
“No me puedo mover”: el relato del joven golpeado por una patota de rugbiers a la salida de un boliche
Policiales02/02/2026
REDACCIÓN
El dolor no terminó cuando dejó el hospital. Pablo Ledezma, de 19 años, todavía no puede moverse con normalidad después del violento ataque que sufrió a la salida de un boliche en Tafí del Valle. Su testimonio, dicho en voz baja y con cautela, expone las secuelas físicas y emocionales de una agresión que ocurrió en pocos minutos y cambió todo.


“Afortunadamente, por el momento no surgió ninguna lesión grave, solo severos golpes en distintas partes del cuerpo. Prácticamente no me puedo mover”, contó el joven, que fue atendido en un centro de salud local tras la golpiza. Aunque ya recibió el alta, sigue bajo control médico por la magnitud de las lesiones.
El ataque ocurrió cuando salía del boliche La Cañada junto a dos amigos. En ese momento, según su relato, fue abordado por un grupo numeroso de jóvenes que comenzaron a golpearlo sin darle posibilidad de defenderse. La violencia fue inmediata y desmedida, incluso cuando ya estaba en el piso.
“Mis compañeros no pudieron hacer mucho porque sabían que, si se metían, los mataban”, explicó Ledezma. Esa frase resume el clima de intimidación que rodeó la escena y la imposibilidad de frenar una agresión que se dio en clara superioridad numérica.
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Las heridas dan cuenta de la brutalidad del ataque. El joven sufrió cortes profundos en la espalda, ambos hombros dislocados, golpes internos y una fuerte inflamación facial producto de las trompadas. También fue arrojado a una zanja al costado de la calle, cuando ya estaba indefenso.
Aunque asegura no conocer a quienes lo atacaron, uno de sus amigos logró identificar a dos de los agresores. Según indicó, serían jugadores del club Huirapuca, de Concepción. Ledezma afirmó que después del ataque se enteró de otros episodios violentos protagonizados por el mismo grupo en ese lugar.
“Después de lo que me pasó a mí, me enteré de que ya habían protagonizado otros incidentes en el mismo lugar”, relató. Entre esos hechos, mencionó agresiones previas a jóvenes vinculados a otros clubes, uno de los cuales terminó con una fractura de costilla.
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El joven estudia la carrera de Seguridad e Higiene y también forma parte del ambiente del rugby local, aunque aclaró que no recuerda cruces previos ni enfrentamientos deportivos con los agresores. “Tampoco recuerdo haberlos enfrentado en una cancha”, señaló.
La familia acompañó la denuncia y destacó otro elemento inquietante del episodio: algunos integrantes del grupo agresor habrían filmado la golpiza. El caso ya está en manos de una fiscalía de Monteros y la policía avanza con la identificación de los responsables.
“Lo único que pretendo es que se sepa la verdad de lo que pasó. También quiero que muchos se enteren de lo que ocurre en las calles”, expresó Ledezma. No busca revancha ni exposición, sino que el hecho no quede oculto.
Según relataron sus familiares, la agresión solo se detuvo cuando un grupo de jóvenes intervino para auxiliarlo. “Si no fuera por ellos, lo mataban”, aseguraron. Hoy, mientras intenta recuperarse, el joven convive con el dolor físico y con la certeza de que sobrevivió a una violencia que pudo haber terminado de otra manera.













