
El plan secreto de YPF para exportar Vaca Muerta sin pasar por Bahía Blanca
Actualidad04/02/2026
Sergio Bustos
La costa rionegrina aparece cada vez más cerca de convertirse en la puerta de salida de una parte decisiva de Vaca Muerta. No solo por el gas licuado que promete el proyecto Argentina LNG, sino por algo que mueve más rápido la caja: los líquidos y el crudo asociado. En ese esquema, el norte de Sierra Grande empieza a correr a un costado del mapa a un jugador histórico de la infraestructura energética argentina: Bahía Blanca.
En el centro de esta trama quedó YPF, que terminó de armar el rompecabezas con una decisión operativa fuerte. La compañía tomó el control total de tres áreas que ahora funcionan como un único bloque de abastecimiento: Meseta Buena Esperanza, Aguada Villanueva y Las Tacanas. En el sector energético lo leyeron como un paso más, pero el texto lo plantea con otra dimensión: “significa la colocación de la piedra angular del Argentina LNG”.
La apuesta es alimentar los buques de licuefacción que se instalarán en Río Negro, en un punto estratégico sobre el Atlántico. El documento lo describe con precisión al ubicar el destino final: “los buques de licuefacción que amarrarán en la costa rionegrina, al norte de Sierra Grande”. Ahí no termina la historia, porque el gas por sí solo no alcanza para garantizar rentabilidad en un negocio global donde los márgenes se achican y los precios cambian rápido.


OTRAS NOTICIAS
En esa ecuación aparece el dato que explica por qué estas tres áreas se volvieron tan codiciadas. La clave económica no está en el metano sino en la riqueza extra que sale del shale: etano, propano, butano y condensados. En el texto lo dicen sin rodeos: “La respuesta que encontraron los técnicos de YPF (…) no está en el metano, sino en la riqueza de subproductos que esconden las tres áreas seleccionadas.” Esa mezcla de fluidos es la que permite sostener un proyecto que, por escala, no admite errores.
Con ese norte, YPF empezó a empujar una definición que cambia el tablero logístico. Según se adelantó, la empresa trabaja en una vía distinta a la infraestructura bahiense para procesar y evacuar los líquidos asociados. Ya publicó edictos de servidumbre por una posible traza de 570 kilómetros que cruzaría Confluencia en Neuquén y seguiría por El Cuy, Avellaneda y San Antonio en Río Negro, un corredor que dibuja otra salida al mar.
Ese proyecto aparece mencionado con nombre propio y una cifra que lo vuelve difícil de ignorar. Se trata de Vaca Muerta Liquids, con una inversión estimada en 8 mil millones de dólares, aunque todavía “está en etapa de definiciones”. La obra central sería un poliducto de 22 pulgadas y la misma extensión de 570 kilómetros, diseñado para sacar los condensados y gases ricos que se producirán en Neuquén.
OTRAS NOTICIAS
En paralelo, el megaproyecto Argentina LNG sigue su propio camino, con números que marcan su magnitud. La decisión final de inversión todavía no está cerrada, pero el texto habla de una cifra de otro orden: 17.500 millones de dólares. En ese contexto, la provincia de Río Negro también juega, y el acuerdo de estabilidad fiscal firmado con YPF empuja la posibilidad de que el ducto quede atado al desarrollo costero rionegrino.
Si esa opción se consolida, el impacto no es solo una obra más. La nota original plantea que el caño “rumbeará hacia el norte de Sierra Grande” y con eso podría armarse “un nuevo hub petroquímico y de exportación ajeno a la infraestructura bahiense.” Traducido: una ruta paralela que no depende de lo que históricamente concentró la salida energética argentina hacia el Atlántico.
El plan maestro que se describe es todavía más ambicioso porque no habla de un solo caño, sino de tres grandes vías corriendo en paralelo desde Neuquén hasta el mar. La primera es un gasoducto troncal de 48 pulgadas, dedicado a transportar hasta 100 millones de metros cúbicos diarios de gas seco. La segunda es el poliducto para líquidos, pensado como flujo de caja que amortigüe los costos de licuefacción. Y la tercera alternativa es un oleoducto para exportar crudo, una línea independiente que permitiría monetizar el petróleo asociado de las mismas áreas.
OTRAS NOTICIAS
Detrás de esa infraestructura hay una apuesta geológica que, según el texto, se validó “silenciosamente durante el último año”. Cada área cumple un rol: Las Tacanas combina gas seco al norte y entrega líquidos al sur, Aguada Villanueva funciona como transición rica en gas húmedo y condensado, y Meseta Buena Esperanza aparece como cabecera operativa con una particularidad poco común. Esa combinación permite replicar un modelo de productividad ya probado en la cuenca, con menos margen para sorpresas.
La confirmación, de acuerdo a la fuente, llegó con resultados concretos. Las tres áreas suman seis pozos horizontales, dos por bloque, perforados y fracturados, con ensayos de terminación realizados durante 2025. Esos datos explican por qué el interés externo no se limita a licuar gas: el negocio real es capturar la renta completa de los líquidos y el petróleo liviano que puede salir de ese rincón neuquino.
En esa misma lógica se entiende la llegada de jugadores internacionales. El texto menciona la entrada de Eni con participación en el upstream y el interés de ADNOC en toda la cadena de valor, atraídos por la mezcla de productos de mayor valuación. Mientras tanto, YPF avanzaba en conversaciones con Neuquén para transformar permisos exploratorios en concesiones de explotación no convencional por 35 años, un paso legal que busca darle previsibilidad a un desarrollo “en modo factoría”, aunque el negocio ya muestra hacia dónde quiere ir.















