
Falleció por consumir agua contaminada con nafta por una filtración en su vivienda durante años
Policiales22/01/2026
REDACCIÓN
Un caso ocurrido en Paraná reveló cómo una contaminación con combustible afectó por años el agua de una vivienda y llegó a la Justicia tras una larga demora.


La historia de Graciela Inés Marizza permite reconstruir un daño silencioso que se extendió durante casi una década. Vivía en Paraná, llevaba una vida activa y no registraba antecedentes médicos relevantes, hasta que una contaminación doméstica comenzó a afectar su salud sin que nadie pudiera identificar la causa.
El deterioro apareció de forma gradual y desconcertante. Náuseas, mareos, migrañas persistentes y sangrado urinario marcaron un cuadro que se volvió cada vez más complejo, mientras los tratamientos no lograban explicar el origen del problema. Durante años, el entorno médico probó distintas hipótesis sin advertir que el factor desencadenante se encontraba en el agua que consumía a diario.
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El hallazgo llegó de manera casual y doméstica. Según relató su sobrina, “nos dimos cuenta haciendo ravioles”, cuando percibieron un gusto extraño. “Hasta ese momento no habíamos sentido que el agua de la casa tenía gusto a nafta. Y enfrente hay una estación de servicio, así que la cuenta fue fácil”, explicó en declaraciones públicas.
A partir de esa sospecha, comenzaron los análisis que aportaron datos concretos. Un estudio detectó presencia de plomo en sangre y derivó en un diagnóstico de hipersensibilidad química múltiple, que luego evolucionó hacia una neuropatía. La enfermedad ya había avanzado cuando se identificó el origen ambiental del daño.
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La intervención municipal permitió confirmar la causa. Una cuadrilla de la Municipalidad de Paraná rompió parte de la vereda y comprobó que los caños de agua estaban contaminados por combustible, producto de una pérdida en instalaciones subterráneas pertenecientes a una estación de servicio cercana.
El cuadro de salud se agravó con el paso del tiempo. El dolor se volvió constante e invalidante. “Sentía el roce de la sábana y le dolía. No podía caminar descalza, porque apoyaba el pie y sentía el dolor”, describió su sobrina, al explicar las limitaciones cotidianas que padecía.
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En 2022, los estudios neurológicos sumaron un dato decisivo. “Encontraron un daño cerebral que de pronto se hizo mayor y constante”, relató Sabrina, y agregó: “Sufría pequeños infartos cerebrales, silenciosos, que se daban todo el tiempo”. El profesional que la atendía señaló que “en su vida había visto algo así”, ante la falta de explicación clínica convencional.
Mientras la salud de Graciela se deterioraba, el camino judicial avanzaba con lentitud. La familia presentó demandas penales y civiles contra el dueño de la estación de servicio, pero la vía penal no prosperó y la investigación quedó postergada durante 13 años, según consta en el expediente.
Recién en julio del último año se obtuvo una sentencia de primera instancia que obligó a cubrir el tratamiento médico. “Obviamente apelaron. Mientras tanto, ella se estaba muriendo y nosotros nos hacíamos cargo de sus gastos”, explicó la sobrina. Antes del fallecimiento, hubo un intento de acuerdo económico que fue rechazado.
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El daño ya resultaba irreversible. Graciela murió en su casa tras meses de agonía. Para la familia, el eje no pasa por una compensación económica sino por responsabilidades. “Ella no sabía que la falta de mantenimiento de los tanques subterráneos la estaban envenenando”, afirmó Sabrina.
El cierre del relato resume la dimensión del caso. “Todos los días tomaba agua con nafta, se bañaba con agua con nafta, se lavaba los dientes con agua con nafta. Así durante 10 años”, sostuvo. El expediente continúa abierto y deja expuestas fallas sanitarias, controles tardíos y tiempos judiciales que acompañaron una contaminación prolongada.
Fuente: TN
















