
Veronika, la vaca austríaca que sorprendió a la ciencia con el uso de herramientas
Otros Temas20/01/2026
REDACCIÓN
En un pequeño pueblo del sur de Austria, al pie de las montañas de Carintia, una vaca se convirtió en protagonista de un hallazgo científico inesperado. Veronika, una vaca marrón de 13 años que vive como mascota en una granja de Nötsch, fue observada utilizando objetos como palos, cepillos y rastrillos para rascarse distintas partes del cuerpo de forma diferenciada y precisa.

El comportamiento llamó la atención de Alice Auersperg y Antonio Osuna Mascaro, investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, especialistas en cognición animal. Tras analizar videos y realizar observaciones directas, confirmaron que no se trataba de un hecho aislado ni de una interpretación exagerada: Veronika estaba usando herramientas con un propósito claro.
El estudio, publicado el 19 de enero de 2026 en la revista Current Biology, describe lo que los científicos definieron como “uso de herramientas multipropósito”, una conducta que hasta ahora solo había sido documentada en chimpancés de África central y en humanos. En el caso de Veronika, los objetos no eran manipulados al azar, sino seleccionados según la parte del cuerpo que quería rascar.
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Durante varias semanas, Osuna Mascaro realizó cerca de 70 experimentos en la granja. Detectó que la vaca prefería usar el extremo del palo con cerdas, similar a una escoba, unas dos veces y media más que el mango. Con esa parte se rascaba la zona trasera y el lomo, usando movimientos amplios y firmes.
Sin embargo, el dato más llamativo surgió cuando los investigadores notaron que, en determinadas situaciones, Veronika elegía el mango del palo. Lejos de ser un error, lo utilizaba para rascar zonas sensibles como la ubre o el ombligo, con gestos más suaves y controlados. Esa diferencia en la elección del objeto fue clave para confirmar la intencionalidad del comportamiento.
“Simplemente asumimos que las vacas son animales poco inteligentes por ser ganado”, explicó Auersperg. El caso de Veronika pone en discusión esa mirada extendida y sugiere que la capacidad cognitiva de estos animales podría estar subestimada, más por falta de observación que por ausencia de habilidades.
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Los investigadores aclaran que no consideran a Veronika una excepción extraordinaria. La hipótesis es que otras vacas podrían mostrar conductas similares si vivieran más años y en entornos con mayor estimulación. La mayoría del ganado no alcanza los 13 años ni tiene acceso continuo a objetos con los que interactuar.
Ese punto resulta central para entender el fenómeno. Veronika no fue criada para la producción de leche o carne, sino como mascota familiar. Su dueño, Witkar Wiegele, explicó que la vaca pasó años experimentando con palos hasta perfeccionar su técnica. Una vida larga, sin estrés productivo y con contacto constante con personas y objetos, habría sido el contexto ideal.
El hallazgo abre nuevas preguntas sobre la inteligencia animal y el modo en que los humanos observan a las especies domésticas. Veronika no solo se rasca: obliga a repensar lo que creemos saber sobre las vacas y su capacidad de aprender, elegir y adaptarse.














