
Un estudio en Córdoba reveló cuándo comienzan la mayoría de los divorcios
Actualidad03/02/2026
REDACCIÓN
Un estudio judicial realizado en Córdoba revela que la mayoría de las separaciones formales se inician entre los 41 y 60 años, tras vínculos largos y en una etapa vital atravesada por cambios personales, familiares y laborales.


El divorcio dejó de ser un fenómeno asociado exclusivamente a parejas jóvenes o a los primeros años del matrimonio. Las rupturas formales aparecen con mayor frecuencia cuando los vínculos ya atravesaron buena parte de la vida adulta, según un relevamiento reciente realizado en Córdoba a partir de sentencias judiciales.
El estudio analizó fallos emitidos por los juzgados de Familia de Córdoba entre 2022 y 2024 y permitió observar que la franja etaria más frecuente en los procesos de divorcio corresponde a personas de entre 41 y 60 años. Lejos de tratarse de separaciones tempranas, muchas llegan después de trayectorias familiares extensas.
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De acuerdo con los datos, el 63% de quienes solicitaron el divorcio tenía entre 41 y 60 años, mientras que un 19% se ubicó entre los 31 y 40. La presencia de personas mayores también resultó significativa, con un 10% de casos entre los 61 y 70 años, incluso en matrimonios que superaban las tres décadas de duración.
El relevamiento fue elaborado por el Centro de Perfeccionamiento Ricardo Núñez, que puso el foco en la etapa vital en la que se produce la decisión. En ese sentido, los investigadores señalaron que “la duración promedio de los matrimonios fue de 14 años y que los procesos de divorcio se llevaron a cabo en la etapa de madurez de la vida de los cónyuges”.
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Otro de los aspectos destacados fue quién impulsa la ruptura. Las mujeres aparecen como quienes inician mayoritariamente los divorcios en matrimonios de entre 20 y 30 años de duración, mientras que los hombres suelen hacerlo en vínculos más breves, una diferencia que también refleja dinámicas distintas dentro de la pareja.
El impacto del divorcio no se limita a la pareja. Las decisiones judiciales posteriores muestran cómo se reorganiza la vida familiar, especialmente cuando hay hijos o hijas involucrados. En ese punto, los datos revelan patrones claros en la distribución de los cuidados.
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Según el estudio, el 39% de los niños y niñas continúa residiendo principalmente en el domicilio materno luego del divorcio. En tanto, un 25% acuerda un régimen de cuidado personal alternado, mientras que el 8,7% permanece en el hogar paterno, lo que da cuenta de esquemas diversos según cada familia.
Lejos de una explicación única, los investigadores advierten que las rupturas en la madurez suelen coincidir con cambios profundos en la vida personal, laboral y emocional, cuando se revisan proyectos, expectativas y roles asumidos durante años.
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Así, el divorcio aparece no como un quiebre abrupto, sino como una decisión que llega tras largos recorridos compartidos, en una etapa donde muchas personas redefinen su presente y su futuro, incluso después de décadas de convivencia.
Fuente: NA.
















