Por qué cada vez más cormoranes terminan en la arena y qué no tenés que hacer cuando los ves

Chubut03/02/2026Sergio BustosSergio Bustos
cormoranes playa
Aparecen cormoranes en la playa.

En los últimos días, para muchos vecinos y turistas se volvió una imagen llamativa: cormoranes quietos en la arena, a pocos metros del agua, como si estuvieran perdidos o agotados. En algunas playas aparecen solos y en otras, cerca de grupos de gente que se acerca por curiosidad. La situación suele generar una reacción inmediata: la tentación de “ayudar” al ave, moverla o empujarla de vuelta al mar.

Sin embargo, desde el Centro de Rescate de Fauna Nativa Refaunar piden frenar ese impulso. En esta época del año, explican, es habitual la presencia de cormoranes en las playas de la región y en la gran mayoría de los casos no se trata de un rescate urgente. El punto central es entender que muchas veces no están ahí por accidente, sino atravesando un momento clave de su vida.

Según detalla el director de Refaunar, Víctor Fratto, la mayoría de los ejemplares que se ven en la costa son juveniles. Son aves que recién se independizan, dejan atrás el nido y a sus padres, y empiezan una etapa en la que deben aprender a alimentarse por sus propios medios. Ese proceso no es parejo para todos y, por eso, algunas escenas pueden parecer más dramáticas de lo que realmente son.


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Fratto lo resume con una explicación directa: “durante este proceso natural algunos individuos logran adaptarse rápidamente, mientras que otros no consiguen alimentarse adecuadamente y pueden verse obligados a salir del agua para descansar o, en algunos casos, morir”. Esa salida a la playa, entonces, no siempre es una señal de auxilio inmediato. Muchas veces es una pausa necesaria para recuperar fuerzas antes de volver al agua.

La situación se vuelve más sensible cuando el animal permanece inmóvil durante mucho tiempo y la gente interpreta que algo anda mal. Ahí aparece el error más común: acercarse demasiado, tocarlo o intentar levantarlo. Desde Refaunar insisten en que ese tipo de intervención puede empeorar todo, incluso cuando se hace con buena intención.

El propio Fratto advierte que no hay que subestimar el riesgo: “Los cormoranes son aves silvestres que no deben ser manipuladas. Aunque puedan parecer inofensivas, su pico termina en una punta filosa y pueden generar lastimaduras si se sienten amenazadas o estresadas”. La cercanía, las fotos de cerca o el acoso también cuentan como estrés para el animal. Y eso puede desencadenar una reacción defensiva o un desgaste extra en un momento en el que ya está debilitado.


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Además del peligro para las personas, el mayor problema suele ser el impacto sobre el ave. Fratto lo plantea sin vueltas: “El traslado y la manipulación no solo representan un riesgo para las personas, sino que además generan un nivel de estrés que puede agravar el estado del animal e incluso provocar su muerte”. Es decir, lo que parece una ayuda puede terminar acelerando un desenlace negativo.

En este contexto, la recomendación principal es simple y concreta: mantener una distancia prudencial, no tocar ni manipular al animal, no trasladarlo y evitar el acoso o cualquier intento de “ayuda” directa. En muchos casos, tras un período de descanso, el ave puede regresar por sus propios medios al agua. El tiempo, en estas situaciones, suele ser más útil que la intervención humana.

También hay un punto que Refaunar busca remarcar porque choca con la mirada urbana: la muerte de un cormorán en la playa no necesariamente es un “problema” que alguien tenga que resolver. Fratto lo explica desde la lógica del ambiente y del ciclo natural: “Un cormorán que muere en la playa no representa un ‘problema’, sino que pasa a formar parte del ciclo natural, convirtiéndose en alimento para otras especies tan importantes como él”. Es un proceso que forma parte del funcionamiento normal de los ecosistemas costeros.


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De todos modos, existe una situación puntual en la que sí corresponde actuar y pedir ayuda. La intervención se vuelve necesaria cuando el cormorán aparece dentro de la ciudad, en patios, calles o viviendas, donde el riesgo y el estrés aumentan. En esos casos, la indicación es comunicarse con el 103, para que personal capacitado realice el retiro correspondiente, priorizando la seguridad de las personas y el bienestar del animal.

El mensaje final que dejan desde Refaunar apunta a bajar la ansiedad y cambiar la forma de mirar estas escenas. No se trata de ignorar lo que pasa, sino de respetar el comportamiento natural de la fauna silvestre y evitar decisiones impulsivas. Como lo sintetizan desde la institución: “En fauna silvestre, muchas veces la mejor ayuda es no intervenir y respetar los procesos naturales”.

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