecinos de la ciudad convivieron durante años con pequeñas grietas en sus paredes, naturalizando un proceso lento que, ante cualquier evento disparador, puede acelerar hacia una catástrofe de pérdidas materiales totales.


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La preocupación técnica se extiende a la calidad de las obras públicas ejecutadas en el pasado reciente. El geólogo cuestionó proyectos que incluso contemplaban la construcción de reservorios de agua en sectores ya identificados como inestables, una decisión que calificó como un error grave. “En lugares donde hay que evitar el ingreso de agua, se proyectaban reservorios. Eso demuestra que no se aprendió de los estudios previos”, remarcó, señalando que la falta de integración de la geología en la planificación urbana obliga hoy a actuar sobre la emergencia y no sobre la prevención.

El escenario para el invierno de 2026 se presenta complejo, ya que la llegada de las lluvias funciona como un acelerador de la inestabilidad. El ingreso de agua líquida a través de las grietas ya existentes lubrica las superficies de deslizamiento, lo que podría generar nuevos movimientos en sectores laterales que aún parecen estables. Según el análisis de Locci, cuando una masa de tierra se desprende, libera tensiones que afectan a todo el entorno conectado, lo que exige un monitoreo constante de zonas aledañas como Marquesado para detectar variaciones diarias en el terreno.

El futuro de las familias evacuadas permanece en una zona de incertidumbre total. El regreso a las viviendas dependerá de estudios geológicos detallados que determinen si es posible estabilizar el suelo o si la zona debe ser declarada definitivamente inhabitable. La advertencia es clara: ignorar los condicionantes geológicos tiene un costo social y económico que la ciudad vuelve a pagar con la pérdida de hogares. La falta de cumplimiento estricto de las restricciones de uso del suelo transformó un riesgo conocido en una crisis habitacional que ahora demanda decisiones políticas urgentes y drásticas.


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La inestabilidad del terreno en Comodoro Rivadavia atraviesa uno de sus momentos más críticos, reavivando el temor de que otros puntos de la ciudad sufran procesos similares. El caso del barrio Castelli, donde el suelo avanzó desde el patio hacia el interior de una vivienda, es solo un recordatorio de que la problemática está extendida. Para los especialistas, la geología debe dejar de ser una consulta secundaria para convertirse en el eje central de cualquier crecimiento urbano, evitando que se sigan otorgando permisos en laderas que, por naturaleza, tienden al movimiento.

Finalmente, la responsabilidad de conocer el riesgo geológico ya no puede delegarse únicamente en el Estado, dado el historial de incumplimientos. La recomendación técnica insta a los ciudadanos a solicitar estudios particulares antes de invertir en zonas de ladera para conocer la situación real de sus terrenos. “La geología es un condicionante fundamental. Ignorarla nos lleva, una y otra vez, a pagar costos muy altos”, concluyó Locci, subrayando que la previsibilidad de estos eventos es lo que más duele en una ciudad que parece condenada a tropezar con la misma piedra geológica.

La emergencia actual obliga a una revisión profunda de cómo se proyecta el Comodoro del futuro. Mientras los geólogos evalúan el reacomodamiento de las masas de tierra en Médanos y Sismográfica, la sociedad reclama respuestas sobre por qué se permitió llegar a este punto. La respuesta parece estar en los expedientes archivados de hace veinte años, donde la ciencia ya decía que no, pero la urbanización dijo que sí. El suelo, hoy, simplemente está recuperando el equilibrio que nunca debió ser alterado por el hombre.

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