
Doce horas a la deriva en Punta del Este: el operativo nocturno que no logró verlo
Actualidad25/01/2026
REDACCIÓN
Daniel Crisci, abogado argentino de 59 años, quedó varado en altamar durante unas 12 horas arriba de una moto de agua que dejó de funcionar, en una secuencia que mezcló frío, oscuridad cerrada y una deriva que lo corrió de su punto de partida. La reconstrucción del episodio, relatado por él mismo en televisión, permite mirar el hecho desde otro ángulo: no solo lo que vivió en la butaca de la moto, sino también qué condiciones hicieron que la noche se volviera un problema y cómo se movieron las fuerzas de búsqueda mientras él no veía nada.


El punto de arranque fue una salida de placer. Crisci contó que la moto era prestada y que se mantenía dentro de una zona donde todavía podía ubicar la costa, hasta que el motor se detuvo. “La moto es de un amigo y se la pedí para dar una vuelta. Yo estaba dentro de un radio que nos manejamos, donde yo veía perfectamente la costa, era un día bastante frío, se paró el motor y no tengo conocimientos mecánicos, no la pude arrancar, empecé a hacer señas, nadie me veía y la marea me empezó a llevar a Piriápolis, en media hora bajó el sol, empezó a oscurecer, el mar me llevaba cada vez más adentro…”, relató en C5N.
En ese momento, según su propio testimonio, el problema dejó de ser la moto y pasó a ser la falta de referencias. La noche, dijo, no le permitió calcular hacia dónde lo empujaba el agua ni cuánto se alejaba. “La noche es la peor oscuridad que te puedas imaginar. La peor oscuridad de mi vida. Una oscuridad consciente. No sabés dónde estás, para dónde vas, qué te va a pasar”, describió, y completó: “Cada segundo que te va pasando es infinito”. En su relato aparece una constante: la percepción de riesgo crecía porque el entorno no ofrecía señales.
Mientras tanto, en tierra se activó la búsqueda por un motivo reglamentario y por una ausencia que empezó a pesar con el correr de los minutos. El texto fuente indica que existe una regla que prohíbe a las motos de agua circular de noche y que, cuando se hicieron las 20 y no regresó, los responsables del lugar iniciaron una búsqueda inicial. Al no encontrarlo, a las 20.35 dieron aviso a la Armada, lo que marcó el inicio de un operativo formal que se extendió durante toda la madrugada.
OTRAS NOTICIAS:
Crisci no describe un mar “romántico”, sino un cuerpo que intenta no apagarse. Detalló que sintió miedo y que trató de evitar el pánico, con una estrategia práctica: abrigarse como pudiera y controlar la respiración para no quedarse quieto demasiado tiempo. “Yo no veía ni a un metro, encima no había luna. Había un viento muy fuerte con frío. Lo primero que se me ocurrió fue arrancar el tapizado de la moto para armarme un pequeño abrigo, y después con ejercicios de respiración, poner la mente en positivo y pensar en mis hijos y en la vida”, explicó.
En esa misma línea, afirmó que el control del cuerpo resultó determinante por una razón concreta: el frío. “Si no hubiese hecho eso me moría de hipotermia”, aseguró. En su descripción, lo físico y lo mental se tocan todo el tiempo, pero sin esoterismo: respiración, movimiento, foco en sostenerse arriba de la moto y evitar que una ola lo separe del único apoyo disponible en el agua.
La preocupación por la estabilidad aparece como uno de los detalles más repetidos de su testimonio. Recordó que el oleaje le cambiaba la orientación y que, sin referencias, la sensación era similar a estar en una máquina que lo levantaba y lo hundía. “Había un oleaje de dos metros, eran ondas que me subían y me bajaban y al no tener referencias era como estar en un lavarropas”, describió. Y también explicó cuál era su idea fija: “Mi preocupación era que no me den una vuelta campana”.
OTRAS NOTICIAS:
El operativo, en paralelo, sumó recursos que no alcanzaron para detectarlo en la oscuridad. Participaron embarcaciones neumáticas, lanchas de la Prefectura, unidades de Aviación Naval, un avión de patrulla marítima Beechcraft B200, un helicóptero de rescate AB-412 y un dron especializado para vigilancia nocturna. La búsqueda duró toda la noche y aun así nadie lo localizó; el propio Crisci sostuvo que tampoco escuchó ni vio señales claras de ese despliegue desde su posición.
Recién con la primera luz del día llegó el margen para intentar algo distinto. En su relato, el amanecer cambió la ecuación porque le permitió manipular la moto y, de casualidad, recuperar el motor por un rato. “Cuando se hizo de día, levanté el asiento, intenté tocar unos cables al azar y en una de esas arrancó fortuitamente”, contó. Esa reactivación breve le abrió un tramo de navegación que, por pocos minutos, lo sacó de la inmovilidad.
Ahí apareció el final operativo de la secuencia: el cruce con una embarcación militar. “…y me di cuenta que si bien no tenía referencias de la cosa, el sol había salido de un lado, pero apenas salgo me encuentro con un barco de la Armada uruguaya”, relató. En otro pasaje, el texto indica que logró hacer arrancar la moto y navegar unos minutos hasta toparse con una lancha de la Armada uruguaya que lo puso a salvo.

Los datos duros del corrimiento ayudan a dimensionar la deriva. El texto fuente señala que, cuando el motor se apagó, Crisci estaba a 100 metros de la costa, y que al momento del rescate se ubicaba a 12 kilómetros al sur de Piriápolis. Por tierra, entre Solanas y Piriápolis hay 25 kilómetros, una distancia que no se traduce linealmente al mar pero sirve para entender el desplazamiento respecto del punto de salida.
Después del rescate, el chequeo médico no registró un cuadro grave. El texto indica que el sobreviviente estaba en perfectas condiciones, con algo de deshidratación. Él, por su parte, aseguró que se recuperó y dejó una reflexión centrada en hábitos personales, sin convertirla en moraleja universal. “Tengo una vida tranquila, pero las prioridades sí van a cambiar… Por ejemplo, trabajar 14 horas por día. Quiero darle más tiempo a los afectos, a lo que tiene sentido. El trabajo es importante como un medio, no como un fin”, expresó.













