

Un estudio del CONICET revela que el oficio se transmite de generación en generación, pero enfrenta barreras críticas. El cierre de accesos a la costa y la falta de permisos formales ponen en riesgo el sustento del 100% de muchos hogares locales.


El arraigo cultural y la supervivencia económica de cientos de familias en la costa patagónica dependen hoy de una red de trabajo que opera, en gran medida, al margen de las estructuras formales. Un relevamiento socioeconómico realizado por especialistas del CESIMAR-CONICET y el Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA) puso de manifiesto la fragilidad de la pesca artesanal en Península Valdés y el Golfo San Jorge. A pesar de representar menos del 4,5% de los desembarques totales del país, esta actividad sostiene de manera directa a unas 3.000 personas que hoy denuncian dificultades extremas para acceder al mar.
OTRAS NOTICIAS
La investigación confirmó el carácter profundamente familiar de la actividad: casi el 90% de los encuestados tiene parientes directos que trabajan o trabajaron en el mar. Sin embargo, este legado intergeneracional se encuentra bajo amenaza debido a problemas estructurales que exceden lo biológico. Durante las recientes Jornadas Nacionales de Ciencias del Mar en Puerto Madryn, se expuso que el cierre de accesos públicos a las playas y la demora en la entrega de guías de transporte de captura están asfixiando la logística de los pequeños productores.
Para muchas familias de la región, la pesca no es un complemento, sino el eje central de su existencia. Los datos indican que la actividad representa entre el 50% y el 100% de los ingresos totales en los hogares vinculados. En este esquema, el rol de las mujeres es determinante, aunque a menudo invisibilizado, ya que ellas asumen las tareas críticas de procesamiento en tierra, la administración y la comercialización de los productos. Sin esta estructura logística femenina, el circuito productivo de la pesca artesanal simplemente dejaría de funcionar.
El diagnóstico técnico arrojó una «agenda corta» de urgencias que el Estado debe atender para evitar el colapso del sector. Entre las trabas más severas aparecen los elevados costos de los sistemas de seguridad para la navegación y la escasez de buzos con libreta habilitada, requisitos que resultan inalcanzables para los trabajadores independientes. Los pescadores reclaman nuevas categorías de permisos que permitan incorporar a quienes hoy permanecen en la informalidad, perdiendo beneficios sociales y acceso a mercados más justos.
OTRAS NOTICIAS
«Los diagnósticos sin políticas quedan en nada», fue una de las premisas que sobrevoló el taller donde participaron investigadores y representantes de organizaciones civiles. La preocupación central es que, mientras la pesca industrial acapara el volumen, la artesanal es la que preserva los saberes y la identidad de comunidades como Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia y Camarones. La falta de una respuesta institucional rápida está provocando que muchos jóvenes, a pesar de su deseo de continuar el oficio familiar, se vean obligados a buscar horizontes laborales lejos del mar.
El acceso a la costa se convirtió en el principal campo de batalla político para los trabajadores de Península Valdés. El avance de propiedades privadas o restricciones en el litoral patagónico impide que los recolectores lleguen a sus zonas tradicionales de extracción, interrumpiendo ciclos productivos de años. El reclamo apunta a que el Estado garantice corredores seguros y permisos de tránsito que reconozcan a la pesca artesanal como una actividad de interés social y territorial, más allá de su peso en las estadísticas de exportación.
OTRAS NOTICIAS
La articulación entre la academia y el sector pesquero permitió generar información de base para diseñar acciones de mejora, pero la ejecución de estas medidas depende de una voluntad política que el sector aún no percibe. Los investigadores insisten en que la formalización no solo es una cuestión de papeles, sino de dignidad laboral. Sin libretas habilitantes ni sistemas de seguridad accesibles, el pescador artesanal queda expuesto a riesgos físicos y económicos que ponen en duda la sustentabilidad de su forma de vida.
La riqueza de los golfos San José y Nuevo no se mide solo en toneladas, sino en la calidad de los alimentos que llegan a las mesas locales y en el mantenimiento de una biodiversidad que estos pescadores conocen mejor que nadie. La mirada multidimensional del estudio del CONICET propone que la sustentabilidad no es solo ambiental, sino también social. Si las familias no pueden vivir de la pesca, el conocimiento tradicional sobre el ecosistema marino se perderá de manera irreversible junto con el arraigo en las localidades costeras.
El desafío para el año 2026 es transformar estos datos en políticas públicas efectivas que destraben los obstáculos institucionales. La formalización del sector aparece como la única herramienta capaz de garantizar que la pesca artesanal siga siendo el motor de las pequeñas economías regionales. El diálogo entre científicos, pescadores y funcionarios es la clave para que el mar siga siendo un recurso compartido y no un privilegio exclusivo de las grandes flotas industriales.
















