
Greenpeace: documentó el grave daño ambiental de los incendios en Chubut con imágenes impactantes
Actualidad25/01/2026
REDACCIÓN
El fuego dejó una marca extensa en la cordillera de Chubut y, para dimensionarla, Greenpeace realizó sobrevuelos sobre Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén. La organización informó que el avance de los incendios forestales ya arrasó cerca de 30.000 hectáreas entre bosques, plantaciones, pastizales y viviendas. En un contexto de focos múltiples, las imágenes aéreas funcionan como un registro que permite contrastar lo que se ve en tierra con la escala real del daño.


El relevamiento, según la propia entidad, se concentró en zonas que acumulan buena parte de los reportes de los últimos días. De acuerdo con “reportes oficiales preliminares” citados en la fuente, desde mediados de diciembre los principales incendios en la Patagonia se dieron en Chubut. Allí se enumeran tres áreas con distinto nivel de situación: Puerto Patriada–El Hoyo–Epuyén (15.000 hectáreas, contenido), Parque Nacional Los Alerces (12.000 hectáreas, aún activo) y El Turbio (3.000 hectáreas, contenido). La diferencia entre “contenido” y “activo” marca, también, dónde se concentra la preocupación inmediata.

Según plantea Greenpeace, el escenario no se explica por una sola variable. Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de la organización, resumió el cuadro con una frase que apunta a condiciones ambientales y a factores de uso del suelo. “Sequías prolongadas, temperaturas extremas, vientos intensos, sumados a la expansión descontrolada de pinos exóticos, conforman un cóctel explosivo”, sostuvo. En esa misma declaración, agregó que “seguir negando o subestimando los efectos de la crisis climática (...) es una irresponsabilidad política que se paga con bosques y viviendas”.
El comunicado también incluye reclamos sobre la capacidad de respuesta ante focos que se multiplican. Giardini pidió “mucha más prevención, más controles, más brigadistas, más aviones hidrantes para el ataque rápido a los focos”, además de “erradicar las plantaciones y penalizar la destrucción de bosques”. En el planteo, los pinos exóticos aparecen como un factor que eleva el riesgo y acelera la propagación, algo que vuelve más sensible la discusión sobre manejo del territorio y control de plantaciones.
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El trasfondo climático aparece respaldado por datos de organismos provinciales y nacionales citados en la fuente. Un informe de la Dirección Provincial de Aguas de Río Negro afirma que el año pasado, en la Cordillera, las lluvias disminuyeron un 43% y la nieve quedó un 37% por debajo de la media anual. A la vez, el Servicio Meteorológico Nacional estimó que en la zona cordillerana de Chubut, Río Negro y Neuquén, durante las primeras semanas de enero, la temperatura estuvo 7 grados por encima de la media. Ese combo ayuda a entender por qué el fuego encuentra condiciones favorables para sostenerse.
El documento suma, además, un antecedente inmediato para dimensionar lo que ocurre este verano. Greenpeace indicó que en 2025 su procesamiento satelital estimó que la superficie de Bosques Andino Patagónicos afectada el último verano por incendios rondó casi 32.000 hectáreas. En ese cálculo, “el área quemada se cuadruplicó en comparación con la temporada anterior” y se trató de “los peores incendios forestales de las últimas tres décadas en la región”. La comparación instala una continuidad: no se trata de episodios aislados en el tiempo.

En paralelo al diagnóstico ambiental, la fuente incorpora una discusión concreta sobre recursos humanos para el combate del fuego. Trabajadores de la Administración de Parques Nacionales denunciaron que cuentan con 400 brigadistas, cuando “el mínimo debería ser 700”, para cubrir 5 millones de hectáreas bajo su jurisdicción y asistir a provincias a través del Sistema Nacional de Manejo del Fuego. Esa brecha, según la denuncia citada, impacta en la capacidad de respuesta, especialmente cuando hay focos simultáneos.
Giardini volvió sobre ese punto con una segunda definición, centrada en el costo a largo plazo del daño. “Lo que vive Chubut es un ecocidio anunciado. Miles de hectáreas de bosques quemadas que tardarán más de cien años en restaurarse”, afirmó. Y agregó un tramo que vincula la pérdida con decisiones y planificación: “Se quema cuando se recortan presupuestos, cuando se mira para otro lado (...) cuando se improvisa en lugar de planificar. Se quema cuando se llega tarde”. La frase pone el acento en la prevención y en la respuesta temprana, más que en la emergencia cuando el fuego ya se extendió.
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En el mismo sentido, el texto menciona un informe conjunto de organizaciones ambientalistas que advierte que estos grandes incendios “no son fenómenos aislados ni meramente naturales” y los vincula a “decisiones humanas estructurales”. En esa mirada, el debate excede la coyuntura de un foco puntual y se amplía a políticas públicas sostenidas, control territorial y capacidad de intervención.
Por último, incorpora una cifra que suele aparecer en informes sobre incendios forestales y vuelve a poner el eje en la prevención cotidiana. Se estima que el 95% de los incendios forestales se producen por el accionar humano, ya sea por intencionalidad, negligencia o accidentes. Allí se mencionan casos como fogatas, asados, colillas mal apagadas, preparación de áreas de pastoreo con fuego y quema de residuos forestales. En un verano con sequía y temperaturas altas, esos hábitos y descuidos pasan de ser riesgo a convertirse en detonantes.














