
Una mujer minera de San Juan describe cómo la actividad transformó pueblos alejados
Enfoques25/01/2026
REDACCIÓN
Desde Jáchal, una trabajadora del sector relata su recorrido personal y plantea cómo el empleo minero permitió arraigo, capacitación y cambios visibles en comunidades con pocas alternativas laborales.
La voz de Eduvina Muñoz, trabajadora minera y vecina de Jáchal, aporta una mirada situada sobre una actividad que suele analizarse desde la distancia. Su recorrido no parte de una formación técnica heredada ni de una tradición familiar, sino de un contexto marcado por la escasez de oportunidades laborales en pueblos alejados de los grandes centros urbanos.
Según explicó en diálogo con "La Voz de la Meseta" por #LA17, su ingreso a la minería se dio cuando terminó la secundaria y comenzó a evaluar opciones de estudio que le permitieran trabajar sin abandonar su lugar de origen. “Antes de la minería era complejo, no hay muchas oportunidades, no hay muchas opciones para poder ingresar a otras actividades”, describió al referirse a la realidad previa de su comunidad.


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Muñoz contó que decidió capacitarse en prevención de riesgos, una formación que le permitió realizar prácticas y luego insertarse laboralmente en el sector. Ese proceso no estuvo exento de dificultades, sobre todo por el contexto laboral que encontró al inicio. “Empezar a trabajar en áreas donde solamente eran muy masculinizadas”, recordó, al señalar que el camino implicó adaptación y persistencia.
Con el tiempo, su experiencia laboral se consolidó en San Juan, cerca de su casa, algo que para ella resulta central. Vivir en departamentos alejados suele implicar migrar para estudiar o trabajar, una realidad que la minería, según su testimonio, permitió modificar. “La minería dio la posibilidad de poder quedarte en tu lugar y poder ejercer”, señaló.
Desde esa vivencia, trazó paralelos con la meseta de Chubut, una región que conoce por haberla recorrido. Para Muñoz, existen similitudes claras entre ambos territorios en términos de distancia, aislamiento y falta de alternativas laborales. “Sería una gran oportunidad para todas las personas que viven ahí que quizás no tienen una fuente de trabajo genuina y de calidad”, sostuvo al referirse a la posibilidad de actividad minera en esa zona.
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En su relato, la minería no aparece únicamente como empleo directo. También mencionó el impacto indirecto en la vida cotidiana de los pueblos. “Se construyeron escuelas, se construyeron caminos”, explicó, y sumó ejemplos vinculados a pequeños productores y comercios que comenzaron a proveer bienes y servicios a las empresas, generando un movimiento económico más amplio.
Muñoz también se refirió al debate social que rodea a la actividad. Reconoció la legitimidad de los reclamos ambientales cuando se basan en información y controles. “Estoy de acuerdo con el que exige controles de agua y supervisión”, afirmó, y marcó una diferencia con posiciones que, según su mirada, se sostienen sin fundamentos.
Otro eje de su testimonio tiene que ver con el lugar de las mujeres en la minería. Aseguró que el escenario cambió con los años y que hoy existen mayores niveles de participación femenina. “Hoy ocupan diferentes puestos y están cumpliendo diferentes roles dentro de la industria”, indicó, al mencionar tanto tareas administrativas como operativas y de campo.
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Consultada sobre las diferencias salariales por género, Muñoz habló desde su experiencia personal. “Cobrábamos exactamente lo mismo”, dijo al referirse a su trabajo y al de sus compañeros varones en funciones equivalentes, y aclaró que las variaciones salariales que conoció respondían a antigüedad o rol, no al género.
En su análisis sobre Chubut, volvió a remarcar el contraste entre la riqueza natural y la falta de opciones en los pueblos más alejados. “Recorría la meseta y veía gente que no tenía nada”, expresó, y vinculó esa situación a la migración constante de jóvenes hacia los centros urbanos por falta de oportunidades locales.
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Para Muñoz, la falta de información aparece como un factor determinante. “Por falta de información uno se opone y realmente por ahí se está perdiendo una gran oportunidad”, reflexionó, al considerar que el desconocimiento sobre cómo funciona la actividad influye en el rechazo social.
Su testimonio no se plantea como una consigna, sino como una experiencia personal. Desde su lugar, sostiene que el acceso al trabajo, la capacitación y el arraigo territorial pueden modificar realidades concretas, sobre todo en comunidades que hoy permanecen relegadas y con servicios básicos limitados.
















