Sumar microbios vivos a la dieta diaria se asocia con mejoras en la salud general

Actualidad22/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Microbiota intestinal (Foto: Freepik)
Microbiota intestinal (Foto: Freepik)

Durante gran parte de la historia humana, el contacto cotidiano con microorganismos formó parte de la vida diaria. La urbanización, el uso extendido de antibióticos y antisépticos, el aumento de cesáreas, una lactancia más corta y una dieta basada en ultraprocesados redujeron de manera marcada la exposición a microbios beneficiosos, con impacto directo en la diversidad de la microbiota intestinal.

Investigaciones recientes sostienen que incorporar microorganismos vivos a la alimentación se vincula con resultados positivos en la salud. Un trabajo publicado en Nutrients asoció un mayor consumo de microbios vivos con menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, mientras que otro estudio en mSystems observó que quienes consumen alimentos fermentados como yogur, kimchi, kefir, kombucha o chucrut presentan una microbiota más diversa, con mejoras en funciones inmunitarias y metabólicas.


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Desde el ámbito científico local, el investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional del Litoral, Gabriel Vinderola, explicó: “Consumimos cada vez menos microbios, y eso repercute en la diversidad de nuestra microbiota intestinal, con consecuencias en el desarrollo inmunitario y metabólico”. En la misma línea, remarcó que los fermentados permiten recuperar parte de ese vínculo perdido.

La médica Andrea González, jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. C. Bonorino Udaondo, sostuvo: “Los alimentos fermentados son una fuente accesible de microorganismos beneficiosos y constituyen una vía para reconectar con la naturaleza microbiana que hemos perdido”. Y agregó que el yogur natural ocupa un lugar destacado por su aceptación cultural y aporte nutricional.


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El yogur se produce por la fermentación de la leche con bacterias vivas —principalmente Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus— y algunos productos suman cepas probióticas. El pediatra gastroenterólogo Omar Tabacco afirmó: “El yogur es un producto de un elevado perfil nutricional por su aporte de calcio, proteínas y vitaminas, pero además agrega microorganismos vivos y, algunos, incluso determinados probióticos”.

Sobre la seguridad del alimento, Tabacco precisó: “Es absolutamente seguro, ya que se produce con leche doblemente pasteurizada y no representa ningún riesgo bacteriológico, ni siquiera si se interrumpe por algunas horas su cadena de frío estando el envase cerrado”, y destacó su utilidad en la vianda escolar por su estabilidad microbiológica.


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Una revisión publicada en Current Microbiology en 2025 concluyó que el consumo regular de leches fermentadas mejora la composición de la microbiota intestinal y aumenta la presencia de bacterias productoras de butirato, un ácido graso con propiedades antiinflamatorias. El butirato contribuye a la integridad de la barrera intestinal y se asocia con menor inflamación.

A diferencia de otros fermentados como el kefir, que puede contener pequeñas cantidades de alcohol, el yogur resulta más adecuado para infancias y poblaciones sensibles. Vinderola, integrante de PROFENI, señaló: “En nuestro país, el yogur es el fermentado más integrado culturalmente y el más aceptado en niños”.


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Los especialistas recomiendan consumo diario o, al menos, entre tres y cinco veces por semana. Un estudio en PeerJ estimó que las dietas occidentales actuales aportan muy pocos microbios vivos en comparación con dietas tradicionales basadas en fermentados.

La médica Noelia Rodrigues Cambao, también integrante de PROFENI, explicó: “Estamos redescubriendo que una parte significativa de la salud depende de mantener un diálogo constante con los microbios que nos rodean y que ingerimos; no se trata solo de lo que evitamos comer, sino de lo que decidimos incorporar”.


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Los efectos positivos no se limitan al aparato digestivo. Estudios recientes describen beneficios en salud mental, modulación del sistema inmune, prevención de afecciones respiratorias y de la piel y reducción de marcadores inflamatorios. González sintetizó esta mirada al afirmar: “La microbiota se comporta como un órgano más del cuerpo humano: su alimentación, mantenimiento y diversidad son esenciales desde los primeros años de vida”.

En paralelo, los especialistas plantean revisar el descarte de alimentos fermentados. Ante un desperdicio global que supera el 30 %, proponen discutir el uso de fecha de consumo preferente en productos estables como el yogur. El concepto de “dosis diaria de microorganismos vivos” gana espacio en la investigación nutricional y fue abordado en el encuentro Microbiota Buenos Aires 2025, organizado por PROFENI y la Universidad Nacional del Litoral.


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En palabras de Tabacco, el enfoque implica un cambio de mirada: “Debemos dejar de ver a todos los microbios como amenazas; la mayoría de ellos son nuestros aliados. Alimentarlos, protegerlos e incorporarlos mediante la dieta es una de las formas más simples y efectivas de cuidar nuestra salud”.

Fuente: NA.

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