

Hermelinda Painequeo, artesana de Trelew, recibió el premio adquisición en la Feria de Cosquín y contó en #MODO17 cómo teje, hila y sostiene un oficio que viaja lejos.


El aplauso en el escenario llegó con una frase que la ubicó en el centro de la feria más grande del país: “Chubutana es ella” y una prenda elegida como premio adquisición por la Comisión Municipal de Folclore. Hermelinda Painequeo escuchó esa presentación ya de regreso, con la grabación en casa, y lo sintió distinto a ese instante frente al público. "Después ya cuando lo escuché, sí, me gustó todas las palabras del locutor", dijo al aire.
Detrás del reconocimiento apareció una escena menos visible, la de la duda y las miradas ajenas sobre el trabajo artesanal. Hermelinda contó que jurados la habían “propuesto” en los primeros días, pero que luego nadie le confirmó nada y se quedó con la incertidumbre hasta el final. En ese clima recordó una broma que la tocó de cerca y la obligó a explicarse: "yo nunca llevo las cosas de otra tejedora ni nada, yo llevo lo mío siempre, lo que yo trabajo".
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El premio, al final, se confirmó por un camino familiar y cotidiano, lejos del escenario. En el asado de los artesanos, el coordinador Eduardo Pitti le pidió a su nieto los datos de su abuela y la noticia terminó de caer en el alojamiento. "mi nieto me dice, sí, sos premio abuela", relató, y remató con una frase que condensó el alivio y la emoción: "Era verdad, era verdad."
En la entrevista, la artesana trelewense llevó el relato hacia el origen del oficio, con una memoria que no se aprende en un curso sino en una casa donde se teje. Dijo que su mamá, su abuela y su tía abuela trabajaban la lana, y que esa práctica se volvía parte de la vida diaria. "mi mamá tejía, mi abuela, tía abuela, todos tejían", recordó, antes de ubicar su crianza en la zona del Escorial.
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Ese lugar, explicó, también tuvo otro nombre. "antes le decían Sierra Rosada", señaló, y contó que recién después de 20 años se mudó “al pueblo”. En ese tránsito de campo a ciudad, el telar quedó como una continuidad: trabajo, rutina, y una forma de identidad.
Ermelinda también habló del aprendizaje como obligación y como elección, en una época donde “había que aprender sí o sí”. Relató que eran dos hermanas y que no a las dos les gustaba lo mismo, pero ella siguió y se quedó con el oficio. "yo tendría 12, 13 años o menos", ubicó sobre sus primeros pasos en el telar, cuando la vida transcurría entre hilos y tareas del campo.
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Cosquín, en su caso, no aparece como una experiencia aislada ni como un debut. Dijo que participa desde hace décadas y que el público ya la reconoce en la feria. "A Cosquín hace más de 20 años, como casi 30, 27 años, 28", afirmó, y explicó que viaja con lana, tejidos y el telar para trabajar en el lugar, incluso para responder la pregunta que vuelve una y otra vez: si lo hizo ella.
En esa insistencia, su respuesta se vuelve método y prueba. Contó que lleva el telar para mostrar el proceso y que su producción no se arma para “exhibir” sino para sostener un trabajo real. "yo siempre estoy tejiendo, hilando", dijo, y reiteró que no viaja con piezas ajenas porque su puesto se construye con lo propio.
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La artesana también mencionó el nombre con el que identifica su trabajo. "artesanía Ñuke Mapu", respondió cuando le preguntaron por su “marca”, y aclaró que suele vender desde su casa y se mueve sobre todo cuando llega la temporada de ferias. La próxima, según contó, será en marzo en Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires, un destino al que vuelve porque lo recorre desde hace años.
En el cierre de la charla, la historia se amplió hacia el camino de esas prendas una vez que salen del telar. Hermelinda dijo que sus artesanías se compran para regalos y que muchas terminan lejos de Chubut. "Por todo el mundo", resumió, y explicó que por esa demanda procura tener siempre stock en su casa porque “alguien va a aparecer para comprar”.
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El oficio, además, empieza a tener continuidad en su familia. Ermelinda contó que el que se entusiasma con aprender es su nieto Jerónimo, interesado también en la historia mapuche. "el único que está aprendiendo es Jerónimo", dijo, y lo describió metido en el trabajo de reconocer labores, dibujos y nombres del tejido, como una forma de heredar mucho más que una técnica.

















