Faustino Oro cambió el ajedrez argentino y ahora lo miran incluso quienes nunca jugaron

Deporte03/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Faustino Oro
Faustino Oro

No hace falta saber mover un alfil para reconocer su nombre. Faustino Oro, con apenas 12 años, se convirtió en una figura que excede largamente el mundo del ajedrez. Su imagen circula en redes, aparece en medios generalistas y despierta curiosidad en personas que nunca siguieron una partida completa.

El fenómeno no se explica solo por resultados deportivos. En el último año, su crecimiento competitivo fue tan abrupto como visible. Pasó de ser una promesa destacada a ubicarse entre los 500 mejores jugadores del mundo, con un ascenso que sorprendió incluso a entrenadores y grandes maestros experimentados.

En torneos internacionales recientes, Faustino se midió sin complejos ante rivales con décadas de experiencia. En Países Bajos, superó a tres grandes maestros con Elo superior a 2600, un dato que dimensiona su nivel actual. Ese rendimiento lo empujó a un ranking de 2526 puntos de Elo, una cifra excepcional para su edad.


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Sin embargo, el impacto más profundo ocurre lejos de la competencia. Clubes históricos de Buenos Aires y el conurbano registraron un aumento superior al 20% en la inscripción de chicos y chicas que quieren aprender ajedrez. Muchos llegan con una referencia clara: vieron a Faustino en un video, una nota o una transmisión online.

El gran maestro Diego Flores puso en palabras ese fenómeno social. “Nunca hubo un caso igual en Argentina; yo no recuerdo, ni escuché de gente que no tiene ninguna relación con el ajedrez, como sucede hoy en día, que sepa quién es o que ya conozca a Faustino Oro”, afirmó. El comentario no apunta a una marca deportiva, sino a una ruptura cultural.

Parte de esa expansión se explica por el contexto generacional. Faustino pertenece a la generación Alfa, formada en entornos digitales, tutoriales online y consumo inmediato de contenidos. Su aprendizaje se dio en ese ecosistema, donde el ajedrez convive con pantallas, redes sociales y competencias virtuales.

La Federación Internacional de Ajedrez también leyó ese fenómeno. Desde hace dos años, la FIDE lo incluye entre sus invitados especiales a torneos de primer nivel. Su presidente, Arkady Dvorkovich, suele aparecer junto al niño en inauguraciones oficiales, una señal clara del valor simbólico que representa.


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El entorno familiar fue decisivo para sostener ese crecimiento. Sus padres tomaron decisiones poco frecuentes, como dejar sus trabajos y mudarse a Europa para acompañar su desarrollo. “Si no le dábamos la oportunidad a Fausti es porque había nacido en la familia equivocada”, explicó su padre Alejandro, al relatar el costo personal de esa apuesta.

Ese recorrido también encontró respaldo externo. Un grupo de empresarios argentinos apoyó su carrera y permitió que compitiera en torneos clave para sumar normas internacionales. Así, Faustino se convirtió en el maestro internacional más joven de la historia, con apenas 10 años.

Hoy, el desafío deportivo continúa, pero el fenómeno ya está instalado. Faustino Oro no solo bate récords de precocidad, sino que reconfigura la relación entre el ajedrez y la sociedad, acercando un juego milenario a nuevas generaciones. Su figura funciona como puente entre tradición y presente, entre tablero y pantalla.

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