

Un control vehicular común, de esos que suelen terminar en una verificación rápida y un “siga, siga”, derivó en una situación tan insólita como grave en Chubut. En la intersección de las rutas provinciales 1 y 5, la Policía frenó un Volkswagen Vento y se encontró con un cuadro difícil de justificar: tres ovejas vivas maniatadas en el asiento trasero.


Los efectivos de la División Seguridad Rural detectaron a simple vista a los animales atados dentro del auto. No se trataba de un traslado autorizado ni de una compra reciente: las ovejas habían sido sustraídas de un campo cercano, según se determinó en el procedimiento.
En el vehículo viajaban dos hombres mayores de edad y un menor, lo que sumó un capítulo extra al caso. La presencia del chico activó la intervención del Servicio de Protección de Derechos del Niño, Niña y Adolescente y también de la Asesoría de Familia, por el contexto en el que se encontraba y por el tipo de hecho que se investigaba.
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La sorpresa no terminó en el asiento trasero. Cuando el personal policial revisó el baúl, halló además un perro de raza galgo, en una escena que terminó de reforzar la gravedad del operativo. La situación motivó el trabajo de otras áreas, no solo por lo penal sino también por el estado de los animales.
Como resultado del procedimiento, se dispuso el secuestro del auto y de los animales. En concreto, se incautaron el Volkswagen Vento, dos ovejas, un cordero y el can, mientras se avanzaba con las actuaciones correspondientes para determinar responsabilidades y condiciones del traslado.
En paralelo, tomó intervención la Dirección de Veterinaria y Zoonosis municipal, que actuó sobre el estado sanitario de los animales encontrados. La medida buscó garantizar que las ovejas y el perro recibieran control y asistencia, además de documentar su condición en el marco de la investigación.
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La causa avanzó rápidamente hacia la instancia judicial. En la audiencia de control de detención, la Fiscalía imputó a Isaac Johnston y Gustavo Fabián Méndez, ambos de 27 años, por el delito de abigeato, previsto en el artículo 167 ter del Código Penal, que sanciona la sustracción de ganado. La calificación marcó el encuadre del caso y dejó en claro que no se trataba de un hecho menor.
El punto que terminó de inclinar la balanza fue el historial de ambos imputados. Según se expuso, tenían antecedentes penales y además se encontraban en libertad condicional, por haber cumplido parte de condenas anteriores. Con ese escenario, la jueza María Inés Bartels resolvió dictar 60 días de prisión preventiva, a pedido de la Fiscalía.
Mientras la Justicia definía la situación procesal, se confirmó que las ovejas fueron restituidas a su propietario, cerrando al menos una parte del daño inmediato. Pero el expediente no quedó solo en el hecho rural: también volvió a poner bajo mirada pública el prontuario de uno de los detenidos.
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En particular, el caso reactivó el antecedente penal de Johnston, vinculado a un hecho de extrema violencia ocurrido en Puerto Madryn. En esa causa, un tribunal integrado por Marcelo Francisco Orlando, Raquel Susana Tassello y Carla Jesica Yamila Flores redefinió la pena tras una revisión ordenada luego de una intervención del Superior Tribunal de Justicia.
De acuerdo a lo resuelto, la Sala Penal del STJ confirmó lo actuado en cuanto a materialidad y autoría, pero modificó el tramo punitivo y ordenó una nueva etapa de determinación de pena. Finalmente, Johnston quedó condenado a 12 años de prisión en 2020 al considerarlo coautor de “Homicidio en Ocasión de Robo”, por el hecho ocurrido el 9 de junio de 2017 en Puerto Madryn, donde resultaron víctimas Santos Eliberto Ramos y Miriam Paola De La Torre.
Ese dato tomó otra dimensión en este nuevo caso: pese a esa condena, Johnston ya gozaba de libertad condicional al momento del control vehicular en rutas 1 y 5. Y esa situación, sumada a los antecedentes y al delito imputado, terminó pesando para que la jueza dispusiera la prisión preventiva.




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